Demas el desertor

La historia del hombre que desamparó a Pablo

Porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. 2 Tim. 4:10

Pablo le está escribiendo a Timoteo a quien llama su hijo en la fe. El anciano apóstol está preso en Roma, esperando ser enjuiciado, pero puede entrevistarse con sus amigos, y enviarlos en misiones a distintas iglesias. Demas es uno de sus ayudantes, bien conocido por Timoteo y por los demás amigos. Y Pablo tiene que enviar la triste noticia de que «Demas me ha desamparado, amando este siglo». Sabemos que había andado bien por un tiempo. Por segunda vez había seguido a Pablo a Roma. Pero se cansó del trabajo, de tratar de ganar a los inconversos y de tener que arreglar las diferencias entre los creyentes. Se cansó de mostrar el amor paciente que caracteriza a un pastor de almas. No quiso saber nada de seguir, con la falta de comodidades y frente al peligro de Roma. Miró hacia atrás, viendo el mundo que había abandonado, y cedió a las influencias de antaño que tanto le seducían.

Cuando reflexionamos sobre el triste hecho de que hay obreros cristianos que desertan las filas, nos planteamos muchos interrogantes. ¿Hubo un abandono interior antes de tomar el paso decisivo? Cuando se produce la deserción, por lo general, ésta ya ha estado en el corazón y en la mente durante mucho tiempo. A menudo hay en el alma una mortífera deslealtad que luego se revela y hace pública.

Los que han viajado por el oriente nos cuenta de los estragos que hacen las hormigas blancas. Estos animalitos pueden comerse el corazón de las vigas y pilares de madera de una casa sin que se note lo que han hecho. Queda en pie la forma exterior del pilar, y sólo la caída de la casa revela la debilidad interior. Algo así acontece en el corazón del hombre. Es al principio que aparece el peligro, y es en ese punto que debemos vigilar para evitar que se produzca cualquier cosa que pueda poner en peligro el carácter espiritual. Todo lo que debilite nuestro amor al Salvador, sea nuestras lecturas, nuestros compañeros, nuestros placeres o nuestras pasiones, deben ser eliminados al comienzo. No permitamos que un proceso interior de declinación nos lleve a un desastre espiritual.

Una raíz de amargura

Posiblemente Demas se defendería diciendo que todo lo que había hecho era separarse de un hombre, de un dirigente terreno, de uno entre tantos; y que ello no quería decir que se hubiese separado de Cristo. Esto podría acontecer. Pablo era un dirigente al cual no todos podían seguir. Bernabé, uno de los mejores, se había separado de él muchos años antes. Pero los casos no son paralelos. Bernabé siguió trabajando en otro campo, y así resultaron dos misiones en lugar de una. Pero nunca se dijo del amado Bernabé que hubiese amado el presente siglo, como se dijo de Demas. En otras cartas de Roma, Pablo menciona a Demas con honor junto a otros hermanos fieles (Col. 4:14; Filemón 24). Pero algo ha acontecido, ha surgido alguna raíz de amargura, y parecería haberse producido no meramente el abandono de Pablo, sino una apostasía de Cristo.

Muchos de los desertores de la actualidad utilizan el mismo argumento, que en algunos casos no es sino una cortina de humo. Un hombre puede decir que sólo se separa de un siervo inaceptable o de una iglesia llena de faltas. En el corazón sabemos que estas razones no son sino meras excusas. Una excusa no es una razón, y el tiempo ha de demostrarlo. Si abandonamos a un siervo de Dios porque no es un genio, o a una iglesia porque es humilde y pobre, podremos descubrir que al abandonar a los pobres de Cristo, lo hemos abandonado a él. El tiempo lo dirá.

Debemos considerar la razón dada por la deserción de Demas: «amando este siglo.» Tal vez haya amado su tesoro. Muchos han desertado por esta razón. Bunyan lo introduce a Demas en «El Peregrino». A la vera del camino había una colinita denominada Lucro, y en una ladera de ella, una mina de plata. Demas es el propietario, y está allí invitando a los paseantes que vayan a ver su mina. Con muy pocos esfuerzos podrían ser ricos, y la mina no es peligrosa sino para los descuidados. Pero Demas se ruboriza mientras lo decía, pues sabía que ella había dejado lisiados a muchos y muertos a algunos. Los que fueron a ver la mina, nunca aparecieron de nuevo en el camino del Rey.

La atracción del placer

A veces los placeres del mundo pueden ser los estorbos. No nos referimos a los placeres que ya por naturaleza están infectados del mal. El peligro de ellos es evidente. Más bien queremos decir aquellos placeres legítimos que, saliendo de su órbita, llegan a ser los amos en lugar de ser los siervos de la vida. Nuestros jóvenes están muy expuestos a este peligro. Un pastor nos cuenta que algunos de sus jóvenes de mayor promesa, le están fallando porque no quieren aceptar ninguna responsabilidad. No quieren estar atados. No se comprometen sino «a ayudar de vez en cuando». Esta falta de voluntad para compartir las responsabilidades puede ser una forma del enemigo que la juventud cristiana deberá combatir para salvar su alma.

O a veces es el descanso que es el escollo. ¡Hay tanta gente cansada los días domingo! Se quedan en sus casas y dicen que están descansando. El antiguo maestro de Escuela Dominical deja a los corderitos que se las arreglen solos, porque el amor al descanso ha dominado su corazón tomando el lugar ocupado antes por la satisfacción y el gozo de servir a Cristo.

Y recordemos el tiempo elegido por Demas para abandonar a Pablo. Estaba el apóstol ya casi seguro de que le esperaba una muerte de mártir: «Yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe». ¿Se habrá asustado Demas frente a la posibilidad de que se lo complicara en algunas de las acusaciones falsas que se estaban haciendo al anciano apóstol? ¿Quién podría saber hasta dónde se iba a extender la red que iba a atrapar a los amigos de Pablo? ¿Estaría el amor a su vida unido al amor «a este siglo» en el corazón de Demas? De todos modos, el hecho de que Pablo haya estado haciendo frente a la muerte casi segura, hace aún más trágica la actitud de Demas.

Nosotros, que nunca hemos tenido que hacer frente a una situación parecida no debemos estar demasiado listos a condenar a Demas. ¡Quién sabe si hubiésemos procedido de un modo mejor! Nos conviene ser humildes y no juzgar. Es fácil adoptar la posición de héroes desde un sitial que no ha sido probado.

Sin duda es una cosa noble estar dispuesto a hacer frente a la muerte por la verdad, y muchos lo han hecho por amor al evangelio. Pero es mejor que nos aseguremos primero que hemos hecho frente y vencido a «este siglo», y ¡después podremos conversar sobre el martirio! Para la mayoría bastará ser fieles en la vida. «El que piensa estar firme, mire que no caiga», frente a las pruebas pequeñas que Dios ha señalado para nosotros. Entonces recién habrá tiempo para que nos preguntemos si podremos ser fieles hasta la muerte.

Recordamos que Demas fue un fiel amigo durante el primer encarcelamiento de Pablo. Esto nos puede enseñar a temer que nuestros primeros votos y promesas pierdan fuerzas con el tiempo de modo que, al final sean hallados faltos.

Pensamiento Cristiano, 1959

Compartir en Facebook

Deje un comentario respetuoso. Tome en cuenta que esto no es un foro de debates, y no todos los comentarios son aprobados.

Deje un comentario respetuoso. Tome en cuenta que esto no es un foro de debates, y no todos los comentarios son aprobados.

*