Problemas y métodos de la Escuela Dominical

Publicado originalmente en 1911

Capítulo 1

Problemas y posibilidades

En todas las denominaciones cristianas, la Escuela Dominical está llegando a ser uno de los trabajos más importantes de la. Todos los pastores y educadores están constantemente buscando y discutiendo cursos de la Biblia para que sean estudiados en la Escuela Dominical; y los trabajadores de dicha Escuela están manifestando tener más responsabilidad y un deseo más grande por el conocimiento de la Biblia y por el mejoramiento en carácter. Probablemente no hay en la actualidad movimiento alguno en la iglesia que presente tantos y tan importantes problemas como la Escuela Dominical; y vamos ahora nosotros a discutir ocho o diez de esos problemas, procurando presentarlos de una manera concisa y fácil de comprenderse.

Primero

Edificios y salones de clase de la Escuela Dominical

¿Qué clase de edificio será el más adecuado para una Escuela Dominical? ¿Aceptaremos los departamentos separados para las clases y un departamento grande para las revistas según lo describe el plan de Akron? ¿O será mejor tener varios departamentos separados; para que las clases vayan allí, cada cual al suyo, sin que se reúnan unas con otras durante todo el tiempo que dure la Escuela, como si cada una de esas clases fuera una escuela en pequeño? A este respecto se han hecho muchos experimentos; y haciendo más bien las veces de un repórter que las de un teórico, nos vamos a permitir describir algunos modelos adoptados para el edificio de la Escuela Dominical.

El plan de Akron consiste en tener un salón grande, dividido en compartimientos para las clases, separados por medio de tabiques de madera corredizos. Dos de estos compartimientos son generalmente más grandes que los otros, y están ocupados por los departamentos primario y secundario. El cuerpo central del compartimiento más grande sirve para niños y niñas, los cuales están divididos en pequeñas clases, y los departamentos de los lados y de la espalda se usan para dar lugar a los jóvenes y señoritas y adultos de ambos sexos. Para el principio de la Escuela Dominical todo es uno, pero para las clases se bajan los tabiques corredizos y cada clase tiene su compartimiento por separado, y otra vez llegada la revista, vuelven todos a reunirse sin divisiones de ninguna clase.

Otro plan es aquel que han llamado: “El departamento primario separado.” Conforme a este plan los niños están separados del resto de le Escuela Dominical durante toda la hora de la sesión. Ellos tienen sus ejercicios de apertura especialmente adaptados para el caso, y de esta manera los jóvenes, señoritas, señores y señoras podrán tener sus ejercicios de apertura y finalización de la escuela con más devoción.

El siguiente plan que deseo presentar es el denominado: “Edificio de la Escuela Dominical dividido en departamentos.” En este caso, los cuartos están enteramente separados; los niños más chicos, llamados principiantes, tienen su cuarto, lo mismo que aquellos que pertenecen a la escuela primaria, de seis a ocho años de edad; otro cuarto servirá para los jóvenes de ocho a trece años de edad, y los adultos tendrán también su cuarto por separado. Generalmente se necesita dividir toda la escuela en cinco o seis departamentos de clase con grupos pequeños en cada uno de ellos. En cada una de estas pequeñas clases hay distinta y apropiada organización, a pesar de que todo el trabajo está al cuidado de una buena dirección general.

Segundo

¿Quiénes serán los miembros que compongan las Escuelas Dominicales?

Hace ya mucho tiempo que hemos dado al olvido la idea de que la Escuela Dominical es una institución que beneficia tan sólo a los niños y niñas, aunque desgraciadamente todavía algunos oradores en nuestras convenciones lo manifiesten así, y por más que todavía oigamos de labios de algunas personas invitadas a hablar en las revistas que empiezan sus exhortaciones diciendo: “Muy queridos niños…”

La Escuela Dominical es el servicio más comprensivo de la iglesia. Toda la congregación de una iglesia debe ir a la Escuela Dominical, y de este modo será más fácil conseguir que todos los miembros de esta última se hallen presentes en los otros servicios de la iglesia. Este ideal ha sido alcanzado en varias iglesias, en donde las Escuela Dominical es “el culto del estudio de la Biblia”, y se le considera de tanta importancia como cualquiera otro de los cultos dominicales. Las divisiones de la Escuela Dominical son, poco más o menos, las siguientes: el Departamento de Cuna, que, como su nombre lo indica, está compuesto de niños que forman una verdadera clase infantil, y son aquellos que por su edad no pueden asistir a las clases todavía; viene después el departamento de principiantes, aquellos de tres a seis años de edad; el Departamento Primario le sigue para aquellos que tengan de seis a ocho años; el siguiente para los jovencitos y jovencitas de nueve a trece años; vienen después los jóvenes y las señoritas, y por último los adultos, comprendiendo en estas divisiones a todos los miembros de la iglesia y a todo hombre y mujer de la comunidad. Así que, se deberá visitar casa por casa e invitar a todas las personas residentes en la población a asistir a la Escuela Dominical, no haciendo omisión de ninguna. Sólo de esta manera, buscando y visitando cada hogar en la ciudad, recorriendo todas las calles y caminos, en el centro de la ciudad y en el campo, podemos decir que obedecemos el mandamiento de Jesús de llevar el Evangelio a toda criatura. El valor y la utilidad de hacer todo esto queda demostrado en una historia relatada por una anciana que, cuando joven, le gustaba mucho buscar miembros nuevos para la Escuela Dominical. Vivía ella cerca de Nueva York, y varias veces tuvo el propósito de hacer que una familia Smith que residía en Palmyra, se inscribiera en las listas de la Escuela Dominical; pero teniendo un poco de temor, siempre posponía para otro día su visita a esta familia, de manera que dicha visita nunca llegó a realizarse. Un miembro de esta familia era José Smith, entonces un niño de corta edad y después el fundador del Mormonismo en América. En aquel tiempo la señora a quien venimos refiriéndonos tuvo en sus manos una oportunidad muy grande de salvar a la patria de los males y los errores del mormonismo. Si José Smith hubiera sido convertido al cristianismo; muy fácilmente pudo haber llegado a ser un Moody o un Juan Wesley. Pensad ahora por un momento en la importancia que tiene el vasto campo no ocupado aún por la Escuela Dominical.

Tercero

Las relaciones que hay entre la Escuela Dominical y los otros servicios religiosos del domingo.

