Saber distinguir entre doctrinas, convicciones, opiniones y preferencias

Hay un mandato a contender por la fe (Judas 1:3), pero asimismo hay un mandato a no contender por opiniones (Romanos 14:1).

Doctrina

 

Doctrina significa “enseñanza”. Generalmente, se utiliza dicho término en referencia a las enseñanzas bíblicas que constituyen los pilares de la fe cristiana. En la teología, la doctrina es conocida como ortodoxia.

El ejemplo de los llamados “fundamentos de la fe cristiana”

  1. La infalibilidad de las Escrituras;
  2. El nacimiento virginal de Cristo;
  3. Su expiación vicaria;
  4. Su resurrección corporal; y
  5. La realidad de los milagros como grabados en las Escrituras.

Esto no significa que solo creamos en cinco fundamentos. Son ejemplos nada más de las grandes doctrinas enseñadas claramente en las Escrituras, las cuales deben unir a todos los cristianos. Vale la pena batallar por ellas, “contender por la fe” (Judas 1:3).

Convicción

 

Convicción significa “prueba”, en el sentido de “comprobación”. La única vez que aparece en la Biblia en español es Hebreos 11:1, donde es traducido en la Biblia KJV en inglés como “evidencia”. El diccionario de la Real Academia Española define convicción como “convencimiento, persuasión”.

Tomando en cuenta cómo el convencimiento de una verdad bíblica ha llevado a creyentes al sufrimiento, encarcelamiento y la muerte, proponemos la siguiente definición:

La convicción es una seguridad firmemente cimentada en la propia conciencia ante Dios, desarrollada mediante la oración, la reflexión diligente sobre las Escrituras y la disposición a ser guiado por el Espíritu Santo.

Aunque la convicción se debería aplicar a asuntos doctrinales, muchos la utilizan en relación a conducta o comportamiento personal. En la teología, la conducta es conocida como ortopraxis. Históricamente, parece que hubo más persecución por prácticas que por creencias silenciosas. Pero de la creencia interior fluye la conducta exterior. Un cristiano con convicciones no separa lo que cree de lo que hace.

A diferencia de una preferencia u opinión, convicciones son asuntos de los cuales uno está tan persuadido, que está dispuesto a sufrir grandes incomodidades, encarcelamiento y privaciones, o hasta morir por ellas si fuera necesario. Tener una convicción es como trazar una línea fija diciendo: “Con la ayuda de Dios, nunca traspasaré esta línea, cueste lo que cueste”. Si algo es considerado una convicción, debe estar comprobado por las Escrituras, o respaldado por claros principios bíblicos. Si no, no pasará la prueba, y tarde o temprano se manifestará como una preferencia.

Una convicción no depende de la aprobación de otros, y no es negociable. La convicción es personal y envuelve la conciencia del individuo, no la de los demás.  No se permite que las leyes del país ni demandas legales las afecten. “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”. (Hechos 5:29)

Las convicciones le dan a un hombre una columna vertebral, no un “fideo mojado”.

En mi libro La Historia de la Biblia Reina-Valera 1960, cuento la historia de uno de los consultores al comité de revisión, un bautista por nombre de Domingo Fernández. Él estuvo en el Ejército Español en el año 1937. Recibió amenazas de muerte por su capitán por no asistir a misa. Aun así, se mantuvo firme.

Convicción en griego significa prueba o evidencia. Uno llegará a una convicción porque algo está comprobado en la Biblia. Debemos tener convicciones, pero deben ser basadas en la Biblia, no en opiniones personales.

Uno puede librar su conciencia si reconoce que una convicción se originó basada en falsedades y falacias. De otro modo, no se puede negociar con una verdadera convicción.

Ejemplo: El maestro cristiano que una vez oí enseñar en contra de comer cerdo, quien enseñó erróneamente que en Israel no había cáncer, e ignoró que los mandatos bíblicos al respecto eran para los judíos bajo la ley.

Hay convicciones que están tan bien respaldadas en las Escrituras, que deben ser la convicción de cada creyente que busca agradar y obedecer a Dios. Aplicado a asuntos de conducta (ortopraxis), esto incluiría tales cosas como no consumir bebidas alcohólicas, fumar, escuchar música rock, etc.

El movimiento fundamental existe porque hubo hombres con convicciones, que no estuvieron dispuestos a ceder indebidamente ante la apostasía.

