El arca del pacto

Estudio 1

El carácter y el uso del arca

Éxodo 25:9-22

El primer utensilio que Dios mandó a Moisés que hiciera fue el arca. Todos los demás no tenían ningún valor aparte de este utensilio. Como símbolo de la presencia de Jehová, todos los demás deben tomar su valor relativo del arca. ¿Qué es la iglesia sin Cristo sino un tabernáculo sin arca, un sistema solar sin sol, un cuerpo sin alma? Lo que el arca era para los israelitas, Cristo debería ser para nosotros—una realidad siempre presente, suficiente, solemne y divina; una fuente de bendición que nunca falló cuando se acercó de la forma debida. Miremos el arca, entonces, como un tipo de Cristo, «Emanuel … Dios con nosotros» (Mateo 1:23).

I. El origen del arca, o la revelación de Cristo

Jehová mismo reveló el plan y el modelo del arca a Moisés (Ex. 25:10-22). Todo el esquema fue divinamente originado y divinamente revelado. Fue dado para testificar de Cristo como «aquel que había de venir» a los santos hombres de antaño que vivían en el monte con Dios. «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas» (Heb. 1:1). El hombre, aparte de la revelación, no puede descubrir a Dios. «Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;» (Juan 5:39). Isaías 53 es una visión telescópica de Cristo, una visión del modelo en el monte. Se anunció con anticipación para que cuando aconteciera podamos creer.

II. Los materiales del arca, o el carácter de Cristo

«Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor» (Ex. 25:10, 11). La madera incorruptible y el oro puro nos recuerdan a la vez la humanidad pura y la gloriosa divinidad de nuestro bendito Señor–dos naturalezas tan distintas como la madera y el oro, pero misteriosamente unidas en una sola persona. El unitarismo es puesto en vergüenza, incluso en la tipología. La madera crecida en la tierra representa a Cristo como nuestro pariente, «hueso de nuestro hueso». El oro habla de él como el hombre de Dios: «Yo y el Padre uno somos» (Juan 10:30). Es el oro de su divinidad lo que da poder y hermosura, gloria y belleza, a la madera de su humanidad. La humanidad incorruptible por sí sola nunca podría permanecer en el lugar del pecador. Cristo está divinamente equipado para representar tanto a Dios como al hombre. El hombre necesita uno que lo represente ante Dios. Esto es lo que el arca enseñó; esto es lo que Cristo hace.

III. La unción del arca, o el bautismo de Cristo

«Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa. Con él ungirás el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio» (Ex. 30:25, 26). El aceite santo consagraba el propósito designado del arca de Dios, lo apartaba para su misión especial. El aceite santo representa al Espíritu Santo, que sale de Dios el Padre para consagrarnos y equiparnos para el servicio. Este aceite santo no debía derramarse sobre la carne del hombre (Exod. 30:31, 32). El viejo hombre, o la vida egoísta, no debe ser santificado, sino desechado. En las orillas del Jordán, Cristo, el arca de nuestro testimonio, recibió su santa unción, y fue apartado públicamente para su santa misión. Así que podría decir: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos» (Lucas 4:18). Esto lo hizo el arca por Israel; y esto el Cristo de Dios hace por nosotros.

IV. El contenido del arca, o la obediencia de Cristo

«Y tomó el testimonio [la ley] y lo puso dentro del arca, y colocó las varas en el arca, y encima el propiciatorio sobre el arca» (Exod. 40:20). La ley quebrantado, que sólo podía ministrar la muerte, estaba aquí cubierta en la presencia de Dios. Y cubierto con un «propiciatorio». ¡Qué bendición! El hombre no podía guardar la ley, pero el arca sí. Sólo Cristo podía decir: «Tu ley está en medio de mi corazón» (Sal. 40:8). En él, como nuestro arca, la ley quebrantada está encerrada, cubierta de misericordia [En la traducción KJV en inglés, propiciatorio es traducido «asiento de misericordia»]. Por su cruz lo quitó «de en medio» (Col. 2:14). Mirando hacia arriba al rostro de su Padre, podía decir sin temor: «he acabado la obra que me diste que hiciese» (Juan 17:4). Las justas demandas de Dios se cumplen plenamente en él. Aquí Dios descansa como lo hizo de antaño, en el propiciatorio entre los querubines, diciendo: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mateo 3:17).