La Escuela Dominical puede reunirse antes del culto matutino, como se hace en muchas partes; de 9:30 a 10:30 o hasta las 10:45, Para que el culto principie a las 11:30. Esta hora es mucho mejor que tener la Escuela después del culto, pues que acabaría demasiado tarde. Sin embargo, tener la Escuela Dominical en la mañana no es el plan más apropiado para llegar a formar una escuela grande y verdaderamente importante. Esta hora en la mañana impedirá la asistencia de las señoras, desde el momento que ellas tienen que cumplir con sus obligaciones en la casa. También, casi por lo general, los trabajadores y los comerciantes aprovechan el día domingo, levantándose más tarde que de costumbre, para su aseo personal; y es muy difícil que cualquiera de ellos estuviera listo para asistir a la Escuela a esas horas. Además, teniendo la Escuela y el culto matutino seguidos, los dos forman un solo servicio muy largo que resulta cansado para muchos. Prácticamente, la mejor hora para celebrar la Escuela Dominical es de 2 o 2:30 a 4 de la tarde. Es cierto que hay grandes Escuelas Dominicales, aunque no muchas, que tienen fijada su hora de reunión en la mañana, y nosotros conocemos varias escuelas admirables y con buena asistencia, que principian sus clases a las doce del día. Es cierto, también, que en los pueblos pequeños, y bajo circunstancias muy especiales, no hay otra hora mejor que la que sigue o precede al culto de la mañana; pero creemos que es mucho mejor tener la Escuela Dominical en la tarde, pues se comprende que después de una comida descansada y quieta, toda la familia tiene deseos de asistir a la escuela. También, en caso necesario, podrá prolongarse todo el tiempo que sea menester, sin temor de tomar tiempo de otro servicio; siendo que la Escuela Dominical de esa manera sería un servicio enteramente independiente, y no un preludio o un epílogo de otro culto, que tenga que hacerse de prisa por temor de cansar a los asistentes. De modo que, los tres cultos del domingo quedan de esta manera señalados: Primero, en la mañana el culto de predicación a las 10:30, el cual puede durar hasta las 12 del día, para que haya tiempo suficiente de celebrar un culto ordenado y respetuoso. Las familias podrán prepararse con tiempo para asistir a este culto; el que será el único en la mañana. Al terminar dicho culto, las familias volverán a sus hogares, tendrán su comida, y a las 2:30 volverán otra vez a la iglesia para asistir a la Escuela Dominical, Irán otra vez a sus casas a cenar, y después será un verdadero placer para todos asistir al culto de la noche, que es el último del día. Este arreglo dará al hogar cristiano bastante tiempo para cumplir con sus deberes sociales, pues dejará libres las largas horas de la mañana del domingo; después podrán tener su comida despacio, y aún más, concluida la Escuela Dominical, tendrán tres horas libres antes del culto de la noche. Algunos ponen por objeción a este plan, que no se encuentra hora disponible para las Ligas Juveniles; pero se ha probado ya que es mucho más conveniente celebrar las reuniones de las Ligas después de la escuela diaria, entre semana, que el día domingo.

En Pennsylvania se ha adoptado la hora de la tarde para tener la Escuela Dominical, lo mismo que en otros Estados de la República del Norte. En seguida vamos a poner el promedio de asistencia a las Escuelas que celebran sus sesiones en la mañana, a medio día y en la tarde respectivamente. Nos referimos, por supuesto, a los Estados de la Unión Americana, donde predomina el elemento protestante. En los lugares donde la Escuela Dominical se celebra en la mañana, concurren un 15 a 18 por ciento de la población; donde se celebra la escuela a medio día, el promedio es de un 12 a un 15 por ciento, y en los lugares en donde la Escuela Dominical se reúne en la tarde, el promedio de asistencia aumenta a 22, 23 y hasta 24 por ciento sobre los habitantes del lugar. ¿Asistirán los miembros de una iglesia a todos los cultos dominicales, teniendo la Escuela en la tarde? Seguramente que sí, siempre que se haga un esfuerzo por conseguir su presencia. ¿Será prudente cambiar repentinamente la Escuela Dominical de la mañana a la tarde? Por supuesto que no, debe meditarse el en so con detenimiento y discutirse el asunto con tiempo, para poder apreciar debidamente todas las ventajas o desventajas del cambio; si es posible, deben reunirse todas las escuelas del lugar a la misma hora y hacer juntas el cambio, para obtener de sus miembros le promesa de que asistirán con igual o mayor puntualidad a las reuniones de la Escuela.

Cuarto

La discusión de la mejor hora, en la cual celebre sus reuniones la Escuela Dominical, nos sugiere el siguiente problema: La relación que existe entre la Escuela Dominical y el hogar.

El progreso de la Escuela Dominical está siendo demostrado por el hecho de que ahora se está dando mucha importancia a esta cuarta cuestión. Desde el pulpito y en todos los periódicos religiosos se ha procurado llamar seriamente la atención a los deberes religiosos de los padres para con los hijos, y la cooperación del hogar para el mejoramiento de la Escuela Dominical. Tenemos primeramente dos departamentos que están en relación directa con este asunto, el departamento del hogar y el departamento de cuna. Sin ninguna intención y sin previa advertencia, la Escuela Dominical ha causado daño al hogar respecto a la enseñanza religiosa en él, pues ha quitado a muchos padres descuidados una carga de encima, haciéndoles creer que mandando sus hijos a la Escuela Dominical, ellos ya no tienen sobre sí ninguna responsabilidad religiosa para con sus hijos. Una investigación minuciosa en varias Escuelas Dominicales nos ha dado a conocer que muy pocos maestros, (tal vez 4 o 6 en cada 400) tienen el gusto de recibir ayuda alguna de los padres de familia, para hacer que vayan sus hijos con toda puntualidad a la Escuela. Hay muchos padres de familia que nunca reconocen el trabajo, los cuidados y todo lo que el maestro de la Escuela Dominical hace en el sentido religioso por el bien de sus hijos, y en muchos casos no es esto solamente, sino que esos padres, más tarde, enérgicamente se oponen a que sus hijos, ya convertidos y convenientemente preparados, den su nombre como miembros de la iglesia. La relación que existe entre estos padres y la Escuela Dominical es tal vez una tolerancia dada de mala gana, o en muchos casos una tonta indiferencia para con todo aquello que signifique el bienestar religioso de sus familias. Debo declarar que mis palabras son el resultado de una investigación minuciosa en el trabajo de los maestros de la Escuela Dominical que prestan sus servicios en veinte diferentes Estados de la Unión Americana.

Cuando llegue el día en que se fijen las verdaderas relaciones que deben existir entre la Escuela Dominical y los padres de los niños que asisten a ella, y dichas relaciones existan deveras, entonces el padre será el primer maestro religioso de su hijo. Como segundo maestro del niño estará el de la Escuela Dominical, y si su trabajo es revisado por el padre, después de terminada aquella, se verá con el tiempo y se reconocerá el valor real y la utilidad verdadera de la Escuela Dominical El Departamento del hogar hará que todos los padres imposibilitados para asistir a la Escuela Dominical tengan la oportunidad de estudiar la lección; y el Departamento de Cuna servirá para que el corazón de la madre se conmueva y sienta la necesidad imperiosa de cuidar a su infante y enseñarle todas las cosas que Dios mandó. ¡Qué grande sería la influencia de una Escuela Dominical que contara en su departamento del hogar con unas quinientas personas hábilmente preparadas y con unos trescientos infantes en su departamento de cuna!

