¿Cómo y dónde están las almas de los muertos?

Conferencia pronunciada por radio el 27 de Junio de 1948 en la Hora Evangélica de la Iglesia Bautista de La Habana.

Revista Evangélica, 1948

Estimados radio-oyentes:

En la revista «Selecciones,» de junio de 1943, apareció un artículo titulado: «Houdini el Mago Falta a su Cita Final.» Houdini murió en octubre de 1926, y antes de morir le prometió a su esposa, que si le era posible él volvería del mundo de los muertos. Conforme a esta promesa la esposa lo esperó con una lamparita encendida durante 10 años; pero al cumplirse éstos apagó la lámpara diciendo: «Houdini no ha vuelto y no creo que vuelva más.» Mientras el famoso mago estuvo en este mundo los hombres no pudieron idear medio alguno para sujetarlo en prisión. Para Houdini no hubo cárcel, ni cerrojo; ni cadenas, ni candados, que fuesen capaces de mantenerlo preso. De todo se libró. De todo se burló.

Pero al fin entró en un lugar de donde no pudo salir, de donde no pudo volver.

¿Dónde está Houdini el mago?

El patriarca Job dijo — hace miles de años: El hombre morirá … y dónde estará él?

Esta es una pregunta que ha interesado, e interesa, a toda la humanidad. Hablamos el domingo pasado acerca de la inmortalidad del alma y hemos visto que la Palabra de Dios nos enseña que el alma no muere con el cuerpo.

El mensaje de esta mañana es una respuesta a la siguiente interrogación:

¿Cómo y dónde están las almas de los muertos?

La historia de la raza humana no ha conocido un pueblo o tribu — por salvaje o civilizado que éste haya sido — que no haya creído que hay otra vida más allá de lo que nosotros llamamos la muerte. Todos los pueblos de la tierra creen en la continuación de la vida. Todos los grandes núcleos religiosos, que el mundo ha conocido han tratado el problema del futuro sobre la base de una realidad positiva. Tomemos esto como evidencia a favor de la inmortalidad del alma.

Y a continuación – contestando a la pregunta: ¿Cómo y dónde están las almas de los muertos? — diremos en síntesis, lo que han enseñado, y enseñan, algunas religiones y finalmente lo que enseña la religión genuinamente cristiana, tal como lo vemos en el Nuevo Testamento:

a) Veamos, en primer lugar, lo que creían los antiguos egipcios:

Se ha dicho que el egipcio era un pueblo que vivía para embalsamar a sus muertos. El esmero con que ellos cuidaban de los cadáveres se debía a la creencia de que cuando uno se moría se iba de aquel cuerpo al ser impalpable, una especie de soplo, al que ellos llamaban «El Doble,» el cual seguía viviendo cerca del cuerpo mientras este no se corrompía. Por esta causa colocaban en los sepulcros muebles, víveres y otros utensilios, los cuales destinaban al uso del Doble que tenía — según ellos – las mismas necesidades de los vivos.

Los egipcios — según los historiadores — creían que el alma era inmortal, y que en algún tiempo, después de la muerte del cuerpo, el alma debía de presentarse delante del dios Osiris, supremo juez, donde era examinada por un tribunal de 42 jueces.

Si el juicio era favorable el alma pasaba a la región superior de la luz. De lo contrario descendía a la región inferior de tinieblas, y sufrimiento.

b) Veamos — en segunda lugar — lo que cree el Brahmanismo hindú. La religión más antigua de la India es el Brahmanismo. Cuyo nombre se deriva de Brama, el dios supremo de la trinidad hindú. El libro fundamental del Brahmanismo es el «Darmasastra» llamado también «Código del Manú.»

El Darmasastra, se compone de 12 libros, el último de los cuales trata de la transmigración de las almas. Dice un historiador que «el Brahmanismo afirma la inmortalidad del espíritu con premios y castigos en la otra vida pero no eternos.»

Las almas vuelven después de cierto tiempo, al mundo para reencarnar en una persona, o en un animal, según se merezcan; y estas reencarnaciones se repiten hasta una completa purificación después de la cual vuelven a fundirse en Brama, el dios supremo.