El libro de Daniel contiene tres casos claros de convicciones que podrían haber conducido a la muerte:

1. Daniel 1:8 “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse”.

Se cree que la comida del rey hubiera incluido cerdo, el cual estaba prohibido por Dios a los judíos, que estaban bajo la ley. También incluía vino.

Pro 23:31 No mires al vino cuando rojea, Cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente;
Pro 23:32 Mas al fin como serpiente morderá, Y como áspid dará dolor.
Pro 23:33 Tus ojos mirarán cosas extrañas, Y tu corazón hablará perversidades.

2. Daniel 3:18 “No serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado”.

Alguien ideó un bosquejo aliterado para el pasaje de la siguiente manera: “No cedieron, no cayeron, y no se consumieron”.

3. (Dan. 6:7) “Cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey [Darío], sea echado en el foso de los leones.”

Daniel 6:10 “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”.

El Credo del Discípulo

Pertenezco a la comunión de los no-avergonzados. Tengo poder del Espíritu Santo. La suerte ha sido echada. He cruzado la línea. La decisión ha sido hecha. Soy un discípulo de Él. No miraré hacia atrás, aflojaré, retrasaré ni retrocederé. Mi pasado está redimido. Mi presente tiene sentido y mi futuro está seguro. Ya no necesito preeminencia, prosperidad, posición, promociones o popularidad. No tengo que tener la razón, ser primero, reconocido, considerado o recompensado. Ahora vivo por fe, me apoyo en su presencia, camino con paciencia, vivo mediante oración y trabajo con poder. Mi mirada está fija, mi meta es el cielo, mi camino es estrecho, mi senda es áspera, mis compañeros pocos, mi Guía de confianza, y mi misión es clara. No puedo ser comprado, comprometido, desviado, atraído, retrocedido, diluido, o retrasado. No pestañearé frente al sacrificio, dudaré en presencia del enemigo, meditaré ante la fuente de la popularidad, o divagaré en el laberinto de la mediocridad. No me rendiré. Callaré. Hasta que me haya quedado levantado, abastecido, orado, predicado por la causa de Cristo. Soy un discípulo de Jesús. Debo de seguir hasta que Él venga. Dar hasta caer, predicar hasta que todos sepan, y trabajar hasta que Él me pare. Y cuando venga a buscar a los suyos, no tendrá ningún problema en reconocerme–Mi bandera se verá claramente.

Necesitamos hombres de valor, hombres dispuestos a seguir a Cristo y su Palabra, cueste lo que cueste.

Opiniones y preferencias

 

En cuanto a opiniones y preferencias, no necesitan explicación. Pero hay veces en la vida real donde parece haber poca diferencia entre una opinión fuerte y una convicción. Podría existir casos en los cuales se creyó que alguna creencia o práctica era una convicción, pero las circunstancias con tiempo manifiestan que en realidad era una preferencia, porque bajo presión, la persona no se aferró a su convicción.

Cuando yo era seminarista, había un seminarista en nuestro dormitorio que se jactaba de que tenía una convicción acerca de no hacer compras los domingos. Un día domingo se observó que él estaba en una gasolinera llenando el tanque de su vehículo. Varios de nosotros le preguntamos: “¿Qué pasó, hermanito?”. “Es que no quería quedarme a pie”, fue su respuesta, con el rostro enrojecido. Se reveló que fue una preferencia, y no una convicción.

La vida cristiana requiere opiniones en asuntos donde la Biblia guarda silencio, o donde su interpretación está dividida entre creyentes de sana doctrina. En esos casos, ten cuidado con elevar tanto tu opinión personal al punto de juzgar la integridad de otro hermano en Cristo. Romanos 14:10 “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo”.

Rom 14:1 “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones”.

Algunas preferencias personales para algunos son tan fuertes, que se asemejan a una convicción, porque están dispuestos a aceptar privaciones y sufrir grandes incomodidades al aplicar sus preferencias personales en su vida. Pero si es algo que no es enseñado con claridad en las Escrituras, se mantiene en el ámbito de preferencias y opiniones, y se debe respetar que no todos los creyentes piadosos estén de acuerdo con ciertas privaciones.