Quinto

El siguiente problema, del cual hablaremos más detenidamente en el curso de este libro, se refiere al mejor sistema o curso de estudios para la Escuela Dominical. Bástenos por ahora decir que la experiencia, en este caso, como lo es casi siempre, es el mejor de los maestros. Se ha visto que ninguno de los cursos de estudios para la Escuela Dominical publicados por varias denominaciones ha podido llenar de una manera satisfactoria todas las necesidades de cada una de las escuelas. Las mejores escuelas dividen sus lecciones en dos partes; la primera para enseñar a los alumnos la Biblia como un libro de historia, dándoles a conocer los hechos tales como pasaron; y la otra para enseñar a dichos alumnos, moral y espiritualmente, el mensaje de Dios. Este ha sido el plan que parece haber producido mejores resultados.

Sexto

Pedagógicamente hablando, ¿Cuál es la mejor organización para la Escuela Dominical?

Podremos resolver este problema, sólo cuando hayamos reconocido el carácter único de la
Escuela Dominical; su difícil y peculiar libro de texto, la Biblia; sus maestros, que no han tenido ninguna preparación y que voluntariamente se prestan para desempeñar ese trabajo; y su tiempo, el de una hora semanaria, que es limitadísimo. Sin embargo, en muchas Escuelas Dominicales se ha perfeccionado esta organización pedagógica de una manera admirable y de ella hablaremos más tarde. Aquí sólo mencionamos este punto, ya que nos hemos propuesto hablar de las principales necesidades y de los más importantes problemas relacionados con la Escuela Dominical.

Séptimo

¿Que podrá, hacerla Escuela Dominical en la enseñanza ética yara el bien de la moral y del carácter de sus educandos? En un sentido general y sistemático, esta cuestión es de un origen reciente aunque es cierto que desde el principio, la Escuela Dominical procuró relacionarse con todo aquello que tendía al mejoramiento del carácter y la vida de sus miembros. En primer lugar, ya sabemos que las cualidades morales de los alumnos deben ser cultivadas una por una, separadamente, es decir; cada una de ellas bien definida y mejor atendida. En segundo lugar, también sabemos que estas cualidades son inculcadas a los alumnos por el buen ejemplo o sea por el ejercicio continuo de lo que enseñamos. En tercer lugar, debemos entender y distinguir claramente la diferencia que existe entre educar y enseñar. Educar es llegar a obtener un carácter deseado, combinando nuestra instrucción con nuestra influencia, estimulando las acciones del discípulo hacia una iniciativa personal, y guiándolo cariñosamente hacia el fin anhelado. Que los alumnos sientan la responsabilidad que tienen al verse libres y dueños de sus acciones. Este es precisamente el trabajo que el maestro puede y debe hacer durante los días de la semana; deberá pues, ponerse en contacto con sus discípulos, siempre que lo crea conveniente, para extender su influencia benéfica sobre ellos. Nos causa mucho placer decir que ya hay muchos maestros
que llevan a cabo este trabajo.

Muchas, y muy ricas bendiciones caerán sobre la Escuela Dominical, cuando en todas partes y de una manera sistemática y científica se enseñe a los alumnos a ser honrados, amigos de la verdad, fieles en todo aquello que emprendan, industriosos, agradecidos y sanos en todas las fases de su vida.

Octavo

Este punto está relacionado con el problema anterior y se refiere a la preparación de los discípulos de la Escuela Dominical para, llegar a ser los trabajadores de la iglesia.

Podemos designar, propiamente como trabajadores de la iglesia, sólo a una décima parte de sus congregantes, y en esta décima parte podemos incluir a los directores, maestros, oficiales y misioneros, encargados de departamentos, etc., etc. Nuestros lectores podrán figurarse entonces la condición de una gloriosa obra como es la de la iglesia de Cristo, donde sólo una parte de sus miembros trabajan activamente para el bien de ella. ¿Qué ejercito podría estar seguro de su éxito en una batalla, teniendo tan sólo a una décima parte de sus soldados armados? ¿Qué fábrica podría satisfacer sus necesidades y dar curso a sus pedidos cuando sólo una décima parte de sus trabajadores se ocuparán de sus labores, y el resto anduviera sólo paseando o viendo a esa décima parte trabajar? Y sin embargo todavía hay muchos ministros, los que se creen muy entendidos y que piensan que la iglesia está muy bien organizada. A estos pastores queremos preguntar; ¿qué harían si las nueve décimas partes de sus congregaciones, que no hacen nada por el bien de la iglesia vinieran todas en masa a pedirles algún trabajo para ayudar en la obra de Cristo? Nosotros les preguntamos una vez más: ¿Qué harían en ese caso?

No digamos que el noventa por ciento de los miembros de las iglesias se compone sólo de miembros pasivos, sino que entre ellos hay algunos que hacen bastante mal a la iglesia, y son los que se burlan y molestan con su mal espíritu a los demás congregantes. El pastor también debe fijarse en estos miembros, no abandonarlos, pues que ellos son precisamente aquellos que más necesitan del aprecio, del cariño y de los buenos consejos.

Los miembros pasivos de la iglesia son para la Escuela Dominical un espléndido campo de trabajo, del cual se pueden obtener miembros activos y trabajadores en la viña del Señor. Deben ser enseñados a respetar todas las ceremonias efectuadas en la iglesia; deben ser enseñados en las doctrinas puras del Salvador; deben ser amonestados, hasta no conseguir que esos miembros vuelvan sobre sus pasos, y comprendan la necesidad que hay de que todos los miembros de la iglesia deben servirla, honrarla y trabajar por ella.

Yo debo decir que ya no estamos en el principio de este movimiento, sino que él se está extendiendo rápidamente, y ha dejado de ser una teoría para convertirse en una bendición práctica y verdadera en algunas Escuelas Dominicales.

Noveno

La Escuela Dominical es la más grande agencia del Evangelio en la iglesia de Cristo. Problemas de mucha importancia son aquellos de cómo utilizar y apreciar verdaderamente el significado de las primeras palabras del punto que estamos estudiando. Para demostrar que la Escuela Dominical es la agencia más importante del Evangelio de Cristo, permítasenos señalar los cinco asuntos o pruebas siguientes: (a) La Escuela Dominical es generalmente el servicio de la iglesia que cuenta con la más grande asistencia, (b) A la Escuela Dominical asisten más personas que aún no han sido convertidas, que a otros servicios de la iglesia, (c) A ella asisten los niños y jóvenes a quienes es muy fácil convertir a Cristo, y por lo tanto, vienen a la Escuela Dominical el campo más vasto y listo para llevar almas a Cristo, (d) Es el servicio de la iglesia que cuenta con más trabajadores personales; y estos trabajadores están en contacto directo con los no convertidos, y pueden, por lo mismo, hablarles acerca de la palabra de Dios, que es el único medio de salvación y redención de los hombres, (e) Es el servicio de la iglesia que puede hacerse progresar en número de asistentes más fácilmente.

