La potencia regeneradora del evangelio

(¿Cambiará la sociedad sin que cambie el individuo?)
Juan 3:1-16

Por la condición del mundo, hoy es necesario un cambio. Conformarnos con las cosas tal como están sería conformarnos con el deseo de la bancarrota, y darle valor a la virtud del dolor y la desgracia. Cuando terminó la gran catástrofe del 18, se creyó que no volveríamos a contemplar otra cosa semejante, tal parecía que los principios de la felicidad habían sido establecidos; pero estas ilusiones duraron muy poco, porque la ley es inviolable: «Lo que el hombre sembrare, eso también segará». Durante este tiempo se han aplicado al mundo distintos remedios de los curanderos y doctores de Alta Escuela, de la extrema derecha e izquierda de oriente de occidente. Se confrontan problemas de toda índole, pero la base misma inmediata de todo es el problema del hombre, del individuo. «El problema de nuestro mundo, es el problema del hombre». Es por eso que distintos sistemas han fracasado no por defecto del sistema, sino de sus autores.

Israel era un pueblo llamado a grandiosos destinos, pero se apartó de la senda trazada por Dios. En medio de tal ambiente de fracaso se levantó Jeremías, el cual no fue escuchado, porque se levantó acusando a su propio pueblo por su descomposición moral, social y religiosa, y por su falacia de alianzas políticas y militares para la victoria. Fue echado en la cárcel, como se hace también hoy día, y el pueblo sufrió las consecuencias de su rebeldía. En medio del llanto se levantó Jeremías otra vez y habló al corazón del pueblo para hacerle reflexionar y pensar. De ahí su grandioso libro de Lamentaciones (Cap. 3).

Si hoy se levantara Jeremías, el camino trazado por él sería el mismo que para Israel: Reconocimiento; Arrepentimiento y Vuelta a Dios, al Bien, a la Justicia.

¿Estamos conformes con lo que tenemos? … ¿Quién nos mostrará el Bien?

No es meramente un cambio de nuestra manera de hablar y pensar, sino de ser, de naturaleza. Antiguo como el hombre es el problema religioso. Los hombres han tratado de presentar varios remedios para operar ese cambio tan soñado. Y entre ellos surgió:

LA POTENCIALIDAD RELIGIOSA

La potencialidad religiosa ha sido reconocida como la solución de este problema. Pero la experiencia, y especialmente en la América Latina, es muy desagradable en ese sentido. Una cosa es tener religión, como la hemos tenido por 400 años, y otra cosa es ser religioso. La religión no cambia y no salva. La religión es algo externo.

La experiencia de toda persona sincera es que el domingo es una cosa y el lunes otra, pese a su sinceridad en la religiosidad. Un escritor suizo dijo que: «Los ritos religiosos son el anestésico de la conciencia».

Fracasó esta potencialidad para la solución del problema en el mundo, porque la religión es una vida de comunión íntima del alma con Dios, y la religiosidad es algo muerto, externo, humano.

Pero si hemos fracasado … aquí está otro remedio, dijeron los hombres:

LA POTENCIALIDAD CIENTIFICA

El surgimiento de la Ciencia para el siglo pasado. El hombre sabiendo y conociendo se haría bueno. Se presentó a la ciencia como un Nuevo Mesías de Salvación, y se ha llamado con gran reverencia: SU MAJESTAD.

Los Evangélicos no hablan contra la ciencia: más bien se le reconocen sus méritos y donde ha llegado ella, ha llegado el evangelio, aun enseñando y educando, a pesar que ella ha sembrado tanto destierro en los corazones.

Pero la equivocación del fracaso de este «Nuevo Mesías», no está tanto en ella, sino en que casi todos los que escribieron contra la religión, no sabían ni saben nada de religión y mucho menos de ciencia. Sólo saben que ma es ma y las dos mamá.

Se ha hablado de que muchos hombres de ciencia no creen en Dios; pero también los ignorantes, muchos de ellos, no creen tampoco. Pero también hay hombres de ciencia que creen en Dios.

La Ciencia fracasó y ha fracasado, no por su culpa, porque ese no es su objeto ni misión, sino por estos hombres. Podemos afirmar que la Ciencia es uno de los tantos Mesías falsos y engañadores. La Ciencia puede ser usada para Bien o para Mal. Llamar a los pueblos adelantados y civilizados los más Buenos, es Enormidad pues la barbarie es característica de muchos de ellos. La Ciencia llena y lleva al escepticismo, incredulidad y orgullo. La Inteligencia dice: «Hasta aquí, no más», de donde el hombre verdaderamente científico debiera remontarse hasta la presencia del Creador.

Nuestros males, ya no son como los de los tiempos de Sarmiento, sino de la Inmoralidad.

Con el fracaso de este Mesías, surgió otro:

LA POTENCIALIDAD ÉTICA
(Moral Independiente)

El fracaso moralista del hombre acabado. No se han dado cuenta estos señores que lo que hay que arreglar es el corazón. Es muy fácil decir, pero «entre el dicho y el hecho, hay gran trecho». Hay muchos moralistas públicamente; pero, ¿qué de su vida personal y privada? Enseñar moral, hacer cátedra de moral, es una cosa; pero vivirla es otra cosa.

¿Quién nos mostrará el Bien ….? Aún prevalece este clamor, a la luz del fracaso de todos estos Mesías falsos. Entonces surge la verdad de:

LA POTENCIA REGENERADORA

Y surge no como una solución teórica y doctrinal añadida, sino como una Experiencia Real.

Los hombres han puesto a sí mismos el Cerco del Convencionalismo y Relaciones Sociales, etc., como la ilustración del burro y el pasto fuera del cerco. Pero aunque a veces el hombre lo salta, sin embargo la mayor parte de ellas queda adentro codiciándolo en su corazón, que es peor.

Ante esto … ¿Qué es lo que hace el Evangelio? Quita el cerco y hace que el hombre no quiera aquellas cosas por obra especial y única de Dios, en su corazón.

Nicodemo quería entablar una discusión religiosa, pero Cristo fue al grano y le dice: «El que no naciere de nuevo …. » ¿Qué quería decir Cristo? Hablaba del cambio verdadero y anhelado para el presente y para la eternidad futura.

No hablaba de la reencarnación, pues lo «que es nacido de la carne, carne es» aunque reencarne 200 veces. No hablaba de la Regeneración Bautismal inconsciente, no hablaba de una posibilidad, pero sí de una Realidad, de una Nueva Vida (Juan 1:12).

Cada hombre es una criatura de Dios, pero cada hombre puede llegar a ser hijo de Dios. ¿Cómo puede esto hacerse? Por medio del camino verdadero: Reconocimiento, Arrepentimiento, Vuelta a Dios. Por medio de la apropiación personal por el individuo de la sangre de Cristo en el Calvario; por obra del Espíritu Santo. Y así cmo el niño no interviene en su nacimiento, el hombre sólo lo que hace es rendirse a Dios. Esto es una realidad y una experiencia.

Entonces todo es nuevo: el concepto de Dios, antes lejos, ahora como un Padre amante; el concepto del mundo, de mi prójimo, de mí mismo, y sobre todo el sendero de un gozo verdadero, el gozo de la salvación.

Esta Potencia es la única Panacea Eficaz y de efectos radicales.

El Heraldo Bautista (Colombia) 1947

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