Hay asuntos de práctica en los cuales buenos creyentes maduros, piadosos y conocidos por ser llenos del Espíritu Santo, discrepan. Cuando es así, no significa que uno no pueda ser firme en su vida personal, pero ten cuidado con juzgar a tu hermano en Cristo. Desacuerdos entre buenos hermanos no es algo nuevo. El capítulo entero de Romanos 14 está dedicado al desacuerdo que hubo en la iglesia primitiva en cuanto a si se debería comer carne que había sido previamente sacrificada a ídolos. Lo interesante es que el pasaje bíblico no indica la postura que el cristiano debía tener en cuanto a si era lícito comer carne sacrificada a ídolos, sino no juzgar al prójimo (14:3-4) y estar convencido en su propia mente (14:5).

Ejemplos de asuntos de opiniones/preferencias donde puede haber diferencias entre buenos hermanos:

  • Divorcio y segundas nupcias
  • Validez o no de agencias misioneras
  • Nivel de rigidez en guardar el día del Señor
  • Nivel de rigidez en modestia de ropa (en esta área justamente podría haber convicciones personales, pero aun así todavía habrá diferencias en cuanto a cuán largo, cuán grueso, cuán suelto, etc.)
  • Si la iglesia comenzó en el día de Pentecostés o antes
  • Nivel de rigidez en lo que permite ver en la televisión/películas
  • Celebrar Navidad y tener árboles de Navidad
  • Música cristiana

Por años he servido como profesor en varios institutos bíblicos en los cuales misioneros y pastores del área estuvimos dispuestos a no contender por diferencias menores y unirnos para enseñar a futuros líderes. Si nos mantuviéramos peleados por asuntos secundarios, no podríamos habernos unido en un esfuerzo común por llevar a cabo la Gran Comisión. Podemos hacer más unidos, que separados. Existen asuntos graves que podrían requerir separación, pero recordemos la exhortación bíblica en Romanos 12:18: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”.

Hay algunos asuntos no nombrados en las Escrituras, de los cuales uno tendrá que estudiar principios bíblicos y llegar a una determinación si es lícito o no. Otros no pueden decidir por ti. Eres el líder espiritual en tu hogar, pero no de ningún otro.

Algunos fundamentales piensan que, si tienen un desacuerdo con un hermano sobre un asunto secundario, deben implementar la separación total y evitar todo compañerismo y cooperación. Sin embargo, la separación con hermanos con quienes tenemos un desacuerdo sobre asuntos secundarios no significa que sea un asunto de “todo o nada”. Podemos tener compañerismo parcial o a menor escala con algunos hermanos, aun si diferencias causan que no podamos trabajar juntos en algunos proyectos que requieren mayor acuerdo.

Si algún cristiano cree que algo no le es lícito, eso se debe respetar. Rom. 14:14 “Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es”. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros daremos cuenta ante Dios (Romanos 14:12). La libertad de conciencia es uno de los distintivos bautistas. No somos títeres ni máquinas. Somos responsables ante Dios de nuestras decisiones.

Tito 3:9 “Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho”.

Porción del artículo “Separación o participación limitada: ¿hay alguna diferencia?” por David Shumate en literaturabautista.com

Hay muchos temas sobre los que podemos y debemos ser dogmáticos porque la Biblia habla claramente sobre ellos. Hay otras cuestiones en las que no estamos de acuerdo debido a preferencias personales. Sin embargo, la franqueza nos obliga a admitir que también hay desacuerdos que no son claramente cuestiones de bien o mal, ni claramente cuestiones de preferencias u opiniones personales. Estos pueden involucrar filosofía ministerial, sistemas teológicos, prudencia y estándares personales o grupales.

Hay muchos ejemplos que caen dentro de esta tercera área. Un creyente puede decidir no participar con sus compañeros creyentes en ciertas diversiones u otras actividades porque no cree que sean sabios o que honren a Dios. Los padres cristianos pueden imponer restricciones a sus hijos que no se imponen a otros niños en su iglesia. Los líderes de la iglesia pueden sentir la necesidad de advertir a sus miembros contra los peligros potenciales asociados con cierto movimiento cristiano, por bien intencionado que sea. Para los responsables del cuidado de los demás, ya sean padres o pastores, estas prácticas tienen sentido común. Sin embargo, queda la pregunta de si son bíblicamente justificables. Dos principios comúnmente llamados distintivos bautistas¹ forman la base de la libertad personal y eclesiástica en esta área.