V. El propósito del arca, o la expiación de Cristo

«Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel» (Ex. 25:22). El Arca era el lugar de encuentro, y el medio de comunión. Esto es lo que Cristo, a través de su muerte expiatoria, se convierte para todos los que creen. En él nos encontramos con Dios en misericordia; a través de él tenemos comunión y compañerismo. Cristo, como el propiciatorio entre Dios y una ley quebrantado, es la única manera de aceptación ante Dios. «Nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6). No puede haber comunión sin propiciación. «Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Juan 2:2). «Nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación» (Rom. 5:11). «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo» (2 Cor. 5:19).

VI. La posición del arca, o la intercesión de Cristo

«Pondrás el propiciatorio sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo» (Ex. 26:34). El arca estaba continuamente en la presencia inmediata de Dios en nombre de Israel. El propiciatorio hacía intercesión continua para ellos. Aunque no se ve dentro del velo, Cristo, nuestro arca, se ha sentado en lo alto. En el lugar santísimo él vive «siempre para interceder por ellos» (Heb. 7:25). Aunque ahora no lo vemos—los cielos que lo han recibido fuera de nuestra vista—sin embargo, la sangre habla (Heb. 12:24). ¡Qué consuelo es saber que la ley que estaba en contra de nosotros está completamente cubierto para nosotros en el lugar santísimo, y que en este propiciatorio Dios se deleita en morar y dar «dones a los hombres» (Efesios 4:8), incluso a los rebeldes!

VII. El rociamiento del arca, o la apropiación de Cristo

«Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre» (Lev. 16:14). La sangre de la ofrenda del pecado fue puesta sobre la tapa del Arca, conectando así la misericordia con el sacrificio por el pecado. La virtud del arca dentro del velo sólo podía ser recibida en virtud de la sangre derramada afuera el campamento, enseñándonos que la obra mediatora de Cristo sólo puede ser apreciada por aquellos que creen y se apropian de su sacrificio. La reconciliación y la paz con Dios sólo se pueden disfrutar en la tierra de la sangre expiadora. Venir ante Dios sin la sangre representaba la muerte. Advertencia solemne a los que la estiman a la ligera. La sangre sobre la cubierta expiatoria asegura nuestra aceptación ante Dios; la sangre por delante asegura nuestra posición con Dios.

Estudio 2

Las diversas posiciones del arca

Al considerar las diferentes posiciones en las que encontramos el arca, podríamos considerarlas como típicas de algunas de las relaciones que Cristo sostiene hacia su pueblo.

I. El arca como guía de Israel, o Cristo guiando a su pueblo

«Así partieron del monte de Jehová camino de tres días; y el arca del pacto de Jehová fue delante de ellos camino de tres días, buscándoles lugar de descanso» (Núm. 10:33). El arca era para ellos una guía infalible. Fue por delante «buscándoles lugar de descanso». Cristo, el Buen Pastor, va delante de sus ovejas. Los lleva a pastos verdes, ha buscado y encontrado un lugar de descanso para su pueblo, porque los «hará descansar» (Sal. 23). Cristo, nuestro arca, conduce al descanso antes de conducirnos al servicio. Dice: «Venid a mí», antes de decir: «Llevad mi yugo» (Mateo 11:28, 29).

II. El arca en medio de Israel, o Cristo defendiendo a su pueblo

Cuando el campamento estaba parado, el arca se colocaba en el centro. Toda la fuerza de Israel descansaba en el arca como la señal del poder de Dios. Así como las ramas son sostenidas por la vid, del mismo modo fueron mantenidas las doce tribus por el arca. Así sostiene Cristo su Iglesia. Él mismo es el candelario; nosotros, como creyentes, somos los brazos. «El que anda en medio de los siete candeleros de oro» (Apocalipsis 2:1). Él es la fuerza de su pueblo. «Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana» (Sal. 46:5).

III. El arca en el río Jordán, o Cristo la seguridad de su pueblo

«Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán» (Josué 3:17). El arca era su seguridad en el río. La promesa de salvación de Dios. Mientras Cristo, el arca de nuestra seguridad, descansa sobre el trono del arca de la gracia, se detiene el río del juicio. Para que cualquiera pueda pasar sin impedimento a la tierra de la promesa. «He aquí ahora el día de salvación» (2 Cor. 6:2). Tan pronto salía el arca, las aguas profundas regresaban. Después de que Cristo se haya levantado, la puerta se cierra. (Lucas 13:24, 25).

IV. El arca en las murallas de Jericó, o Cristo venciendo para su pueblo

«Así que él hizo que el arca de Jehová diera una vuelta alrededor de la ciudad … y el muro se derrumbó» (Josué 6:11, 20). Todos tomaron su lugar de acuerdo con la posición del arca. Cuando la iglesia de Cristo hace esto, nada será imposible. Ellos sonaron trompeta con todas sus fuerzas, pero no confiaron en sus trompetas, sino en el arca, como la señal del poder de Jehová. Los hombres pueden encontrar un placer en «trompetear» (predicar) quienes no tienen fe real en el poder de la presencia de Cristo para vencer, pero tal soplado no obtendrá ninguna victoria. Pueden gritar hasta que estén negros en el rostro, pero no se volteará ninguna pared.

V. El arca en el carro nuevo, o Cristo deseando a su pueblo

«Haced, pues, ahora un carro nuevo … (v. 7) y la pondréis sobre el carro … (v. 8) Y observaréis; si sube por el camino de su tierra … (v. 9), Y las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes, y seguían camino recto» (1 Sam. 6:7-12). Aunque Israel había pecado anteriormente, sin embargo, el arca del Señor busca el camino recto de regreso a su pueblo. También el corazón de Cristo anhela su lugar correcto entre su pueblo, lo cual fue robado debido al pecado y la incredulidad. «Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios» (1 Sam. 4:22). Si el Señor no está con nosotros «Icabod» (1 Sam. 4:21) puede ser escrito sobre todo lo que hacemos. Pero el Señor se complace en su pueblo. «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo» (Ap. 3:20).

VI. El arca en la casa de Obed-edom, o Cristo bendice a su pueblo

«Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa» (2 Sam. 6:11). El arca santo que estaba dentro del velo ahora descansa dentro del umbral de un hogar. El que habita la eternidad también habita en el corazón del quebrantado y humilde de espíritu (Isaías 57:15). Dondequiera que Cristo es recibido, se recibe la bendición. Algunos tenían miedo de recibir el arca. Mas a todos los que le recibieron, recibieron poder y bendición (Juan 1:12). Algunos no tenían espacio para el arca. ¿Tienes espacio para Jesús en tu corazón o en tu hogar?

VII. El arca en la tienda de David, o Cristo un peregrino con su pueblo

«Así trajeron el arca de Dios, y la pusieron en medio de la tienda que David había levantado para ella; y ofrecieron holocaustos y sacrificios de paz delante de Dios» (I Cron. 16:1). La tienda es la morada del peregrino. El arca en la tienda puede ser un símbolo de Cristo identificándose con su pueblo como peregrinos y extraños en la tierra. David, como un hombre de guerra, sólo se le permitió construir para el arca una tienda. La condición actual de la iglesia es de guerra y peregrinación. El Señor, por lo tanto, como peregrino con su pueblo, no tiene morada fija.

VIII. El arca en el templo de Salomón, o Cristo descansando con su pueblo

«Y llevaron el arca de Jehová (1 Reyes 8:4) … y sacaron las varas» (1 Reyes 8:8). La casa de la gloria ha sido terminada. El reinado de la paz ha llegado. Ahora se han quitado las varas del arca, lo que significa que sus andanzas han terminado, y que por fin ha encontrado su lugar de descanso. Ciertamente se sugieren los días de paz y gloria del milenio, cuando toda la tierra se llene de la gloria del Señor (Hab. 2:14), y cuando «Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho» (Isaías 53:11).

IX. El arca entre Ebal y Gerizim, o Cristo juzgando a su pueblo

En Josué 8:33, 34 vemos seis tribus en el monte Gerizim para bendecir, y seis tribus en el monte Ebal para maldecir, y el arca afirmado en el intermedio (véase también Deut. 27 y 28). La bendición y la maldición estaban de acuerdo con todo lo que estaba escrito en el Libro. Por la Palabra de Jehová son juzgados. Todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo. Nuestras obras se mantendrán sobre Ebal o Gerizim para ser quemadas o bendecidas (1 Cor. 3:13). Tal vez también tenemos aquí la tipología de Mateo 25:32-46, donde vemos a los malditos por un lado, a los bendecidos por el otro, y a Jesús en medio.

Estudio 3

El poder de la presencia del arca

Al mirar el poder del arca en sus diversos aspectos, deseamos ver a Jesús y el poder de su presencia cuando es puesto en contacto con él.

I. La presencia del arca es la esperanza del humilde

«Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas» (Josué 7:6). Israel había huido ante los hombres de Hai, derrotado a causa del pecado secreto. Esto inclina a Josué a la tierra, humillado e indefenso ante el Señor. El pecado secreto es la causa de gran parte de nuestro fracaso en el servicio de Dios. Si nos diéramos cuenta, como Josué, la deshonra que tales fracasos trae a Cristo, estaríamos con más frecuencia inclinado ante él. Aunque el enemigo a veces tiene una ventaja sobre nosotros, qué consuelo saber que ha dicho: «he aquí yo estoy con vosotros todos los días», y que «toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra» (Mateo 28:18-20).

II. La presencia del arca es la gloria de Israel

«Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios» (1 Sam. 4:22). Israel sin el arca es como un rebaño sin pastor, sal sin sabor, un cuerpo sin alma. ¿Qué es más inútil que la sal sin sabor? ¿Quién es más indefenso que un cristiano impotente? (Jueces 16:20). La presencia de Cristo es la gloria de su iglesia. La iglesia, o el creyente, vivirá, brillará y triunfará justo en la proporción que Cristo está viviendo y brillando en ellos. No dará su gloria a otro.

III. La presencia del arca es la caída del paganismo

«Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente» (1 Sam. 5:4). Ningún otro dios puede estar en la presencia de Cristo, nuestro arca. Todos los poderes de este mundo aún deben caer postrados y quebrantados ante él, cuyo Nombre es sobre todo nombre. Si se llevara al Cristo viviente cara a cara con el paganismo, caerá sin cabeza y sin manos a sus pies. No hay otro remedio. Puede haber Dagones en el corazón que se exalten contra Dios, como el orgullo, la mundanidad, el temperamento. Que Cristo se afirme en el trono del corazón, y estos caerán.

IV. La presencia del arca es el desconcertante de sus enemigos

«¿Qué haremos del arca del Dios de Israel?» (1 Sam. 5:8). «¿Qué haremos del arca de Jehová?» (1 Sam. 6:2). Pilato dijo: «¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?» (Mateo 27:22) y los escribas y los fariseos, «hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús» (Lucas 6:11). Acordaron, como los filisteos, en sacarlo de su presencia. Le suplicaron que se fuera de su territorio. Cuando Cristo, por su Espíritu y Palabra, viene ante el corazón de los pecadores, todavía hay perplejidad. «¿Qué debo hacer?» Hay sumisión y aceptación, o resistencia y rechazo.

V. La presencia del arca es la reprensión de los presuntuosos

«Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había herido con tan gran mortandad» (1 Sam. 6:19). Levantar la tapa del arca era eliminar lo que cubría la ley quebrantada, y así exponerse al «ministerio de la muerte». Tal debe ser la perdición de todos los que le han dado la espalda a la propiciación de Cristo (1 Juan 2:2). «Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios» (2 Sam. 6:6-7). La advertencia se había dado. «Pero no tocarán cosa santa, no sea que mueran» (Números 4:15). El arca, como símbolo de la fuerza de Jehová, no necesita la mano del hombre para estabilizarla. 1 Samuel 4:13 nos dice acerca de Elí que «su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios». 1 Samuel 4:18 nos informa de las consecuencias para Elí: «Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió». La incredulidad hace temblar a muchos por la causa de Cristo. ¡Qué presunción hubiera sido lanzar una soga a Cristo mientras caminaba sobre el mar! Algunos sabios en estos días parecen más preocupados por salvar a Cristo que lograr que los hombres sean salvos por él. Sí, están ansiosos de que el sol no se sople con los vientos.

VI. La presencia del arca es la alegría del pueblo de Dios

«Así David y toda la casa de Israel conducían el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta. Cuando el arca de Jehová llegó a la ciudad de David, aconteció que Mical hija de Saúl miró desde una ventana, y vio al rey David que saltaba y danzaba delante de Jehová; y le menospreció en su corazón» (2 Sam. 6:15, 16). La presencia manifiesta de Cristo siempre trae alegría al corazón del pueblo de Dios, y tal gozo seguramente provocará la burla de los impíos, como cuando la hija de Saúl se burló de David. Si David danzó con gozo cuando pensó en todo lo que significa «el arca con nosotros», ¿cuánto más podríamos nosotros al pensar en todo lo que significa «Cristo en nosotros» (Col. 1:27).

VII. La ausencia del arca es la derrota del pueblo de Dios

«Sin embargo, se obstinaron en subir a la cima del monte; pero el arca del pacto de Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campamento» (Núm. 14:44). Se fueron sin el arca, y fueron heridos ante el enemigo. Si vamos en nuestra propia fuerza, las mismas consecuencias seguirán. Todo esfuerzo sin Cristo es un fracaso a los ojos de Dios, aunque sea recompensado con la alabanza de los hombres. «Separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5). Es muy posible que un «esfuerzo especial» gane almas, pero que no sea más que un espectáculo de la carne. Pedro pescó toda la noche en un barco sin Cristo y confesó que, «nada hemos pescado» (Lucas 5:5), pero cuando tuvo al Maestro con él tuvo un éxito tremendo.

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