Con un poco de entusiasmo, visitando casa por casa, ocupándose en todo el campo y poniendo en ejecución planes prudentes y sabios, la Escuela Dominical puede crecer de una manera admirable. Yo sé de una escuela que cuenta con tres mil alumnos, y añade a su lista 750 más cada año; de cinco escuelas que tienen dos mil alumnos, con un aumento anual de 300 a 400; y de 40 escuelas en la iglesia Metodista que cuenta cada una de ellas con más de mil educandos; y puedo decir que estos hechos son el resultado del movimiento habido en los Estados Unidos hace dos años en favor de la Escuela Dominical. El interés de cada maestro en la Escuela Dominical está despertándose y haciéndose cada día más notorio. Muchos de ellos buscan a sus discípulos, visitan a los padres de familia; y el departamento primario está resolviendo satisfactoriamente todas las dificultades que encontraba para su trabajo. Nada hay más hermoso en la Escuela Dominical que la manera de presentar a Jesús y sus doctrinas a los niños, y ver la alegría y simpleza con que ellos le reciben como su único Salvador.

Décimo

Pero entre los muchos problemas de la Escuela Dominical, el más grande es este: ¿Cómo conseguir y educar maestros para la Escuela Dominical?

Sin duda alguna, se me tachará de muy optimista si digo que este problema está siendo resuelto muy satisfactoriamente; pero espero demostrar que no exagero al decirlo. Este es el problema más importante de todos. Como sean sus maestros así será también la escuela. El maestro es la escuela misma, es su atmósfera, su atractivo, su influencia más poderosa y su lección más importante. Lo que nosotros hagamos en el maestro, crecerá, se ensanchará y llenará la atmósfera de toda la escuela. Hay muchos problemas esenciales e importantes en la organización de la Escuela Dominical: cómo el niño y sus relaciones para con la escuela, cómo conseguir que asista a ella, cómo retenerlo, la cuestión de la clase de adultos, la Biblia en la escuela, la organización financiera, que ha llegado a ser admirable en varias escuelas; pero especialmente en la última cuestión de las que venimos tratando, ha habido un progreso grande, y para resolver el problema, sólo necesitamos revisar el trabajo que están haciendo las Escuelas Dominicales importantes, y esta revista nos servirá de ejemplo y de inspiración.

Capítulo 2

El desarrollo educacional de la Escuela Dominical

Si queremos entender el verdadero significado y lugar de la Escuela Dominical, debemos considerarla como una reunión religiosa y como una verdadera escuela. En sí misma ella nos presenta estas dos fases. La Escuela Dominical debe siempre conservar una atmósfera religiosa, y debe tener lugar para la oración y adoración a Dios. Cualquier movimiento educador que tienda a menospreciaren toda la parte devocionante del servicio, acarreará males muy grandes; pero puede también decirse, por otro lado, que aquella Escuela Dominical que emplee su tiempo sólo en cantos, oraciones, exhortaciones, haciendo a un lado la enseñanza e historia de la Biblia, no dará seguramente todo el resultado deseado. Creemos que lo mejor de todo es reunir en la Escuela Dominical, la educación con la religión, y dar a cada una de ellas el tiempo que le corresponde. Para llegar a este fin, se necesitan dos series de lecciones y la Lección Internacional es la que debe usarse para atender la parte religiosa. Esta serie Internacional es un estudio, cada una de sus lecciones, de un pasaje corto de la Biblia. Un estudio expositivo y exegético de las Escrituras, ayudará mucho a las necesidades espirituales de la Escuela Dominical. Cualquier arreglo de las
lecciones bíblicas hecho con el fin de ayudar espiritualmente a los miembros de la Escuela Dominical, será seguramente el mismo sistema que el de la Serie Internacional.

Pero las Lecciones Uniformes Internacionales no son las mejores para atender a la parte educativa. Ellas no nos presentan el contenido sucesivo de los diferentes libios de la Biblia, de una manera que se puedan estudiar gradualmente, no nos presentan la historia sagrada de una manera sistemática y arreglada a los principios pedagógicos. Por lo tanto, se debe arreglar otra serie de lecciones bíblicas para la Escuela Dominical con un método efectivo y racional. Este método debe de ser “topical” [temático] y no textual, porque el método “topical” está en el orden lógico de las cosas y en el plan fisiológico del crecimiento en los conocimientos.

Nuestra escuela Dominical vendrá a ser una verdadera escuela cuando tengamos esta segunda serie de lecciones, arreglada según ya dijimos. Se pueden arreglar diferentes lecciones que abarquen toda la Biblia, y que formen un curso o libro de texto para seis u ocho años. Estas lecciones clasificadas, analizadas, des-
arrolladas lógicamente y listas para memorizarse, deben darnos todos los datos históricos, biográficos, geográficos, éticos y del sistema religioso, en una forma tal que sirvan para que estos estudios sean recordados y usados cada vez que se quieran defender o poner en práctica las verdades que encierra la Biblia. El trabajo educativo deberá hacerse exactamente de la misma manera que se hace en las escuelas y colegios diarios. Es un error creer posible que se obtengan buenos resultados en nuestras Escuelas Dominicales con simples exhortaciones, sin dar una clase en toda forma. Deberá el maestro siempre enseñar y educar a sus discípulos como en las demás escuelas, haciéndoles aprender varias cosas de memoria, recitar su lección y examinarlos, para que cada uno de ellos obtenga sus calificaciones correspondientes, y de esta manera pueda entusiasmarse y alentar a los alumnos durante el curso de todos los estudios bíblicos.

Conocemos a un estudiante antiguo en la Escuela Dominical que se sorprendió cuando oyó decir en un sermón que Sodoma y Gomorra no eran marido y mujer como él siempre había creído. El examen de varios discípulos de la Escuela Dominical en determinada ocasión, nos dio también una prueba poderosa de lo poco que aprovecharon con el sistema de exhortaciones religiosas. De 34 alumnos, 9 no sabían el significado de la frase “corona de espinas,” 16 no conocían el episodio del ángel luchando con Jacob, 25 no pudieron decir cuál había sido el fin de la mujer de Lot, 23 no sabían quién era José de Arimatea, etc., etc.

En otro examen de asistentes a la Escuela Dominical, que se componía de 42 sustentantes, ninguno de ellos pudo dar el nombre de los tres hijos de Adán ni de los tres hijos de Noé; sólo una persona pudo dar correctamente los nombres de los tres patriarcas de los judíos, sólo tres pudieron decir quién guio a los Israelitas hacia Canaán y 25 sabían que Moisés los sacó de Egipto; solamente 17 pudieron decir los nombres de los primeros cuatro libros del Nuevo Testamento; pero casi todas las respuestas indicaban el estado intelectual tan deplorable de dichos alumnos.

Con el otro método, teniendo la Escuela Dominical bajo el mismo plan que cualquiera otra escuela diaria, los resultados son admirables y muy satisfactorios. Puedo decir a mis lectores que he visto varias Escuelas Dominicales cuyos exámenes, con niños de diez a doce años de edad, me han dejado gratamente sorprendido, al ver la exactitud y seguridad de sus respuestas en todo lo que se les preguntaba, tanto del Viejo como del Nuevo Testamentos. En otra escuela visité una clase de señoritas de 16 años de edad, poco más o menos, quienes podían dibujar un mapa completo de los viajes de Pablo, sacado de sus propios conocimientos, y dar una idea general de cada provincia que él visitó.

Para las lecciones textuales, puede usarse un pequeño libro o manual, que el discípulo lleve y use durante la semana para estudiar su lección, y venga prevenido y listo el domingo para darla al maestro. Esta clase ocupará unos quince minutos de la hora; y todo el resto del tiempo se ocupará para aquella parte de la escuela que hemos llamado la lección espiritual. Los niños y niñas no rehusarán hacer el estudio en esta forma, siempre que se les presente de una manera propia y agradable. Aquellos maestros negligentes que no quieren echar sobre sus hombros este trabajo nuevo, deberían mejor retirarse de su puesto, para dejarlo a otros más entusiastas y con más deseos de progresar en el trabajo de la Escuela Dominical.

Los mapas, pizarrones, revistas gráficas, versículos y capítulos bíblicos para memorizarse, y varias otras cosas nuevas, ayudarán, mucho en este curso de estudio. No hay cosa más interesante que el estudio de la Biblia, de sus tiempos históricos, de su geografía, sus personajes, etc., etc., Deberá haber exámenes periódicos, cuando menos uno cada cuatro meses; pero al principio, los discípulos tendrán la libertad de examinarse o no. Por supuesto que estos exámenes tendrán el objeto de hacer de la Escuela Dominical una verdadera escuela, en toda forma, compuesta de grados, los que el discípulo irá cursando después de haber pasado sus respectivos exámenes y obtenido las calificaciones necesarias para pasar de uno a otro. Esto implica el uso de diplomas, certificados, etc., y nosotros recomendamos que se manden hacer éstos con un diseño artístico y de buen gusto.

Capítulo 3

La división más apropiada para las clases de la Escuela Dominical.

Horacio Mann fue quien luchó por dividir las clases de las escuelas públicas en años, grados y secciones. Para nosotros es muy interesante observar que los mismos argumentos usados en contra de su idea, son los que ahora se usan contra el plan de dividir la Escuela Dominical en grados.

Esta división debemos confesarlo, no es muy perfecta; pero es la mejor que se ha encontrado hasta ahora. Uno de los más poderosos argumentos contra el plan de Horacio Mann, fue el que el arreglo más natural para conseguir que la influencia y la ayuda de los discípulos más adelantados, llegara a los más pequeños
y atrasados. Sería aquel en el cual todos estuvieran presentes en un mismo cuarto para oír las mismas clases. En muchas escuelas que todavía no adoptaban el nuevo arreglo, los niños de corta edad oían las clases de los grandes día por día, y de esta manera llegaban a obtener cierta cantidad de conocimientos que los preparaba para recibir a su turno aquellas mismas clases, en los años posteriores. Pero esta grande ventaja está superada, y en mucho, por la ventaja que hay en poner un maestro especialista para cada año.

El maestro antiguo puede objetar que la nueva división en años quita a la escuela esa placentera variedad de muchas y diferentes clases, y cualquiera persona, como el que esto escribe, podrá recordar cuan natural y variada era la escuela antigua, y que artificial nos parece ahora la división de clases en años. Era
realmente una alegría para el maestro cambiar de una clase atrasada con niños chicos, a otra mucho más adelantada con alumnos grandes. Pero esta experiencia confirma la sabiduría pedagógica moderna, porque el mejor trabajo que pudo haberse hecho en las escuelas antiguas, es muy inferior comparado con el que ahora se hace, de una manera exacta, lógica y progresiva.

¿Cuál será entonces la mejor división para las clases de la Escuela Dominical? Seguramente que no sería aquella por la cual examináramos a los alumnos acerca de los conocimientos más o menos profundos que puedan tener de la Biblia. El propósito de la Escuela Dominical es crear el carácter y una nueva vida moral en sus discípulos, y por lo tanto, para esta división se requiere una base más importante que aquella por la cual nos preocupemos sólo de la vida intelectual. Sin ninguna dificultad y sin inventar nada nuevo, tendremos que llegar a adoptar la división más simple, más sencilla y más profunda a la vez: es la división de estas clases, teniendo en cuenta la edad de los alumnos.

El párvulo, el niño, el joven y el adulto; estos son los nombres de los diferentes períodos de la vida humana; aquellos que probablemente se han conocido primero en todas las lenguas terrestres.

La Escuela Dominical tiene un lugar para el párvulo en su lista de cuna, y a sus miembros se les recuerda por oraciones a la hora de clases.

El primer grado o año está compuesto de niños que forman el Departamento Primario. Estos deberán ser de tres a ocho años. Este año tiene característicos muy importantes de los cuales después hablaremos.

El segundo año deberá componerse de niños y niñas que tengan de nueve a trece años de edad. Tal vez el mejor nombre para esta división sería “Departamento Secundario.”

El tercer grado sería para los jóvenes de trece a diecisiete años. Después vendrían los departamentos para adultos o clases avanzadas, la Escuela Normal y el departamento para preparar maestros.

Hablaremos ahora de las tres primeras divisiones; el párvulo, el niño y el joven, para estudiar los característicos principales de ellas. El párvulo depende y necesita de la ayuda extraña en todos los pasos de su vida; y es de notarse que encuentra un placer grande en aceptar esta dependencia. La reconoce alegremente cuando se cuelga de la mano paternal al andar por las calles. ¿Sería posible saber cuándo termina esta edad? Creo que sí: tómese la mano de un niño al andar por la calle, y si él ha pasado su primera edad, procurará retirar su mano de la vuestra; vuélvase a tomarla, y después de un momento el niño resueltamente se apartará de uno, para seguir su camino sólo, por no agradarle que lo vean otras llevado de la mano. En esta edad el niño se cree independiente.

Observemos ahora al joven y veremos que no gusta de ser independiente como el niño, ni de depender de otro como el párvulo; pero sí procura encontrar el brazo de su hermana, o de su amigo, (muchas veces mejor el brazo de la amiga que el de su hermana) para andar por la calle.

Estudiemos otro punto de comparación: el párvulo no tiene idea de lo que es el sexo; juega con niños y niñas indiferentemente y con el mismo placer; usa vestidos de niña, se riza el cabello, siempre que su madre quiera hacerlo, y generalmente ella sabe y quiere hacerlo. El niño un poco más grande es diferente; pide que no se le vista femeninamente y se siente orgulloso de ser hombre; sobre todo, desprecia a las niñas, Uno de estos muchachos escribió en un ensayo lo que yo creo viene a ser la idea universal que tales niños tienen acerca de sus compañeras: “Las mujeres están siempre enfermas. Son ridículas porque siempre hacen burla de nuestras manos sucias; pero es que ellas no pueden jugar nunca a las canicas. Las compadezco.” Y las niñas corresponden a este desprecio de la misma manera.

En los jóvenes volvemos a ver que los sexos vienen a ser atractivos mutuamente otra vez.

El niño no se da cuenta clara de todas sus acciones; esto lo podemos ver en la manera fácil e irreprochable con la cual puede recitar sus poesías o cantos en las fiestas de la Escuela Dominical. Una vez tuve la oportunidad de oír a una niña cantar un solo en la Escuela Dominical. Saltó a la plataforma, esperó cuatro o cinco minutos hasta que el organista encontrara la pieza, sonrió con sus amiguitas durante ese tiempo y después cantó su pieza de la manera más limpia, más tranquila y más dulce que pueda darse. Si una señorita hubiese estado en su lugar, figuraos qué de sustos, de temblores y ansiedades hubiera pasado durante aquellos cuatro o cinco minutos de espera.

Si estudiamos separadamente estos dos períodos de la vida humana, encontraremos que el párvulo tiene una imaginación viva, una gran percepción; pero no educada y no tiene la habilidad del razonamiento. Sus hábitos y costumbres están por formarse; pero espiritualmente tiene una hermosa fe en todo, una actitud de dependencia y una religiosa sinceridad. Este es el material con el cual tendremos que trabajar en el departamento Primario.

Después estudiemos al niño un poco más grande y lo veremos luchando por ser independiente, listo y ganoso de aprender, con una memoria más activa y algún razonamiento, aunque no del todo correcto. Socialmente no tiene amigos particulares, es amigo de todos y a todos encuentra iguales en general. Su característico especial es la actividad fenomenal de su mente, cuerpo y alma. “Su hambre insaciable físicamente es sólo una prueba de su misma hambre moral y espiritual.” Este período de la vida es el más importante para los maestros; valdría la pena consagrar toda una vida aprendiendo los mejores métodos para llegar a saber guiar a los niños de esta clase en la formación de su carácter.

Procuremos ahora hablar del joven: Él o ella es una personalidad llena de ideas, sabe razonar, sabe buscar, tiene muchos cambios en su mente, sufre, goza y se encuentra en un período peligroso de su vida. Está en el período de las grandes ideas, los grandes planes, y en este tiempo se le puede ganar para Cristo de una manera tan completa y radical como no podrá hacerse más tarde. No hay trabajo más difícil que enseñar a estos jóvenes, y los maestros deberán tener para con ellos una gran simpatía, y un conocimiento íntimo de su carácter. Deberá también el maestro tener un verdadero y grande carácter para conseguir de ellos una admiración y respeto genuinos; además, debe tener una habilidad extraordinaria para enseñarles la doctrina de la Biblia.

Dividiendo las clases de la Escuela Dominical de esta manera, lo simple y sencillo del plan hace que sea adaptable en cualquier parte. En la más pequeña escuela habrá siempre niños, jóvenes y adultos, que necesitarán nuestro cuidado, no importándonos el tener clases de cinco o de quinientos alumnos, pues nuestro trabajo es crear el carácter, y en ello está la excelencia y superioridad del plan anterior.

Después estudiaremos al adulto. Como las clases avanzadas constituyen un problema, tendremos que dedicarles otro capítulo. Ha habido un progreso extraordinario en la Escuela Dominical. El plan de Baraca y la unión de todos los adultos en una sola clase, para conseguir la ayuda mutua, han sido causa de un nuevo y admirable crecimiento de ella, y este crecimiento constituye un resultado muy placentero para los que trabajan y se preocupan por la conquista del mundo para Cristo.

Capítulo 4

Como preparar de una manera practica y efectiva a los maestros de la Escuela Dominical

Existe una extraña y persistente idea entre los trabajadores de la Escuela Dominical que nosotros tachamos de errónea. Creen ellos que una fe y un entusiasmo religiosos con unos deseos ‘muy grandes de servir a la causa de Cristo, podrán suplir la falta de conocimientos para enseñar las verdades de la Biblia. ¿Qué importa, preguntarán ellos, que el maestro no conozca todos los libros de la Biblia, o ni siquiera conozca todos los detalles de la vida de Cristo, si él tiene fe, entusiasmo, y seguramente impresionará a sus discípulos? Es cierto, los impresionará, pero de una manera muy distinta de la que él se propone. En estos días de educación avanzada en las escuelas públicas, los niños inteligentes pueden fácilmente reconocer la ignorancia o incapacidad de los maestros. Para demostrar esto, voy a dar un ejemplo: Dos niños escuchaban en una Escuela Dominical a un viejo predicador de la escuela antigua, de aquellos a quienes les faltan muchos conocimientos, pero a quienes les sobra fe y buenos deseos de servir en la causa del Señor. El predicador aquel había estado hablando de algunos pasajes de la Biblia, y cuando, tal vez impresionado por su propia relación, y deseando impresionar igualmente a sus oyentes, llegó a la parte más culminante de su alocución, empezó a derramar lágrimas. Entonces uno de aquellos dos alumnos se acercó al otro y le preguntó: “Oye, dime, ¿por qué está llorando ese amigo?” “Cállate, respondió el interrogado, si tuvieras tú que pararte allí en la tribuna para decir algo, y no tuvieras nada qué decir en todo este tiempo, sino lo que él ha dicho, también tú te pondrías a llorar.”

En ninguna escuela pública o diaria admitirían a personas ignorantes para maestros; luego, ¿por qué no hacer lo mismo en la Escuela Dominical? El libro de texto usado en las Escuelas Dominicales, la Biblia, es uno de los más difíciles de explicarse, y no es una tarea fácil dar una lección de quince minutos cada semana, cuya enseñanza e influencia dure viva sobre el discípulo durante los seis días restantes. Todo esto pesa bastante sobre la responsabilidad del maestro de Escuela Dominical.

Veamos algunos puntos sobre este asunto:

I, ¿Qué plan de estudios es el más práctico para obtener un buen resultado?

Fácil sería arreglar una lista de obras pedagógicas que se usaran para preparar a los maestros de la Escuela Dominical, añadiendo a esta lista un estudio original de la Biblia, analítico y sintético que sería de gran utilidad para el caso. Pero el cuerpo de profesores en la Escuela Dominical no seguiría este plan ya arreglado, y los que tuvieran tiempo de hacerlo, no lo harían por falta de voluntad; y por lo tanto, sólo debe arreglarse y prepararse un curso completo de estudios que pueda llevarse con toda facilidad a la práctica.

La experiencia nos ha demostrado que cada Escuela Dominical debe preparar y proveerse de maestros de entre sus mismos miembros. Volvemos a repetir que es necesario que cada escuela prepare sus propios maestros, pues no es posible encontrar en ninguna iglesia el número suficiente de profesores para la Escuela Dominical, aunque entre los miembros de esa iglesia haya algunos bastante instruidos o que hayan terminado alguna carrera profesional en los colegios. Estas personas bien educadas, muchas veces, no conocen ni siquiera superficialmente la Biblia, o no son buenos maestros; sin embargo, ellos serán quienes mejor puedan prepararse para el profesorado de la Escuela Dominical, haciendo esto que el departamento normal de la Escuela Dominical tenga tanta importancia en su esfera de acción como la tiene la Escuela Normal en el sistema moderno de escuelas primarias y superiores actualmente en existencia. ¿Quién no recuerda aquellos días cuando no existían las escuelas normales? En aquellos tiempos, las escuelas primarias tenían que buscar y admitir toda clase de maestros. Ahora, la presencia de los normalistas se hace sentir en todas partes; y las escuelas públicas no habrían llegado nunca al estado de adelanto en que se encuentran si no fuera por estos maestros preparados en las escuelas normales.

Debe recordarse que el trabajo de preparar maestros para la Escuela Dominical no es con el objeto de darles una educación completa. Casi siempre, las personas escogidas para el profesorado de las Escuelas Dominicales son inteligentes, ya educadas en otros colegios, y están ansiosas por estudiar, por lo cual no necesitan más que se les den algunos consejos, sugestiones, y se les enseñe el curso de estudios que deberán seguir. Dividiremos este curso de estudios en cinco partes, que consideraremos como las más importantes:

(1) Estudio comprensivo de la Biblia. La Biblia tomada en general y examinada después en detalle, está formada por sus libros, no capítulos, enteramente separados unos de otros. Clasificación de estos libros de una manera general; análisis de su contenido para que el maestro pueda darse una idea completa de lo que es la Biblia. Después un estudio sintético de la misma, que abarque temas históricos del Antiguo Testamento, estudios biográficos y la vida de Cristo. Estudio literario de la Biblia, en el cual se hará notar la variedad de formas literarias, en las que está escrito el Mensaje de Dios; el significado de estas formas, su belleza y valor literario y el modo de interpretarlo. Lógicamente sigue un estudio expositivo de la Biblia en el cual se examinarán cuidadosamente las palabras y frases de ella para obtener la verdadera significación de cada una de ellas.

(2) Como segunda parte de este plan pondremos el conocimiento de libros que se relacionan con la Biblia. El maestro debe saber usar las Concordancias de la Biblia, los Diccionarios Bíblicos, la Geografía Arqueológica, Etnología y toda esa vasta biblioteca que se refiere a estudios de la Palabra de Dios. El maestro de la Escuela Dominical necesitará algunos consejos sobre cuáles son los mejores libros que él debe usar para cumplir con el plan de estudios que en esta segunda parte señalamos.

(3) Un estudio pedagógico aplicado a la enseñanza de la Biblia. Con seguridad que sólo podrá darse un curso muy elemental de Pedagogía; pero será de muy buenos resultados si se da de una manera práctica, interesante y sugestiva, enseñando cómo es posible ilustrar a una clase, preguntar, llamar la atención, conservar el orden, guardar el interés durante toda la clase, y entender también las leyes de la memoria, imaginación, razonamiento, etc.

(4) Que el maestro aprenda a conocer el carácter, inclinaciones, individualidad, cualidades y otras fuerzas creadoras de sus discípulos.

(5) Por último, es importante enseñar en el curso normal de la Escuela Dominical cuáles son los métodos y organización más modernos de ella misma. Esto incluirá la organización financiera, las divisiones de los departamentos, los cursos de estudio, el Departamento del Hogar y el de Cuna, días de decisión, visitas de casa en casa para traer nuevos miembros y Convenciones locales y generales de la Escuela Dominical.

Este es el trabajo que están ya llevando a cabo varias Escuelas Dominicales en su departamento normal.

II. Cómo organizar y establecer la clase para maestros

Generalmente es posible transformar una clase de adultos en la primera clase Normal de la Escuela Dominical. Invítese a las personas de la iglesia que deseen prepararse para enseñar las doctrinas de Cristo. Procúrese también hacer esta invitación desde el pulpito como uno de los anuncios más importantes que el predicador da en cada servicio. Al final del año se hará que esta primera clase pase al segundo año de Normal, y entonces se formará otra nueva para cursar el primer año, de la misma manera que se formó la anterior. Al año siguiente se hará lo mismo, y la Escuela Dominical contará para este tiempo con tres diferentes clases normales. No es una tarea fácil de inaugurar cada una de estas clases, pero con esfuerzos, luchas y verdaderos deseos de trabajar, se podrá obtener el establecimiento de estas clases normales.

El maestro modelo es Cristo. Él es el ejemplo perfecto para el maestro en cuestiones religiosas. Así nos lo demuestran su preparación completa para ejercer su ministerio, su entusiasmo por el estudio de la Biblia, su carácter sagrado y santo y todas las demás cualidades que forman al maestro y que El poseía a fondo. Cristo nos demuestra que fue un gran maestro en el arte de enseñar cuando hablaba en el pozo de Jacob, o cuando en el camino para Emaús conversaba con dos de sus discípulos, lo mismo que en todas sus admirables parábolas.

Cristo nos enseña también el poder de la personalidad en toda enseñanza con el ejemplo de su conducta moral e irreprochable en todos sentidos. El mismo es la representación más perfecta de su Evangelio y nos revela más cosas acerca del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en sus actos que en sus palabras. Él es
la luz más preciosa de todas cuando penetra en lo más profundo de nuestras almas; y mucho más preciosa cuando sirve de ejemplo a aquellos que desean a su vez disipar las tinieblas de la tierra.

Capítulo 5

Los cursos y división de lecciones de la Escuela dominical

Hemos llegado ya a aquel punto que ocupa el primer lugar en todas las discusiones acerca de métodos y organización de las Escuelas Dominicales. El programa de estudios en una Escuela Dominical es, ciertamente, una de las cosas más importantes; pero no la creemos más importante que cualquiera de los puntos de que ya hemos hablado en el curso de este libro. Lo primero que tenemos que decirles que nunca escogemos estas divisiones y estos cursos primero para las clases, y después buscamos a los discípulos que más apropiados estén para seguir dichos cursos. Primeramente se determinará quiénes van a formar las clases; después estudiaremos la naturaleza y hábitos o costumbres de los alumnos; y entonces estaremos listos para escoger y adaptar las lecciones bíblicas para la Escuela Dominical.

I. ¿Cuáles son los métodos fundamentales para escoger material bíblico que nos sirva para las lecciones?

Hay dos; los mismos que los predicadores han encontrado para preparar sus sermone. Uno es el método de tópico, con el cual se toma un pasaje de la Biblia sugestivo, y en el cual puedan encontrarse fácilmente una o más verdades generales, con las que se ilustre la lección que se está meditando. El predicador o el maestro desarrolla este pasaje lógica y retóricamente para producir en su auditorio la impresión deseada. El otro método de enseñar la Biblia es el expositivo, exegético, o textual. No necesitamos decir que por este método el predicador o el maestro tratan en lo absoluto de seguir el pensamiento exacto del pasaje bíblico, de una manera imparcial, correcta, y sigue en todas sus formas el desarrollo de ese pasaje en particular. Ambos métodos son seguidos en el pulpito y ambos también son necesarios para que se obtenga un éxito halagüeño en los cursos de estudios de la Escuela Dominical. Cada uno de ellos tiene sus ventajas. El primero nos da la comprensión y desarrollo de las verdades bíblicas; el expositivo o textual nos da el mensaje exacto y su significado; por lo tanto estos dos métodos no se repulsan, sino se complementan. El método tópico es educativo; el textual es inspirador y espiritual.

Las lecciones uniformes e internacionales son implicatorias. Siguen un curso de tópicos, pero no de una manera tan completa para que puedan cambiar sus característicos y ser estrictamente textuales y aplicativos de ciertos pasajes de la Biblia. Esto, por supuesto, no es una objeción al uso de estas lecciones.
Estas series son una parte esencial de un estudio completo de la Biblia, y están escogidas de la mejor manera posible. Pero, una vez más, diremos que considerando a la Biblia como un libro muy peculiar en su construcción, nunca se podrá adquirir un completo conocimiento de las Santas Escrituras, de su historia, su contenido, sus hechos y su sistema completo de verdades, con la sola exposición de lecciones bíblicas en detalle. Debemos estudiarla por medio de tópicos o temas, arreglados en un orden lógico para recoger el mejor fruto de nuestros estudios.

Como antes hemos dicho, volvemos a repetir que dos cursos de lecciones son necesarios; y puedo, como repórter, informar lo benéfico que ha sido el sistema de tener estas dos diferentes clases en un solo Domingo.

II. Las dos lecciones en la Escuela Dominical

Varias escuelas dominicales han aceptado el plan de tener una clase de diez o doce minutos en la cual se enseña la lección por medio de tópicos, y después tienen la segunda clase en la cual se usan las hojas internacionales; la experiencia ha demostrado que con este método el interés de los alumnos por la lección aumenta sorprendentemente.

III. La Biblia como libro de texto

Cualquier maestro podrá ver, al tomar una Biblia, que no es un libro de texto fácil de comprender; no está arreglado en orden ni pedagógicamente. Es un libro de maravillosa armonía y unanimidad, compuesto de pequeños libros. Es en realidad una biblioteca entera de literatura sagrada; y, por lo tanto, debemos estudiarla libro por libro, sacando la forma literaria de cada uno de ellos, su lugar en la historia sagrada, su geografía y su construcción. Debemos recordar que la Biblia es un libro oriental; sus primeras líneas fueron escritas hace más de tres mil ochocientos años; y aun cuando mucho de su contenido es fácil de comprender por todos, contiene algunos pasajes muy hermosos que sólo pueden ser comprendidos reconstruyendo los tiempos antiguos en que fue escrita y los lugares en los cuales se desarrolla la acción de que hablan esos pasajes.

Por todo esto, las series de lecciones generales, aquellas que deben de darse antes de estudiar las hojas internacionales, deberán cubrir el contenido de la Biblia, su geografía, arqueología, etnología, etc., etc.; y deberán contener también la parte aquella que enseñe a los estudiantes todas las virtudes cardinales, fidelidad, valor, bondad, amor y cariño por la verdad.

Educará la juventud en carácter es el supremo objeto de la Escuela Dominical; y los maestros se preguntan constantemente cuál es el medio mejor para alcanzar este ideal. Seguramente que para alcanzarlo, debe enseñarse un plan de estudios bien organizado, en el cual se enseñe la virtud y que tenga el poder de estimular a los alumnos para obrar el bien y ser fuertes contra la tentación. Educar es obtener resultados visibles, y sólo de esta manera podrán obtenerse.

Otro tema importante de las Lecciones Generales será el de las “Lecciones de Historia”. Se entiende, por supuesto, de historia de la iglesia de Cristo. Esta iglesia es el fruto más vivo de la revelación bíblica; y siempre podremos obtener más luces e inspiración estudiando las etapas de la iglesia, sus luches, sus conquistas sucesivas, su triste condición cuando cayó en el pecado, su reforma y crecimiento últimos. La historia de la iglesia en el siglo XVIII está llena de gloriosos hechos que inspirarán seguramente a todos los miembros de la Escuela Dominical; y es nuestro deber enseñar a ellos todos estos sucesos. La historia de la iglesia en el siglo XIX debe ser estudiada también, su crecimiento asombroso, sus muchos movimientos, su organización, sus hombres notables, eventos y caracteres; todo esto nos puede ser muy útil para hacer brotar el entusiasmo de una manera general. La Escuela Dominical forma miembros para la iglesia del futuro, y lo que queramos que ellos sean en ese futuro, hoy es cuando debemos prepararlo. Por lo tanto, debemos enseñar a los jóvenes del día a tener buenos hábitos o costumbres, vidas ordenadas, a asistir puntualmente a la iglesia, así como pagar con toda exactitud su sostenimiento propio; debemos enseñarlos a orar, pública y privadamente, y a estar listos para trabajar en todo tiempo en favor de la iglesia.

¿Podrá hacerse todo esto durante la corta hora de la Escuela Dominical? Muchas escuelas están haciendo todo lo que pueden. Debemos recurrir a todos los medios propios para hacer la enseñanza más efectiva y más práctica. Debemos usar toda clase de objetos útiles: el pizarrón, colores, y todo lo que esté a nuestro alcance y nos sea de utilidad para abrir el corazón y la mente de los educandos. La “Lección General,” de que ya hemos hablado, aquella que se debe dar antes de estudiar con las hojas internacionales, admite la división gradual más detallada que pueda haber. Puede prepararse un curso de ocho años, que principie con la simple y fácil historia o lecciones de historia en el Departamento Primario, siguiendo después con lecciones propias para jóvenes y señoritas, y concluyendo finalmente con lección y estudios más profundos y serios para los adultos.

Puedo informar que esto se está haciendo en varias de nuestras Escuelas Dominicales más grandes, y que este plan ha dado magníficos resultados. Esta manera de estudiar la Biblia ha creado un interés muy grande por su conocimiento; ha despertado estudiantes fieles de ella, que pueden sostener exámenes acerca de su historia y de su contenido; y ha desarrollado la atmósfera de la escuela a la vez que ha aumentado el profundo respeto y sentimiento de reverencia que todos nosotros deseamos para con nuestra iglesia y su Escuela Dominical.

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