El principio de la libertad del alma y la importancia de la conciencia

La libertad del alma es la creencia de que la conciencia individual del creyente no está limitada en cuestiones de fe por las opiniones o los dictados de los demás. La libertad del alma a veces se malinterpreta en el sentido de que un cristiano tiene la libertad de conciencia para creer lo que quiera creer sin consecuencias. Este no es el caso. Donde las Escrituras son claras, todos los creyentes deben someterse. La libertad del alma tampoco significa que los creyentes no deben estar sujetos al gobierno de autoridades legítimas en asuntos prácticos. Sin embargo, sí significa que la conciencia de un cristiano debe responder a la Palabra de Dios, no a los dictados de los hombres.

Una implicación de la libertad del alma es el hecho de que nos debemos respeto cuando no estamos de acuerdo. Una responsabilidad que viene con la libertad del alma es que los creyentes deben procurar vivir de acuerdo con sus convicciones. Pablo aclara este punto en su discusión sobre las restricciones dietéticas y los días santos especiales (Rom. 14). Dado que las restricciones dietéticas del Antiguo Testamento ya no se aplicaban al creyente, el hermano que retenía escrúpulos sobre tales cosas era “débil” en la fe, ya que carecía de una comprensión madura de la teología del Nuevo Testamento. Sin embargo, en el caso de que el hermano sea incorrecto en su evaluación, Pablo insiste en que no se le presione para que viole su conciencia, porque hacerlo sería pecado. Si la conciencia es tan importante, incluso cuando no está completamente informada, ¿cuánto ¿Debería respetarse más cuando se basa en una preocupación ética o prudencial posiblemente válida?

Relacionado con el concepto de libertad de conciencia individual, es el distintivo bautista de que una iglesia local es una asociación voluntaria de personas regeneradas. Aunque un creyente tiene la obligación espiritual de unirse a una asamblea local, no se le asigna a una como en un sistema parroquial. Por lo tanto, tiene la libertad de hacer esta elección basándose en su conciencia y el grado de concordancia entre el ministerio en cuestión y sus sinceras convicciones bíblicas.

Lo que es cierto de los cristianos individuales también lo es, en diversos grados, de aquellos que tienen autoridad sobre los demás. Los padres, pastores y administradores de escuelas cristianas tienen la obligación no solo de hacer cumplir los mandatos bíblicos explícitos, sino también de practicar la sabiduría bíblica cuando se trata de aquellos que están a su cargo. Esta autoridad varía según la relación entre las personas involucradas. Los pastores no son padres de sus miembros. Tampoco tienen derecho a sujetar las conciencias de los que están bajo su autoridad aparte de un claro precepto bíblico. Sin embargo, su responsabilidad de pastorear les da autoridad en la iglesia.

El principio de autonomía de la iglesia local

Una característica central de la política congregacional practicada por los bautistas y otros es la independencia de la iglesia local. La asamblea local conserva el derecho y la responsabilidad de administrar sus propios asuntos sin el control de cualquier otro cuerpo eclesiástico. Las iglesias locales pueden cooperar de diversas formas para hacer avanzar el Reino. Sin embargo, cada iglesia es libre de participar o no, ya que entiende su responsabilidad hacia el Señor. Las iglesias deben decidir qué misioneros apoyar, en qué actividades participar y qué institutos recomendar a sus jóvenes. En algunos casos, estas decisiones son impuestas por precepto bíblico. En otros casos, son cuestiones de prudencia. En tales casos, la iglesia puede y debe hacer distinciones basadas en su comprensión de las Escrituras y su sentido de su misión y convicciones.

La diferencia fundamental entre separación y participación limitada

Este artículo no es una defensa ni una explicación completa de la doctrina de la separación de uno quien profesa ser creyente. Sin embargo, uno debe observar algunos principios básicos de la enseñanza de la Biblia sobre ese tema para distinguirlo de los límites de prudencia sobre la asociación.

Varios pasajes de la Biblia forman la base para la práctica de la separación de un hermano creyente. Este artículo asumirá una familiaridad básica con el pasaje y también asumirá sin discusión que los textos enseñan genuinamente el requisito de separarse de un hermano creyente en circunstancias apropiadas.8 Los pasajes en cuestión son Mateo 18:15-20; 1 Corintios 5; 2 Tesalonicenses 3:6-15; y Tito 3:8-11. Estos pasajes encarnan varios principios centrales concernientes a la separación de un cristiano desobediente, principios que están en marcado contraste con el concepto de participación limitada.

