Citas patrísticas en la crítica textual del Nuevo Testamento

Las citas patrísticas se refieren a los escritos de los llamados «padres» de la iglesia.* El enfoque es especialmente en los siglos II-IV. Los padres muchas veces citaron pasajes bíblicos en sus escritos que son de interés para críticos textuales. Es probable que todos estos padres hubieran tenido afiliaciones denominacionales o algunas creencias con el cual no concordamos. Se debe recordar en todo esto que la Biblia no pertenece a una denominación. La Biblia fue dada por inspiración de Dios y por tanto no importa la afiliación denominacional de la mano por la cual pasó, en ausencia de evidencia de que cierto padre manipuló el texto. Dios ha utilizado todas clases de personas y circunstancias en el proceso de asegurar que se preserve su Palabra.

*Personalmente no me cae bien el uso del término «padre» (véase Mat. 23:9), pero lo estaré utilizando en este artículo solo en el sentido académico para que sea entendible dentro de su contexto.

M. J. Suggs, en un artículo relata el motivo por qué las citas patrísticas son de interés en el estudio del texto del Nuevo Testamento:

… se reconoce universalmente que los testigos patrísticos complementan la información indispensable contenida en los antiguos papiros, manuscritos griegos del Nuevo Testamento y versiones. El fracaso de la mayoría de los manuscritos antiguos del Nuevo Testamento de ubicar las lecturas de forma geográfica y cronológica hace que la evidencia patrística sea una parte esencial de los datos del crítico textual. (Suggs, M. J. «The Use of Patristic Evidence in the Search for a Primitive New Testament» New Testament Studies. 4, Oct. 1957-July 1958, p. 139)

Las citas patrísticas también son de interés para los que favorecen los manuscritos bizantinos. Fueron un enfoque especial de John Burgon (1813-1888), un reconocido defensor del Texto Bizantino. No solo hizo referencia a evidencia patrística en sus escritos, sino que compiló un índice de más de 86.000 citas en 16 tomos que ahora se encuentra en el Museo Británico.

La mejor explicación que he hallado acerca del valor y así mismo de las debilidades de las citas patrísticas fue escrito por Edward Miller, un «discípulo» de John Burgon. Lo siguiente es mi traducción de una porción del libro de Miller, A Textual Commentary upon the Holy Gospels:

Existen citas patrísticas en tales números, que el decano Burgon, con la ayuda de varias damas, llenó con ellas dieciséis gruesos volúmenes, que fueron adquiridos después de su muerte por los fideicomisarios del Museo Británico. Marcó o designó los pasajes él mismo, y luego los entregó a sus asistentes para copiar, y tal vez para distinguir se separó con colores en un sistema ingenioso, y luego colocado en papel para ser encuadernado en libros…

La fuerza de este tipo de evidencia puede verse en al menos cuatro aspectos:

1. Los padres nos proveen, aunque de segunda mano, con numerosos códices de todas las edades desde una fecha mucho más temprana que los otros dos tipos de evidencia.

2. A partir de la fecha conocida del padre estamos habilitados para asignar con certeza fechas generales, limitadas positivamente en un lado, en el que se usaron esos códices.

3. Nos ayudan a asignar la localidad de lecturas notables.

4. El número de estas citas es tan grande que ilustran, a menudo con sorprendente plenitud, el empleo en la iglesia primitiva de las lecturas así atestiguadas.

Por otro lado:

1. Muy a menudo, aunque no tan a menudo como suponen las personas que no están familiarizadas con este tipo de evidencia, y no tanto en tiempos posteriores como anteriores, los padres citan simplemente de memoria, y esas citas no son efectivas sobre puntos ínfimos. Pero incluso entonces pueden ayudar a refutar una omisión, si se dice lo suficiente para demostrar que el padre conocía el pasaje, aunque no lo haya citado con precisión.

2. A veces es difícil, o incluso imposible, determinar a cuál de los Evangelios sinópticos se hace referencia; y, de hecho, las ediciones benedictinas no raramente atenúan el aprecio que se les debe al inducirnos a error al tener una referencia incorrecta en el margen.

3. Pocos libros de los padres han sido bien editados, y la lectura dada puede no representar verdaderamente las palabras del padre. Pero estoy persuadido de que este indudable inconveniente se enfatiza más de lo que sería si se supiera en general cuan poca obra editorial moderna de la mejor clase (tal vez no en Eusebio, sino en la mayoría de los otros autores) altera las citas; y si más estudiosos supieran por el uso familiar los signos peculiares y variados de autenticidad que invierten el empleo de la Escritura por parte de varios escritores; y especialmente si tenían en cuenta que, al igual que con los manuscritos cursivos como con los padres, las citas simples o pocas, si no están respaldadas, tienen poco peso. Los libros patrísticos de las épocas más tempranas son menos precisos, tanto en estilo como en transmisión, que cuando llegamos a los períodos más literarios en la historia de la iglesia. (Miller, Edward. A Textual Commentary upon the Holy Gospels. London: G. Bell, 1899, pp. xii-xiii)

Para una lista de los padres (alrededor de doscientos en número) y las ediciones de sus obras que fueron indexadas por Burgon, véase las páginas xx–xxiv del mismo libro que acabamos de citas.

En 1995 Mark Heuer escribió un artículo en el cual evaluó a Burgon en cuando a su uso de evidencia patrística basado en sus obras impresas. Él reveló unas serias limitaciones en la evidencia patrística como presentada por Burgon. Heuer no examinó personalmente el índice masivo de Burgon. He traducido algunas de sus observaciones:

Burgon compiló un asombroso índice de 86.589 citas bíblicas de los padres de la iglesia. Reside en el Museo Británico, pero por desgracia nunca se ha publicado, dejando estas citas patrísticas inaccesibles para el estudio crítico. Burgon ocupó lo que al menos es una posición razonable en el que sólo aceptó la inspiración de los autógrafos apostólicos y no la infalibilidad de la edición Textus Receptus o de cualquier versión, incluyendo la KJV. p. 519

La misión de Burgon era utilizar su enorme cantidad de evidencia patrística para probar la inferioridad de los tipos de texto alejandrino y occidental y los manuscritos que los apoyan principalmente, mientras defendía la superioridad y autoridad del tipo de texto Mayoritario o Bizantino, del cual se compiló el Textus Receptus y la KJV, que se tradujo más adelante. p. 519

Debido al carácter de las notas a pie de Burgon, es extremadamente difícil para los lectores modernos personalmente comprobar las referencias patrísticas en sus diversas obras publicadas. Cuando se refiere a un padre para apoyar el Texto Mayoritario, Burgon normalmente cita sólo un número de página o volumen y número de página de la edición no crítica de la obra del padre que ha utilizado. Ocasionalmente, las obras de Burgon se refieren a los números de página de la edición específica de un editor de los escritos de un padre de la iglesia. Incluso entonces, sin embargo, son ediciones no críticas que tal vez fueron populares en la época de Burgon, pero que ya no están impresas o no son fácilmente accesibles para su examen hoy en día. Sólo rara vez Burgon cita la obra patrística real por su nombre para que los lectores modernos puedan encontrar fácilmente la referencia en ediciones patrísticas críticas más modernas y verificar la exactitud de la evidencia de Burgon. En el raro caso en que Burgon nombra claramente una obra antigua por su título utiliza la misma notación para referirse al libro y capítulo de la obra antigua que hace al referirse a volúmenes y números de página en ediciones que consulta para otros autores antiguos, causando confusión adicional. págs. 523-524

En muchos lugares Burgon simplemente da largas listas de padres de la iglesia a quienes dice apoyan una lectura bizantina dada sin dar referencias a ninguna fuente. Esta práctica hace imposible que los lectores modernos sepan a cuál obra del antiguo padre se refiere Burgon. Tal falta de precisión impide que el lector crítico moderno examine una edición patrística crítica en un lugar dado o incluso determine si esas referencias son citas patrísticas precisas en primer lugar, en lugar de citas de memoria o meras alusiones por parte del padre de la iglesia. En general, la imprecisión y el estado incompleto de las notas al pie y las referencias de Burgon son más que un mero problema estilístico. Más bien, la situación impide que los lectores modernos evalúen críticamente las supuestas pruebas de Burgon sin dificultades extremas. p. 524 (Heuer, Mark. «An evaluation of John W. Burgon’s use of patristic evidence» JETS, 38/4 Dec. 1995, pp. 519-530)

A mi conocimiento, Burgon no hace mención de su índice masivo en sus escritos. Creo que se debe a que le sorprendió la muerte antes de lograr escribir un resumen de su investigación. Su libro The Traditional Text of the Holy Gospels, completado y editado por Miller después de su muerte, contiene observaciones acerca de citas patrísticas (págs. 90-122). Hace mención del índice en la p. 94, pero en la oración se refiere a Burgon en la tercera persona: «Los índices invaluables elaborados por el decano Burgon y los que le ayudaron, que son de la máxima utilidad en cualquier examen exhaustivo de pruebas patrísticas sobre cualquier texto dado…»

En una porción indudablemente escrito por Burgon mismo, él anticipa una crítica con que sus críticos todavía intentan invalidar toda su investigación:

Quizás se pueda hacer una objeción, que los textos de los libros de los padres seguramente han sido alterados para coincidir más exactamente con el Texto Recibido. Esto es cierto de Ethica, o Moralia, de Basilio, y de Regulae brevius Tractatae, que parecen haber sido leídas constantemente en las comidas, o que se usaban continuamente en las casas religiosas. Los monjes de una época posterior no se contentarían con escuchar todos los días pasajes familiares de la Sagrada Escritura expresados ​​en otros términos que aquellos a los que estaban acostumbrados y que consideraban correctos. Este hecho fue perfectamente evidente al examinarlo, porque se encontró que estos tratados daban evidencia del Textus Receptus en la proporción de aproximadamente 6:1, mientras que los otros libros de San Basilio rindieron de acuerdo con una proporción de aproximadamente 8:3. Por la misma razón no he incluido la edición de Marción del Evangelio de San Lucas, o el Diatesaron de Taciano en la lista de libros y autores, porque tales representaciones de los Evangelios que han estado en uso público seguramente habrían sido revisadas de vez en cuando para estar de acuerdo con el juicio de quienes los leyeron o escucharon. Nuestros lectores observarán que se trataba de abnegación propia, porque con la inclusión de las obras mencionadas la lista del lado tradicional [bizantino] se habría incrementado considerablemente. Sin embargo, nuestros cimientos se han fortalecido, y realmente la posición del Texto Tradicional descansa tan firmemente en lo que es indudable, que puede permitirse prescindir de servicios que pueden suscitar alguna sospecha. (p. 97)

Burgon, como hemos documentado, reconoció en su libro y educó a sus lectores de que hay complicaciones con el origen y la subjetividad de muchas citas. Pero a pesar de esto muchos críticos modernos le dan un sermoneo a Burgon sobre la parcialidad de citas patrísticas o le tratan como que ha intentado aprovecharse de una percibida ignorancia de parte de sus lectores.

En este capítulo de dicho libro Burgon, o su editor Miller, hace referencia a un total de 4,383 citas antes del año 400 de los Evangelios, y afirma que el resultado es 2.630 a favor del texto tradicional (bizantino) y 1.753 al texto rival, una proporción de alrededor de 3:2. Hay varias observaciones acerca de este dato para tomar en cuenta:

  • Aunque sus estudios patrísticos tienen valor, se debe tomar en cuenta que se hicieron hace más de 130 años atrás, y otros han aportado más datos para ser analizados desde aquel entonces.
  • Excepto en casos aislados esparcido en sus libros, Burgon no aporta la cita exacta del padre para nuestra consideración.
  • Burgon aportó evidencia de lecturas bizantinas aisladas en sus citas, pero lo que exigen los que promueven el texto alejandrino es un texto consistentemente bizantino en los primeros siglos. Creo que es una exigencia un poco injusto (por ejemplo, ¿dónde se encuentran los manuscritos alejandrinos que reflejan el texto crítico NA28 consistentemente?) pero eso es otro tema.

Los datos de Burgon y Miller fueron investigados por Frederick Kenyon, un promotor del texto crítico, en su libro Handbook to the textual criticism of the New Testament (2nda edición, 1912). Kenyon comienza con una propuesta intrigante:

Es en este punto crucial de la controversia que la evidencia patrística se convierte en valor decisivo. Hort, como hemos visto, apela a ella como que muestra que el Texto Tradicional [bizantino] se caracteriza por muchas lecturas que no pueden remontarse más allá del siglo IV, — lecturas que, además, tienen en sus ojos la apariencia de un carácter secundario, como se deriva de lecturas preexistentes que se encuentran en los otros grupos de autoridades. Este es el asunto pleno. Si se puede demostrar que las lecturas que Hort llama «sirias» [bizantinas] existieron antes de finales del siglo IV, la piedra angular se eliminaría del tejido de su teoría; y dado que [Hort] no presentó estadísticas para probar su afirmación, sus oponentes estaban perfectamente en libertad de cuestionarla. Debe admitirse que el Sr. Miller no eludió la prueba. Una parte considerable de su trabajo como editor de los documentos del decano Burgon tomó la forma de una clasificación de citas patrísticas, basada en los grandes índices que el decano dejó tras de sí, según testifican a favor o en contra del Texto Tradicional de los Evangelios. (págs. 321-322)

En el siguiente párrafo es obvio que el rechazo de la evidencia de parte de Kenyon se debe en gran medida a la especulación:

Ahora bien, está claro que si estas cifras fueran confiables, se acabaría la teoría de Hort, ya que se demostraría que sus premisas son totalmente erróneas. Sin embargo, un examen de ellos muestra que no se puede aceptar que representen en modo alguno el verdadero estado del caso. En primer lugar, es bastante seguro que las ediciones críticas de los diversos padres, si existieran, mostrarían que en muchos casos las citas han sido asimiladas en manuscritos posteriores al Texto Tradicional, mientras que en el anterior coinciden más bien con los testigos «Neutrales» u «Occidentales». (p. 322)

Cabe decir que casi 100 años después de que Kenyon escribió estas líneas, Heuer en un articulo que ya hemos citado, solo proveyó un solo ejemplo donde un investigador logró encontrar una cita patrística de una fuente más antigua que Burgon, donde el padre se expresa en un pasaje con términos que no reflejan el texto bizantino en dicho pasaje. Sin duda esto demuestra que hay ciertas debilidades con las citas de Burgon, y si se encontró uno sin duda se podría encontrar más—sin embargo—¿qué es un solo ejemplo a la luz de un índice de más de 86.000? No se justifica una generalización tan amplia.

Regresando al análisis de Kenyon, él surge con otra objeción contra las citas de Burgon:

Las treinta lecturas «tradicionales», que él [Burgon-Miller] demuestra que fueron tan abrumadoramente reivindicadas por los padres, no son en absoluto lo que Hort llamaría lecturas «sirias» puras. En casi todos los casos, tienen una confirmación occidental o neutral además de la de las autoridades posteriores. … En resumen, el Sr. Miller evidentemente contaba de su lado todas las lecturas que ocurren en el Texto Tradicional, independientemente de si, según los principios de Hort, son lecturas antiguas que mantuvieron su lugar en la revisión siria, o lecturas secundarias que fueron entonces introducido por primera vez. Según Hort, el Texto Tradicional es el resultado de una revisión en la que se incorporaron elementos antiguos; y el Sr. Miller simplemente señala algunos de estos elementos antiguos y, a partir de ellos, argumenta que el conjunto es antiguo. Está claro que con tal argumentación la teoría de Hort no se toca. (p. 323)

La teoría de parte de Westcott y Hort de que hubo una recensión por parte de Luciano de Antioquía (240-312) en la cual se fusionaron diferentes elementos para formar una revisión oficial que dio lugar al Texto Bizantino nunca se ha comprobado. Aún más, el descubrimiento de papiros con algunas lecturas bizantinas años después de los escritos de Westcott y Hort ha obligado a los promotores del texto crítico a confesar que uno de los pilares de su teoría es defectuoso.

Para ver la injusticia de lo que insiste Kenyon al acudir a este aspecto de la teoría de Westcott y Hort, piénselo de esta forma: Cuando el Texto Bizantino y el Texto Occidental están de acuerdo en algún pasaje contra el Texto Alejandrino, el pasaje es catalogado como occidental. Y cada vez que los bizantinos y alejandrinos están de acuerdo en algún pasaje contra el occidental lo llaman alejandrinos. Bajo estas condiciones, el Texto Bizantino siempre pierde, y se ha hecho una injusticia contra el Texto Bizantino. Obviamente, los defensores del Texto Bizantino podrían ser culpables de lo inverso, por tanto debe haber un esfuerzo de ser consistente y transparente.

Aquí hay otra forma como usan lo que parece ser una estrategia de “enganche y engaño” para eliminar de forma ingeniosa posibles testigos para el texto bizantino, explicado por Wilbur Pickering:

Ireneo, por ejemplo, es declarado arbitrariamente como testigo del «tipo de texto occidental» y entonces cualquier lectura que tenga en ese momento se declara como «occidental». Incluso si concediéramos la existencia de entidades como los tipos de texto «occidental» y «alejandrino» (en aras del argumento), si se impusiera el requisito de que sólo se pudieran reclamar aquellas lecturas que son apoyadas por la mayoría de los testigos asignados a un tipo de texto, entonces el número de lecturas «occidentales», «alejandrinas» y «cesáreas» se reducirían drásticamente. Por el contrario, el número de lecturas «bizantinas» seguiría siendo aproximadamente el mismo. (The Identity of the New Testament Text, 1980, p. 220)

Para una respuesta bien pensada a estos argumentos de Kenyon, ver el capítulo “An evaluation of the W-H theory” en el libro The Identity of the New Testament Text por Wilbur N. Pickering.

Entre los que defienden los manuscritos bizantinos que han estudiado citas patrísticas tempranas con seriedad en tiempos recientes, hay los que han demostrado mucha cautela. Esto se debe sin duda a que los datos provistos en el tiempo desde Burgon, como provistos por los promotores del texto alejandrino, no favorece tanto al texto bizantino. Pero a la vez hay algunos defensores del texto bizantino que sospechan que en el proceso de descartar citas dudosas y subjetivas, los partidarios del texto critico han acudido a la parcialidad en la presentación de evidencia patrística (un ejemplo de esta sospecha se refleja en el libro de Jack Moorman, Early Manuscripts, Church Fathers, and the Authorized Version). Un ejemplo de cómo los promotores del texto crítico están conscientes de como el texto bizantino está en juego en la selección de citas patrísticas es la siguiente afirmación de la cuarta edición (2001) del Nuevo Testamento griego de las Sociedades Bíblicas Unidas:

En contraste con las ediciones anteriores, se ha hecho hincapié en dar un repaso lo más completo posible a los Padres de hasta la mitad del siglo V, porque las citas de estos autores son de la mayor importancia para reconstruir el texto original del Nuevo Testamento. Básicamente, las obras de Ireneo, Clemente de Alejandría, Orígenes, Hipólito, Metodio, Eusebio, Dídimo, Epifanio y Cirilo de Alejandría han sido repasados a fondo. Los autores posteriores a ese período citan más a menudo el texto Bizantino, bien conocido por otras fuentes. (págs. 30-31)

Maurice Robinson se encuentra entre los defensores del texto bizantino que utiliza mucha cautela y toma en cuenta los argumentos de ambos lados en sus análisis. Él aportó las siguientes observaciones acerca de citas patrísticas tempranas en la primera edición de su Nuevo Testamento griego según el texto bizantino:

Objeción: No hay texto «distintivamente bizantino» en los primeros padres

El primer padre ortodoxo que cita consistentemente un tipo de texto bizantino es Juan Crisóstomo (muerto en 407). El primer padre de la iglesia que se reconoce que utilizó un tipo de texto bizantino es Asterio, un hereje que murió en el 341 d. C. Los primeros padres citaron una «mezcla» de lecturas alejandrinas, occidentales y comúnmente compartidas con el texto bizantino. Hort afirmó que las lecturas «distintivamente bizantinas» no se encontraron en los primeros padres; por tanto, tales lecturas no existían.

Sin embargo, la presencia de lecturas «distintivamente bizantinas» en los primeros papiros demuestra ampliamente que los elementos componentes de la forma textual bizantina bien pudieron haber sido conocidos por estos primeros padres. Por supuesto, si hubieran utilizado tales lecturas, ya no serían «distintivamente bizantinos» según la definición de Hort (es decir, no tendrían apoyo en los padres o versiones anteriores al 350 d. C.); por tanto, el «círculo de exclusión bizantina» habría retrocedido aún más. El punto tres a continuación mira hacia otra posible explicación de estos fenómenos.

Se puede afirmar fácilmente que los mismos fenómenos que resultaron en la ausencia de los primeros manuscritos bizantinos también afectarían los textos disponibles para los padres de la iglesia en sus diversos lugares. No es de extrañar que las lecturas «populares» o locales predominaran entre los primeros padres. Sin embargo, esto explica solo una parte del problema.

En primer lugar, el supuesto «texto de un padre» se basa en una suposición arbitraria: a saber, que un padre en cualquier lugar o en un momento determinado utilizó un solo manuscrito. De hecho, un padre puede haber cambiado de manuscrito diariamente en algunos casos. Esta posibilidad por sí sola excluye cualquier sugerencia de que «el» texto utilizado por un padre pueda ser reconstruido con confianza. Ciertamente, mientras un padre estaba en un solo lugar, la mayoría de los manuscritos disponibles para él en esa región reflejarían el texto local del área; pero ¿y si de vez en cuando se le aparecía otro manuscrito de otra región? No es ninguna sorpresa encontrar que algunos padres poseen un texto que está «mezclado» en un grado significativo. El hecho es que solo podemos determinar qué lecturas puede haber citado un padre en ciertos momentos de sus obras; el texto real del manuscrito (s) que pudo haber utilizado sigue siendo una cuestión abierta.

En segundo lugar, los padres a menudo parafrasean, citan incorrectamente de memoria o alteran deliberadamente una cita para hacer un punto. A menos que un padre declare inequívocamente que en realidad está citando un manuscrito (casos que son minoría), no se puede estar seguro de que el padre estaba reproduciendo un texto que tenía ante él. El objetivo de los padres era más teológico que fundamentalmente crítico con el texto, y a menudo modificaban lecturas que no se ajustaban a sus propósitos dogmáticos (por ejemplo, Juan 1:13).

En tercer lugar, y lo más importante, la práctica común entre los eruditos patrísticos es descartar las lecturas distintivamente bizantinas que se encuentran en los escritos de los padres a menos que el padre comente expresamente sobre el significado de la lectura bizantina. Esto se debe a su hipótesis de que los escribas (que también copiaron las obras de los padres así como los manuscritos del Nuevo Testamento) tenderían de manera habitual y deliberada a alterar las citas escriturales de los padres en aquellas con las que estaban familiarizados, a saber, lecturas bizantinas. Este argumento es similar al hecho contra los manuscritos bizantinos con respecto a la «armonización» de los escribas. Se supone que los escribas tienen una «tendencia» a alterar el texto de un manuscrito que están copiando para convertirlo en algo con el que están más familiarizados, ya sea por memorización personal, uso litúrgico, sinónimos «más fáciles» o similares. Sin embargo, este principio de «armonización» o «más fácil / más familiar» no fue un factor importante entre los escribas de la era bizantina como se ve reflejado en los hábitos de los escribas entre los documentos del Nuevo Testamento; tampoco es probable que se haya aplicado una política de copia diferente con respecto al texto de los padres. La refutación más simple de tal suposición es que, si la alteración bizantina generalizada fuera un hecho, se vuelve increíble que los escribas hubieran dejado tantos lugares obvios y sensibles completamente intactos.

Los escribas de la era bizantina en su conjunto estaban menos inclinados a alterar arbitrariamente el texto que tenían ante ellos que simplemente a cumplir con su deber. Fueron los primeros escribas de algunos lugares quienes, durante la incontrolada era «popular» de persecución y los primeros años de la «libertad» imperial, se sintieron más libres para tratar el texto como mejor les pareciera.

Esto sugiere la hipótesis contraria: a saber, que las lecturas patrísticas que no son bizantinas y no comentadas expresamente por los primeros padres podrían ser cuestionadas. Pero no es necesario presionar esta perspectiva. Si las lecturas bizantinas ahora sumariamente descartadas en los primeros padres fueran incluidas legítimamente, el texto general de los padres sería visto como más «bizantino» que las afirmaciones de la opinión académica actual. Este fue el argumento original de Burgon, que fue descartado de plano, debido a su uso de ediciones «no críticas» de los padres. Las ediciones «críticas» actuales de los padres, sin embargo, siguen la práctica antes mencionada de eliminar las lecturas bizantinas distintivas cuando no están confirmadas por comentarios directos. Si no fuera así, el texto de los padres sería reconocido como mucho más bizantino de lo que permite la opinión actual. (https://www.skypoint.com/members/waltzmn/RobPier.html)

Cuando primero leí lo que Robinson escribió, llegué a pensar que no concordaba con Burgon en cuanto a una cantidad abrumadora de citas patrísticas muy antiguas favoreciendo el texto bizantino. Pero él expresa que lo anterior solo fue bajo ciertas premisas (que él mismo considera injusto) insistido por los promotores del texto crítico:

El punto ciego textual ocurre con respecto a ciertas lecturas de doble alineación (es decir, lecturas respaldadas por manuscritos alejandrinos y bizantinos o por manuscritos occidentales y bizantinos). Aquellas lecturas que están respaldadas por una combinación bizantino-alejandrina se denominan «alejandrinas» y se considera que se incorporaron «más tarde» al texto bizantino emergente. Asimismo, las lecturas respaldadas por una combinación bizantino-occidental se consideran únicamente «occidentales», posteriormente adoptadas por los escribas de la era bizantina. La mente sin prejuicios puede ver fácilmente cuán seriamente este enfoque plantea toda la pregunta. Desde la perspectiva actual, las alineaciones bizantino-alejandrina y bizantino-occidental son simplemente esas lecturas de los autógrafos de la forma del texto bizantino de las que los manuscritos alejandrinos u occidentales no se desviaron, una imagen muy diferente.

Por lo tanto, los manuscritos alejandrinos son en sí mismos mucho más «bizantinos» de lo que se les ha atribuido, si solo sus lecturas se consideran primero desde una perspectiva de prioridad bizantina. Asimismo, los manuscritos occidentales también son mucho más «bizantinos» de lo que se ha afirmado, si se ven desde el punto de vista de la prioridad bizantina. Los investigadores simplemente no deben plantear la pregunta asumiendo que el punto está probado, sino que deben ubicarse justamente en medio de hipótesis opuestas para obtener una perspectiva adecuada de cada punto de vista.

Cuando este principio se aplica a las lecturas que se encuentran en los padres, el resultado parecerá sorprendente. Muchas lecturas alejandrinas u occidentales de doble alineación que «tipifican» y categorizan el texto de varios padres repentinamente se verá que han sido bizantinas todo el tiempo, reclasificadas solo porque la alineación bizantina con tales lecturas fue ignorada, de acuerdo con una teoría que requiere la eliminación de cualquier cosa «bizantina» que coincidiera con otros tipos de texto «anteriores». Por defecto, las únicas lecturas «bizantinas» que quedan en los primeros padres son aquellas clasificadas como «distintivas» por Hort, y muchas de ellas se descartan sumariamente como acomodaciones de los escribas al texto dominante posterior si no se hace ningún comentario expreso al respecto. Por lo tanto, no es de extrañar que la opinión predominante sobre el texto de los padres choca tan severamente con las afirmaciones de Burgon de que un número mucho mayor de lecturas patrísticas eran esencialmente bizantinas.

La evidencia patrística, por lo tanto, requiere una nueva investigación completa desde la perspectiva de prioridad bizantina para ver si podría ocurrir algún cambio estadístico. También es importante señalar que los padres «teólogos escritores» del siglo V de la parte oriental (de habla griega) del imperio ya tenían en la mano lo que parece ser un texto básicamente bizantino. Es difícil explicar de dónde vino este texto tan rápidamente si no se produjo una revisión bizantina. La actual reconstrucción de la historia de la transmisión explicaría satisfactoriamente la presencia de una forma textual completamente bizantina en los padres del siglo V. También explicaría la falta de un texto claramente bizantino en cualquier padre durante el período en el que muchos manuscritos populares e incontrolados circularon en medio de la persecución, y durante un tiempo después. (https://www.skypoint.com/members/waltzmn/RobPier.html)

Como han demostrado Burgon / Miller, cuando estas lecturas comúnmente compartidas se cuentan como bizantinas (por el bien de la hipótesis), la proporción de lecturas bizantinas y no bizantinas en el período anterior al siglo IV es de 3:2. (Robinson, Maurice. Cited in Andersen, T. David. “Arguments for and against the Byzantine and Alexandrian Text Types” https://www.academia.edu/31129472/Arguments_for_and_against_the_Byzantine_and_Alexandrian_Text_Types)

Lo siguiente es una colección de más citas del artículo de Suggs con el que comenzamos:

La primera necesidad de estudio patrístico es un texto confiable de los escritos del padre. Los manuscritos de obras patrísticas que poseemos están casi todos separados de sus autógrafos por varios siglos. El problema de las ediciones críticas adecuadas se complica por el hecho de que los manuscritos de los padres pueden sufrir corrupción especial en sus citas bíblicas. (p. 140)

El alumno del texto del Nuevo Testamento quiere saber con qué precisión lo que el padre escribió refleja lo que pudo haber leído en su Biblia. ¿Ha consultado el padre realmente un Nuevo Testamento antes de citar? ¿Pretende siquiera citar, o es una cita particular solo una alusión? ¿Ha alterado el padre el pasaje bíblico por el bien del estilo o para adaptarse a su posición teológica? (p. 141)

Aunque en diferentes artículos hay mención de proyectos que se han iniciado para reproducir las citas de los diversos padres, todavía queda mucho por hacer. Es probable que el proyecto más ambicioso es la división patrística de The International Greek New Testament Project (IGNTP). Parte de la complicación es la obtención de citas de la fuente más primaria posible, y la determinación si en realidad la cita fue citada con la intención de ser exacta o una alusión o paráfrasis. En mi opinión, todas las citas posibles deben ser provistas, para que el estudiante informado haga su propia decisión si una cita particular fue escrita con la intención de ser literal, una alusión o un paráfrasis. Aún el índice masivo de Burgon no servirá para el propósito de un proyecto que se aproxime a ser exhaustivo, si de alguna forma se lograra reproducir. Esto es debido a que el índice de Burgon no es nada más que un índice; no contiene citas. Pero sería una herramienta de utilidad para los que intentan compilar citas de los «padres» de la iglesia.

En 1987 Kurt Aland (conocido como editor principal del Nuevo Testamento crítico que lleva su nombre en el título, Nestle-Aland) publicó el artículo «The Text of the Church?» Trinity Journal. 8, 1987. Dicho artículo contiene un resumen de un estudio de como citas patrísticas caen dentro del rango del texto egipcio (otra forma de referirse al texto alejandrino) y del texto mayoritario, además de lecturas que son comunes a ambos textos. Hemos traducido las estadísticas de Aland en la forma que él lo presentó, con la primera serie culminando con el fin del tercer siglo:

Marción (94 pasajes): 72% contra el Texto Mayoritario (32% de los cuales muestran un acuerdo con el «texto egipcio»), 10% común a ambos textos, y 18% con el Texto Mayoritario.
Ireneo (181 pasajes): 67% contra el Texto Mayoritario (24% de los cuales muestran un acuerdo con el «texto egipcio»), 16,5% común a ambos textos, y 16,5% con el Texto Mayoritario.
Clemente de Alejandría (161 pasajes): 56% contra el Texto Mayoritario (24% de los cuales muestran un acuerdo con el «texto egipcio»), 29% común a ambos textos, y 15% con el Texto Mayoritario.
Orígenes (459 pasajes): 55% contra el Texto Mayoritario (30% de los cuales muestran un acuerdo con el «texto egipcio»), 28% común a ambos textos, y 17% con el Texto Mayoritario.
Hipólito (33 pasajes): 61% contra el Texto Mayoritario (24% de los cuales muestran un acuerdo con el «texto egipcio»), 31% común a ambos textos, y 19% con el Texto Mayoritario.
Metodio (32 pasajes): 50% contra el Texto Mayoritario (25% de los cuales muestran un acuerdo con el «texto egipcio»), 31% común a ambos textos, y 19% con el Texto Mayoritario.
Adamantio (29 pasajes): 48% contra el Texto Mayoritario (24% de los cuales muestran un acuerdo con el «texto egipcio»), 21% común a ambos textos, y 31% con el Texto Mayoritario.

Aquí abajo continúa las tabulaciones de Aland empezando con el cuarto siglo, con la fecha de muerte de cada padre en paréntesis:

Asterio (341): 30 pasajes, 10% contra el Texto Mayoritario (sin acuerdos exclusivos con el «texto egipcio»), 40% común a ambos textos, y 50% con el Texto Mayoritario.
Basilio (379): 249 pasajes, 21% contra el Texto Mayoritario (11% de los cuales muestran un acuerdo con el «texto egipcio»), 39% común a ambos textos, y 40% con el Texto Mayoritario.
Constituciones apostólicas (380): 46 pasajes, 26% contra el Texto Mayoritario (11% de los cuales muestran acuerdo con el «texto egipcio»); 33% común a ambos textos, y 41% con el Texto Mayoritario.
Epifanio (403): 114 pasajes, 48% contra el Texto Mayoritario (23% de los cuales muestran acuerdo con el «texto egipcio»); 33% común a ambos textos, y 41% con el Texto Mayoritario.
Crisóstomo (407): 915 pasajes, 21,5% contra el Texto Mayoritario (8,5% de los cuales muestran un acuerdo con el «texto egipcio»); 38% común a ambos textos, y 40,5% con el Texto Mayoritario.
Severiano (408): 91 pasajes, 33% contra el Texto Mayoritario (9% de los cuales muestran acuerdo con el «texto egipcio»); 37% común a ambos textos, y 30% con el Texto Mayoritario.
Teodoro de Mopsuestia (428): 28 pasajes, 32% contra el Texto Mayoritario (14% de los cuales muestran acuerdo con el «texto egipcio»); 29% común a ambos textos, y 39% con el Texto Mayoritario.
Marcos Eremita (430): 37 pasajes, 30% contra el Texto Mayoritario (19% de los cuales muestran acuerdo con el «texto egipcio»); 35% común a ambos textos, y 35% con el Texto Mayoritario.
Hesiquio (450): 84 pasajes, 30% contra el Texto Mayoritario, 12% de los cuales muestran acuerdo con el «texto egipcio»); 37% común a ambos textos, y 33% con el Texto Mayoritario.
Teódoto (445): 16 pasajes, 25% contra el Texto Mayoritario (12,5% de los cuales muestran acuerdo con el «texto egipcio»); 37,5% común a ambos textos, y 37,5% con el Texto Mayoritario.
Teodoreto (466): 481 pasajes, 17% contra el Texto Mayoritario (6% de los cuales muestran acuerdo con el «texto egipcio»); 41% común a ambos textos, y 42% con el Texto Mayoritario.
Juan de Damasco (749): 63 pasajes, 20% contra el Texto Mayoritario (11% de los cuales muestran acuerdo con el «texto egipcio»); 40% común a ambos textos, y 40% con el Texto Mayoritario.

Inmediatamente después de sus tabulaciones, Aland afirma lo siguiente de forma burlona:

Ahora finalmente es obvio que las suposiciones hechas por Hodges y los otros protagonistas del texto mayoritario son indefendibles, y que toda la estructura que han construido se desmorona en un montón de pura ficción.

Deseo hacer las siguientes observaciones acerca de las tabulaciones de Aland:

  • Hay errores obvios en las cifras para Hipólito y Epifanio, porque la suma de los porcentajes excede el 100%.
  • No incluye cifras para lecturas que caen dentro del texto occidental, o que de alguna forma no caen dentro del texto alejandrino o bizantino.
  • Da la cifra para el porcentaje del total que corresponde al texto mayoritario sin que se mezcle con otro texto, pero no hace lo mismo para el texto alejandrino (del 100%).
  • Da una cifra de los porcentajes «contra el texto mayoritario», pero no hace lo mismo con el texto alejandrino. Por tanto creo que hay un elemento desorientador en todo esto.

Wilbur Pickering estudió las tabulaciones de Aland, y expresó sus críticas del modo de presentación en un estudio disponible en https://www.prunch.com.br/wp-content/uploads/2018/09/ALAND-Biblica.pdf

Pickering no disputó la investigación patrística de Aland, pues las tabulaciones de Aland no fueron acompañados con documentación acerca de cuáles citas se utilizaron de cuáles fuentes, lo cual no hubiera sido práctico en un artículo breve. Pero el argumento de Pickering en su crítica se centró en la ambigüedad de la presentación de ciertos datos. Hemos traducido las porciones más relevantes de la crítica de Pickering:

En la página 139 llegamos a la tabulación de citas patrísticas del NT. El giro de la frase puede resultar ambiguo. Por ejemplo, dice que Orígenes es: «55% contra el Texto Mayoritario (30% de los cuales muestran un acuerdo con el «texto egipcio»), 28% común a ambos textos, y 17% con el Texto Mayoritario». 55 + 28 + 17 = 100. El problema radica en la frase «de los cuales». En inglés normal, «de los cuales» se refiere al 55% (no al 100%); entonces debemos calcular el 30% del 55%, lo que nos da el 16,5% (del total). 55 menos 16,5 deja un 38,5% que no es ni egipcio ni mayoritario, por lo tanto, «otros». Trazaré las estadísticas sin ambigüedades, siguiendo esta interpretación.

Aquí Pickering incorpora su tabla de datos usando las cifras de Aland, pero añade una columna para que refleje «egipcio solamente» en relación al 100%, y añade una columna para lo que resta del 100% que no cae dentro de «egipcio solamente», «ambos egipcio y mayoritario» y «mayoritario solamente»:

Padre Fecha muerte Egipcio solamente Ambos egipcio y mayoritario Mayoritario solamente Otros (menos egipcio y mayoritario) # de pasajes
Marción 160? 23% 10% 18% 49% 94
Ireneo 202 16% 16,5% 16,5% 51% 181
Clemente de Alejandría 215 13,5% 29% 15% 42,5% 161
Hipólito 235 14,5% 31% 19% 46,5% 33
Orígenes 254 16,5% 28% 17% 38,5% 459
Metodio 280 12,5% 31% 19% 37,5% 32
Adamantio 300 11,5% 21% 31% 36,5% 29
Asterio 341 0% 40% 50% 10% 30
Basilio 379 2,5% 39% 40% 18,5% 249
Constituciones apostólicas 380? 3% 33% 41% 23% 46
Epifanio 403 11% 33% 41% 37% 114
Crisóstomo 407 2% 38% 40,5% 19,5% 915
Severiano 408 3% 37% 30% 30% 91
Teodoro de Mopsuestia 428 4,5% 29% 39% 27,5% 28
Marcos Eremita 430 5,5% 35% 35% 24,5% 37
Teódoto 445 3% 37,5% 37.5% 22% 16
Hesiquio 450 3,5% 37% 33% 26,5% 84
Teodoreto 466 1% 41% 42% 16% 481
Juan de Damasco 749 2% 40% 40% 18% 63

Lo siguiente es la explicación de la primera tabla de datos de Pickering con una introducción al siguiente:

Una cosa se hace evidente de un vistazo. Con la única excepción de Marción, cada uno de los padres usó el Texto Mayoritario más que el Egipcio. Incluso en los casos de Clemente y Orígenes (en Egipto, por lo tanto) se prefiere el texto mayoritario sobre el egipcio, y a finales del siglo III la preferencia es inequívoca. Esto es sorprendente, porque va en contra de casi todo lo que nos han enseñado durante todo este siglo. Quizás hemos malinterpretado la declaración de Aland; de hecho, escribió en alemán y es posible que su traductor no le sirviera bien. Volviendo a Orígenes, se nos dice que está «el 55% en contra del texto mayoritario (el 30% de los cuales muestran estar de acuerdo con el ‘texto egipcio’), …» Pensándolo bien, probablemente se supone que el «de los cuales» se refiere al total. En ese caso, una forma menos ambigua de presentar las estadísticas sería decir: «30% con el texto egipcio, 17% con el texto mayoritario, 28% común a ambos y 25% diferente de ambos». Trazaré sus estadísticas de esta manera, usando «otro» para la última categoría:

Padre Fecha muerte Egipcio solamente Ambos egipcio y mayoritario Mayoritario solamente Otros (menos egipcio y mayoritario) # de pasajes
Marción 160? 32% 10% 18% 40% 94
Ireneo 202 24% 16,5% 16,5% 43% 181
Clemente de Alejandría 215 24% 29% 15% 32% 161
Hipólito 235 24% 18% 21% 37% 33
Orígenes 254 30% 28% 17% 25% 459
Metodio 280 25% 31% 19% 25% 32
Adamantio 300 24% 21% 31% 24% 29
Asterio 341 0% 40% 50% 10% 30
Basilio 379 11% 39% 40% 10% 249
Constituciones apostólicas 380? 11% 33% 41% 15% 46
Epifanio 403 23% 30% 22% 25% 114
Crisóstomo 407 8,5% 38% 40,5% 13% 915
Severiano 408 9% 37% 30% 24% 91
Teodoro de Mopsuestia 428 14% 29% 39% 18% 28
Marcos Eremita 430 19% 35% 35% 11% 37
Teódoto 445 12,5% 37,5% 37,5% 12,5% 16
Hesiquio 450 12% 37% 33% 18% 84
Teodoreto 466 6% 41% 42% 11% 481
Juan de Damasco 749 11% 40% 40% 9% 63

(Asumiré que esta segunda exhibición es más probablemente lo que pretendía Aland, por lo que cualquier discusión posterior de la evidencia de estos primeros padres se basará en ella).

Algo que Aland no explica, pero que absolutamente exige atención, es hasta qué punto estos primeros padres aparentemente no citaron ni los textos egipcios ni los de la mayoría, una pluralidad de los cuatro primeros. ¿Debería interpretarse esto como una prueba en contra de la autenticidad de los textos mayoritario y egipcio? Probablemente no, y por la siguiente razón: debe hacerse una cuidadosa distinción entre cita, cita exacta y transcripción. Una persona responsable de la transcripción de una copia tendrá ante sí el ejemplar e intentará reproducirlo exactamente. Una persona que cita uno o dos versículos de memoria está sujeta a una variedad de trucos mentales y puede crear nuevas lecturas que no provienen de ninguna tradición textual. Una persona que cita un texto en un sermón variará como sería de esperar el giro de la frase para lograr un efecto retórico. Toda cita patrística debe evaluarse teniendo en cuenta estas distinciones y no debe llevarse más allá de sus límites.

A mi conocimiento, Aland nunca respondió a la crítica de Pickering ni ofreció ninguna aclaración antes de fallecer. Por tanto hay algunos misterios acerca del modo de su presentación que quizás nunca recibirán una aclaración total. Hay un caso de un reconocido profesor partidario del texto alejandrino quien respondió a la crítica de Pickering sobre el asunto. Se trata de Dan Wallace en su artículo, The Majority Text and the Original Text: Are They Identical? Wallace no expresó desacuerdo con las cifras de Pickering en su intento de incorporar los porcentajes faltantes. Lo voy a demostrar por traducir lo que Wallace expresó. No estoy de acuerdo con las conclusiones obstinadas de Wallace, pero los he incluido para demostrar que no disputó las cifras mismas de Pickering, aunque de forma conveniente no las incorporó:

Hay que hacer aquí algunos comentarios sobre el reciente estudio de Aland en Trinity Journal, ya que este estudio parece contrarrestar esta afirmación (cf. nota 43). En primer lugar, no es crítico, como incluso Pickering señala (“The Text of the Church,” p. 4).

En segundo lugar, incluso con todas las asignaciones hechas en la dirección del texto mayoritario, es decir, combinando porcentajes de lecturas que a) apoyan el texto mayoritario contra el texto alejandrino y aquellos que b) apoyan el texto mayoritario, así como el texto alejandrino, uno encuentra que:

Marción (c. 160?) apoyó el Texto Mayoritario 28% de veces (18% contra el Alejandrino);
Ireneo (murió 202) apoyó el Texto Mayoritario 33% (16,5% contra el Alejandrino);
Clemente de Alejandría (murió 215) apoyó el Texto Mayoritario 44% (15% contra el Alejandrino);
Orígenes (murió 254) apoyó el Texto Mayoritario 45% (17% contra el Alejandrino);
Hipólito (murió 235) apoyó el Texto Mayoritario 50% (19% contra el Alejandrino);
Metodio (280?) apoyó el Texto Mayoritario 50% (19% contra el Alejandrino);
Adamantio (murió 300) apoyó el Texto Mayoritario 52% (31% contra el Alejandrino)
Asterio (murió 341) apoyó el Texto Mayoritario 90% (50% contra el Alejandrino);
Basilio (murió 379) apoyó el Texto Mayoritario 79% (40% contra el Alejandrino);
Constituciones apostólicas (380?) apoyó el Texto Mayoritario 74% (41% contra el Alejandrino);
Epifanio (murió 403) apoyó el Texto Mayoritario 74% (41% contra el Alejandrino);
Crisóstomo (murió 407) apoyó el Texto Mayoritario 88,5% (40.5% contra el Alejandrino); etc.

No es cuestión aquí si estos escritores utilizaron el texto egipcio; de hecho, tal vez Aland exagera esto (y Pickering lo señala hábilmente). Pero suponer que usaron el texto bizantino como su texto principal no es cierto antes de A.D. 341. (Compárese Asterio, arriba, con sus predecesores.)

En tercer lugar, Pickering aduce que «cualquier afirmación que Aland formule para el texto egipcio, sobre la base de estos padres, es una afirmación que puede hacerse aún más fuerte para el texto Mayoritario». (p. 3). Pero esto sólo sería cierto si el apoyo de los padres a las lecturas del texto mayoritario fuera el apoyo a las lecturas distintivas de textos mayoritarios. Si tales lecturas se encuentran en el texto occidental, por ejemplo, entonces es una gran duda verlas necesariamente en apoyo del texto mayoritario en una fecha tan temprana. A este respecto, es significativo que Hort sostuvo que no había encontrado ninguna lectura bizantina distintiva en los padres en los primeros tres siglos, un punto que Fee volvió a enfatizar. (https://bible.org/article/majority-text-and-original-text-are-they-identical)

[Con la fórmula que Wallace utilizó, hay un error para el porcentaje de Crisóstomo. Debe ser 78,5 en su fórmula para el Texto Mayoritario]

En la opinión de Wallace se puede percibir el criterio que desean imponer al texto bizantino. A saber, que si una lectura bizantina coincide con una lectura occidental, entonces no es una «lectura bizantina distintiva». Personalmente no veo a los partidarios del texto alejandrino insistiendo en «lecturas alejandrinas distintivas» que no coinciden con el texto occidental. Eso nivelaría más el asunto. Note por ejemplo la confesión de un texto crítico reconocido en cuanto a cuan débil es la designación del texto occidental:

En cuanto a los «occidentales», como se ha dicho desde hace mucho tiempo, lo principal que tienen en común los manuscritos de este tipo es que, si bien difieren de los de otros tipos, se diferencian casi tanto entre sí. (Parker, D. C. An Introduction to the New Testament Manuscripts and their Texts. Cambridge: Cambridge University Press, 2008, p. 171)

Aunque la designación del texto occidental es un asunto tan temerario, quieren usarlo cuando conviene para quitarle una ventaja al texto bizantino. Parece como que el criterio fue diseñada arbitrariamente para que el texto bizantino siempre salga perdiendo. Hay casos donde la designación de textos son muy subjetivos.

En una publicación respetada por eruditos, Birdsall señala la práctica preocupante de sugerir que ciertas citas patrísticas son producto de paráfrasis o una memoria defectuosa si no se ajustan a la narrativa que uno desea:

Ha sido un procedimiento crítico utilizar las citas de los padres y otros escritores cristianos primitivos para eliminar o localizar tipos específicos de texto. Como hemos insinuado, se puede argumentar que se debe depositar una confianza aún mayor en estos testigos del estado del texto en los períodos más tempranos como guías para la erudición actual en el establecimiento del texto. Se ha sugerido con demasiada frecuencia que en la mayoría de los casos las variaciones encontradas en estas fuentes son el resultado de una paráfrasis o de una memoria inexacta, mientras que posteriormente se ha demostrado que las citas así descartadas están justificadas por el descubrimiento de manuscritos o por la investigación de las versiones. (Birdsall, J. N. “The New Testament Text.” The Cambridge History of the Bible. Vol. 1. Cambridge: Cambridge University press, 1970, p. 330)

Una cita más para los lectores que pacientemente han llegado hacia el fin:

Varios de estos estudios han llegado a conclusiones importantes. Por ejemplo, el estudio de James Brooks sobre Gregorio de Nisa, el estudio de Jean-Francois Racine sobre Basilio el Magno y el estudio de Rod Mullen sobre Cirilo de Jerusalén han demostrado que cada uno de estos padres representa una forma temprana de la tradición textual bizantina, impulsando la más antigua etapas del tipo de texto bizantino hasta finales del siglo IV. Al mismo tiempo, el estudio de Bart Ehrman de las citas de Dídimo el Ciego mostró que este importante padre del siglo IV fue un sólido testigo del tipo de texto alejandrino; (Metzger, Bruce and Bart Ehrman. The Text of the New Testament. Oxford: Oxford University Press, 2005, p. 130)

Anteriormente cité a Heuer expresando objeciones acerca de las citas de Burgon, con una preocupación que podría incluir casos de citas de memoria (una consideración válida) entre otra cosas. ¡Pero acabo de citar a Metzger y Ehrman expresando que las citas de un padre ciego (sí, ¡ciego!) del siglo IV son “un sólido testigo del tipo de texto alejandrino”!

En cuanto a lo que se enfatiza repetidamente de que no hay citas patrísticas del texto bizantino (aparte de lecturas aisladas) antes de Crisóstomo, deseo añandir esta observación pertinente:

Los partidarios de la teoría Westcott-Hort señalan que Crisóstomo (quien floreció en la última mitad del siglo IV) es el primer padre en utilizar el texto bizantino. Sin embargo, por lo general se olvidan de mencionar que no hay padres antioquianos anteriores a Crisóstomo cuyas obras literarias sobrevientes son lo suficientemente extensos como para que sus citas del Nuevo Testamento puedan analizarse en cuanto al tipo de texto que apoyan. Se ha pedido que el argumento del silencio de los padres tenga más peso del que es capaz de sostener. ¿Cómo se puede esperar que los padres de otras áreas que utilizan otros tipos de textos locales sean testigos del texto de Antioquía [bizantino]? ¿Y cómo podría esperarse que el texto de Antioquía (es decir, la forma anterior del mismo) pueda ser atestiguado por padres que han dejado poco o nada escrito? (Sturz, Harry. The Byzantine Text-Type and New Testament Textual Criticism. Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1984, pp. 80-81)

No es mi deseo crear teorías de conspiración acerca de críticos textuales. Estoy abierto al diálogo respetuoso, y por tanto proveo un forma para someter comentarios al fin del artículo. La crítica textual es una disciplina ardua, que requiere muchos años de estudio y una dedicación increíble, lo cual se debe respetar. Pero a la vez creo que debe haber un sano escepticismo en cuanto a la crítica textual tradicional, porque con frecuencia conlleva una forma de pensar innata que necesita ser desafiado por personas informadas fuera de su círculo.

 

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