Dice el libro que trata de las almas, que la persona que mata a un braman, tiene que reencarnar en un perro, un puerco, o un asno.

El braman que se emborrache con bebidas alcohólicas, renace en un gusano.

El que robe, se tiene que convertir 1000 veces en una araña, serpiente o camaleón, etc.

c) El Budismo es una rama del Brahmanismo, y está extendido en toda Asia con más de 500 millones de adictos. Las enseñanzas Budistas en cuanto al alma, vienen finalmente a ser las mismas de las Brahmanismo. Las religiones practicadas por los antiguos chinos se parecen en lo que al alma se refiere a las creencias hindúes.

d) Los antiguos persas, creían que cuando el alma se separaba del cuerpo se encontraba con ángeles buenos y malos los cuales se disputaban su posesión. Acompañada por las dos clases de ángeles se presentaba en la entrada del puente Tchisnevad, que conduce a la eternidad, y allí, es examinada por los dioses Ormuz y Basman, que al fin dictan la sentencia eterna.

Las almas buenas van al paraíso, llamado por los persas Gorotman, país del bien, de luz, de felicidad, y de placer.

Las almas malas van al infierno llamado, Duzah, país de tinieblas y de sufrimiento.

La historia atribuye a Ciro, el fundador del imperio persa, las siguientes palabras, pronunciadas en su lecho de muerte: «Jamás he podido persuadirme, que el alma que vive mientras está en un cuerpo mortal, se extinga apenas sale de él, y que pierda la facultad de raciocinar por abandonar lo que es incapaz de raciocinio.»

e) Los incas del Perú, creían en la existencia del alma, y según ellos, ésta estaba dotada de inteligencia y de todas las facultades del entendimiento, siendo una sustancia distinta y diferente del cuerpo; consideraban el alma como inmortal. Creían que el alma era premiada o castigada según sus buenas o malas acciones.

Las almas buenas iban a una morada que ellos llamaban Haman-Pacha, o sea el alto mundo. Las almas malas iban a Ven-Pacha, esto es, el mundo inferior.

El mundo actual era para los incas, el mundo intermedio, entre el cielo y el infierno, al cual llamaban Hurin-Pacha, el mundo corrompido.

f) Consideremos ahora lo que enseña el espiritismo. La doctrina espiritista, en cuanto al alma, se concreta a que el alma tiene que purificarse por medio de sucesivas reencarnaciones.

Ahora bien: si el alma llega a purificarse algún día, ¿será de ella después?

La única respuesta del espiritismo es que el alma vaga por el espacio.

El espiritismo no presenta nada positivo, respecto al estado futuro del alma.

g) Consideremos, a continuación, la doctrina romana en cuanto al futuro del alma. La religión romana, según aparece en los libros, acepta la inmortalidad del alma, y dicen que el alma puede ir a uno de tres lugares, que llaman, cielo, purgatorio, e infierno.

Resumiendo las creencias que hemos presentado hasta aquí, en relación con nuestro tema, podemos sintetizarlas en los siguientes puntos:

a) Es universal la creencia en la inmortalidad del alma.

b) Es universal la creencia en que hay otra vida y que no tiene fin.

c) Es universal la creencia en premios y castigos más allá de la muerte y como resultado de la vida aquí (en este mundo).

Según todas las religiones que hemos presentado el alma tiene que purificarse de sus pecados por medio del sufrimiento propio, por el hecho de que desconocen la doctrina de la gracia que ofrece el perdón y la purificación por la fe en la sangre derramada por un Salvador.

¿Cómo y dónde están las almas de los muertos?

Esta es una cuestión que interesa a todo ser humano. Todos reclamamos una respuesta concreta a esta interrogación; pero tal respuesta no se puede hallar en ninguna de las religiones del mundo. Únicamente en las enseñanzas de Cristo, según se hallan en el Nuevo Testamento podemos hallar la luz que anhelamos respecto al estado de las almas, más allá de la muerte física.

Hace unas semanas recibimos una carta de un amigo que nos oye regularmente, el que, entre otras cosas nos decía: «Algo que con verdadero anhelo quiero suplicarle, es un estudio sobre el alma. Tengo una hijita muerta y sé que murió en Jesús, pero quiero y necesito saber si los muertos viven o no, más allá. ¡Ayúdeme! No sabe cuánto necesito esta ayuda.»

¿Dónde está mi hija querida? ¿Vive su alma o está muerta? He aquí el anhelo suplicante de nuestro amigo radio oyente. Miles de padres y madres; de hijos y hermanos, se hacen la inmensa pregunta frente a la realidad de sus seres amados que se han ido por la puerta de la muerte.

¿Cómo y dónde están las almas de nuestros seres amados? La Palabra de Dios responde a esta interrogación de manera satisfactoria, impartiendo luz y derramando consuelo en el alma de la humanidad.

En el Nuevo Testamento se nos enseña que las almas de los que mueren confiados en Jesús van, inmediatamente, a la presencia de Dios. Esto es lo que el apóstol Pablo creía y predicaba como veremos a continuación.

Dice el apóstol Pablo en Filipenses 1:21 al 23, lo siguiente: «Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne, esto me será para fruto de la obra, no sé entonces qué escoger; porque de ambas cosas puesto en estrecho, teniendo deseo de ser desatado y estar con Cristo lo cual es mucho mejor.»

Entre la vida y la muerte, Pablo dice que la muerte es mucho mejor ¿por qué? Porque la muerte implica el ser desatado de este cuerpo enfermizo y mortal; y el ser desatado del cuerpo, para el cristiano significa ir a la presencia de Dios directamente.

Fijemos nuestra mente en estas palabras. Dice Pablo: «Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho.» ¿A quién se refiere Pablo en la expresión, «ambas cosas»? Se refiere a vivir en la carne, esto es, en el cuerpo; o a vivir separado del cuerpo. Entre estas dos cosas: el vivir en el cuerpo o separado del cuerpo: Pablo prefería «ser desatado del cuerpo y estar con Cristo lo cual es mucho mejor.» Para Pablo la muerte venía a ser una bendición, porque era la puerta que se abría para darle paso hasta la misma presencia de Cristo.

Veamos lo que dice Pablo en su segunda epístola a los cristianos de Corinto, capítulo 5; versículos 6 y 8.

«Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo, que entretanto que estamos en el cuerpo, peregrinamos ausentes del Señor; mas confiamos, y más quisiéramos partir del cuerpo y estar presentes al Señor.»

No puede haber nada más claro que este pasaje del apóstol.

Mientras que vivimos en el cuerpo, peregrinamos ausentes del Señor.

Cuando dejamos el cuerpo estamos presentes con el Señor.

Por eso Pablo dice: «Estamos deseosos de ausentarnos del cuerpo, y estar presentes con el Señor» (V.M.)

El Señor Jesús ha dicho: «No temáis a los que matan el cuerpo, más al alma no la pueden matar.»

Y Pablo nos dice que cuando muere el cuerpo, el alma va a la presencia del Señor; y el Señor está sentado a la diestra de Dios el Padre.

Y con esta línea de pensamiento concuerda toda la Sagrada Escritura.

Hablando de estos pasajes del apóstol Pablo, que acabamos de citar, dice el Dr. Carroll: «Cuando perece el cuerpo, cuando el trabajo del hombre se ha acabado, sin ninguna interrupción en la continuación de su ser, al momento de su muerte, su alma está donde está Jesús,» y a continuación Carroll da, como ejemplo el siguiente caso: Una señora, que había sido compañera de Carroll en el colegio, lo mandó a buscar un día, y cuando éste llegó, la encontró moribunda, reclinada sobre unas almohadas y entonces la moribunda dijo: «Lo mandé a buscar porque esta es mi última noche en este mundo; y quiero que usted suplique a alguien que crea como nosotros acerca de la vida futura que venga a contarme acerca del cielo.» Entonces reuní unos pocos miembros de la iglesia — dice Carroll — y cantamos lo siguiente:

O, cantadme del cielo,
cuando llegue a morir,
cantadme cantos de gozo
para levantar mi alma al cielo.

Mientras cantábamos esto, podía verse la luz en su rostro, y cuando acabamos, ella repitió el último verso, cantándolo en voz muy débil y dulce, y acabó en un murmullo, que fue su último aliento. Aquella mujer entendía — dice Carroll — lo que Pablo dice en 2 Corintios: «Cuando estoy ausente del cuerpo estoy presente con el Señor.»

Y añade Carroll: «El que no cree que esto no puede ser un cristiano feliz.»

Nuestro Señor Jesucristo contó la historia de dos hombres que vivieron en el mismo pueblo: Uno de ellos era muy rico, y el otro era un pobre mendigo lleno de llagas, y dice Jesús que aconteció que murió el mendigo y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico y fue sepultado.

Y en el infierno alzó sus ojos estando en los tormentos, y … dando voces dijo: padre Abraham ten misericordia de mí … y díjole Abraham: Acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida y Lázaro también males, más ahora este es consolado aquí y tú atormentado ahí.»

¿Cómo y dónde están las almas de los muertos? Nuestro Señor contesta la interrogación en el capítulo 16 del Evangelio de San Lucas.

El Señor nos presenta el estado de dos almas después de la muerte. Pero nótese que es inmediatamente después de la muerte:

Murió el mendigo, y no se nos dice nada de su cuerpo, sino que los ángeles vinieron para acompañar su alma hasta donde estaba el santo Abraham. Murió el rico y sus amigos fueron y sepultaron su cuerpo, pero su alma estaba en el hades; el alma del rico estaba en la región de tormentos y el alma del mendigo estaba en el lugar de consuelo y paz. Fueron allí inmediatamente después de la muerte. Y en el capítulo 23 de San Lucas se nos dice que mientras el Señor Jesús estaba clavado en la cruz, uno de los dos ladrones que morían con él, le dijo: «Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.» Entonces Jesús le contestó: «De cierto de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.»

Jesús, le prometió, al llamado buen ladrón, que aquel mismo día ellos estarían juntos en el paraíso.

Como es natural, Jesús no se refería al cuerpo, ni a la sepultura, porque el ladrón arrepentido y el Señor no fueron enterrados en la misma sepultura. Además, la palabra paraíso tenía un significado que nadie empleaba con relación del cuerpo. Jesús hablaba del alma cuando dijo: «Hoy estarás conmigo en el paraíso.»

Los que no creen que el alma va a la presencia del Señor, dicen que en Lucas, capítulo 23, versículo 43, sobra una «coma» y la palabra «que.» La verdad es, que para que la Biblia diga lo que algunos desean que diga, le sobran y le faltan muchas comas, muchos verbos y muchas conjugaciones. Advertimos solemnemente, a nuestros radio oyentes que no confíen el futuro eterno de sus almas a las enseñanzas de grupos religiosos que comienzan por decir que a la Biblia le sobran palabras, sólo por el hecho de que esas palabras no están de acuerdo con lo que ellos enseñan.

El Señor Jesús habló de dos lugares: El cielo para los que han aceptado el mensaje del evangelio y para los niños que mueren antes de ser responsables de sus actos; y el infierno para todos los que no cree en el evangelio. Jesús habló de estos dos lugares. No habló de otros porque no los hay, ni son necesarios, según el evangelio.

El alma del cristiano a semejanza de Esteban, ve — al morir — los cielos abiertos y a Jesús en su gloria. Mis queridos radio oyentes:

No lloréis a vuestros seres queridos si han muerto en el Señor; no los lloréis por qué, como afirma el apóstol, separarse del cuerpo es estar presentes con el Señor. ¡Gloria al Señor! por esta bendita verdad, por esta bendita esperanza, por el gozo que esto trae a nuestros corazones. No miremos hacia la tumba como el destino final, miremos hacia el trono de la gloria de Dios.

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