La separación exige una clara justificación bíblica

La primera característica pertinente de estos pasajes es que todos requieren una base bíblica clara para la separación. En cada caso hay una mala conducta clara y definida bíblicamente por parte del ofensor. En Mateo 18, Cristo dice que si un hermano peca, estamos obligados a acudir a él en privado para tratar de resolver el asunto. El proceso de tomar uno o dos testigos, llevar el asunto ante la iglesia y finalmente expulsar al hermano ofensor también implica que la pecaminosidad de la acción del hermano no está en duda. En 1 Corintios 5:11, Pablo ordena a la iglesia no juntarse con un cristiano profesante que sea “fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón”. Los comportamientos enumerados aquí son violaciones de claras normas bíblicas para la vida cristiana. Segunda de Tesalonicenses 3:6 nos manda a apartarnos de todo hermano que “ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis” de Pablo. También ordena que no mantengamos compañerismo con aquellos que no viven de acuerdo con la palabra de Pablo en la epístola (v. 14).

Otro pasaje importante a este respecto es Tito 3:8-11, en el que Pablo instruye a Tito a afirmar constantemente la enseñanza que promueve las buenas obras de parte de los creyentes. Por el contrario, debe evitar “cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley”. En este contexto, Tito también rechaza a uno “que cause divisiones” después de advertirle una o dos veces. En este contexto, parece referirse a alguien que causa polémicas divisiones sobre doctrinas e interpretaciones personales.9 Para los propósitos presentes, cualquiera que sea el problema en particular, Pablo afirma que la base para apartarnos de tal persona es nuestro conocimiento de que “se ha pervertido, y peca” (vv. 11-14).

Estos pasajes, así como la enseñanza general de la autoridad y la suficiencia de las Escrituras, significan que podemos separarnos de un hermano solo si está obrando mal, según lo determinado por la aplicación de declaraciones o principios bíblicos claros. El mero desacuerdo, por sincero que sea, en cuanto a la sabiduría de un curso de acción o práctica, no justifica la separación. Por otra parte, tanto los cristianos como las iglesias deciden habitualmente por motivos de prudencia o de conciencia evitar participar en determinadas actividades, apoyar determinados ministerios o promover determinados énfasis.

Conclusión

Cuida tu actitud, tu espíritu. Tengamos cuidado en no elevar nuestras opiniones e ideas a proporciones indebidas. No debemos confundir nuestras opiniones y tradiciones con doctrinas bíblicas. Algunos líderes autoritarios procuran, de manera dura y agresiva, mantener a todos en conformidad con sus propias opiniones y preferencias. Se necesita liderazgo, pero todo líder debe cuidarse de no excederse y debe anhelar equilibrio.

No se debe poner el énfasis mayor sobre los menores. Si todo es fundamental, nada es fundamental. Muchas veces el movimiento fundamental de hoy se enfoca en asuntos menores y, como consecuencia, se desenfoca de los mayores. No decimos que los asuntos menores deban ignorarse, pero no deben ocupar todo nuestro tiempo.

El gran líder fundamental W. B. Riley era conocido por enfatizar lo siguiente, promoviendo el equilibrio: “¡Credo y conducta!”

El hecho de que estemos en desacuerdo con un hermano o grupo en asuntos secundarios no los constituye en enemigos nuestros. Recuerde, el diablo es nuestro enemigo. Como creyentes bautistas, hay más cosas que nos unen que las que nos dividen.

Rom 14:19 “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”.

Un comentario sobre “Saber distinguir entre doctrinas, convicciones, opiniones y preferencias”

  1. Como bautista, suscribo el artículo. Muchas divisiones, separaciones y antagonismo se deban a posturas teológicas menores. Si los bautistas nos uniéramos más, el potencial evangelístico que desarrollaríamos sería tremendo. Y, como dice el dicho, «en lo fundamental, unidad, en los accesorio, caridad»

Deja una respuesta

Deje un comentario respetuoso. Tome en cuenta que esto no es un foro de debates, y no todos los comentarios son aprobados.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *