¿Se arrepiente Dios?

Estudio de la relación entre el arrepentimiento de Dios y su inmutabilidad y su infalibilidad.

En la Biblia se encuentran más de cuarenta pasajes en que leemos del arrepentimiento de Dios. Génesis 6:6, por ejemplo, dice clara e inequívocamente que «arrepintióse Jehová de haber hecho al hombre en la tierra.» No cabe duda de que aquel fue un arrepentimiento bastante inclusivo y significativo. Sin embargo, otros versículos dicen con igual dogmatismo que «Dios no es hijo de hombre, para que se arrepienta» (Números 23:19). Esta investigación trata de la significación de estas expresiones y la solución de los problemas que nos plantean.

LOS PROBLEMAS

1. En primer lugar, enfrentamos aquí lo que parece una contradicción insoluble en la palabra de Dios. Consideren, por ejemplo, el capitulo quince de I Samuel. En esté solo capitulo se dice dos veces que el Señor se arrepintió (v. 35 y v. 11 en el Hebreo, en Nacar-Colunga y en el inglés). Pero se dice también, en el mismo capitulo, que el Señor no se arrepiente nunca ni se arrepentirá (v. 29). Y veremos muchos otros versículos que dicen estas dos cosas que parecen irreconciliables.

2. Cuando el hombre se arrepiente, se arrepiente de su pecado. Este es el sentido común de la palabra arrepentirse. Entonces, cuando la Biblia dice que Dios se arrepintió, ¿implica esta expresión alguna falta o algún pecado en el Santísimo? ¿Cómo podemos reconciliar el arrepentimiento de Dios con su santidad y su perfección absoluta?

3. O también, si Dios se ha arrepentido de haber hecho alguna cosa, ¿quiere decir que él se habia equivocado? ¿O que él no previó los resultados de su acción?

4. ¿Quiere decir esta expresión que Dios puede cambiar y que él no es siempre lo mismo? ¿O implica que su palabra, sus promesas y sus advertencias no son fieles? Tenemos que reconciliar el arrepentimiento con su inmutabilidad y su fidelidad.

LAS PALABRAS HEBRAICAS PARA EL ARREPENTIMIENTO

En la Biblia hebraica se usan dos palabras para la idea del arrepentimiento, NAKAM y SHIB. La primera palabra, NAKAM, es la de más importancia en este estudio, porque se usa más de cuarenta veces refiriéndose a Dios. El otro verbo, SHIB, tiene el sentido más general de «volver, tornar», y se usa mucho más de los hombres que del Señor.

NAKAM. Esta palabra hebraica se derivó de una raíz arábiga que quería decir «jadear, acezar». Fue un ejemplo de onomatopeya, imitando el sonido de una respiración profunda. De aqui llegó a expresar cualquier emoción profunda, o del pesar o del alivio.

Que el sentido de NAKAM era más amplio que el de nuestra palabra «arrepentimeinto» se hace claro por un sumario de sus usos en el Antiguo Testamento. Tiene cuatro sentidos:

I. Tener compasión, compadecer.

Jueces 2:18 – Jehová se arrepentía (N. C.: se compadecía) por sus gemidos.
Sal. 90:13b – aplácate (N. C.: ten compasión; K. J.: «Let it repent thee»)1
Deut 32:36 – por amor se arrepentirá (N. C.: tendrá misericordia)
Joel 2:14 – se apiadará (N. C.: se arrepiente)
Véase también Jueces 21:6, Sal. 106:45, Jer. 15:6, Os. 11:8.

II. Lamentar, sufrir pena

Gén. 6:6, 7 – arrepintióse … y pesóle en su corazón (N. C.: doliéndose)
Jer. 20:16 – no se arrepintió (N. C.: sin compasión); y véase Ex. 13:17, I Sam. 15:11.
Por eso significa también volverse, tornar, cambiar un curso de acción: por lamentarlo: un solo ejemplo, Sal. 106:45 – y arrepentíase (N. C.: le inclinó)

III. Confortarse, Confortar a otra persona

Gén. 24:67 – y consolóse Isaac después de la muerte de su madre
Gén. 38:12 – y Judá se consoló (N. C.: pasado el duelo por ella)
Ez. 31:16 – tomaron consolación véase Isa. 66:13 y Gén. 37:35 y compárese el nombre de Nahum, «Confortador» (NAKAM)

IV. Descargarse, desquitan, especialmente por la venganza

Is. 1:24 – tomaré satisfacción, vengaréme (N. C.: tomar venganza, pedir satisfacción).
Is. 54:11 – fatigada con tempestad, sin consuelo (N. C.: sin abrigo)
Véase Is. 57:6, Sal. 119:52, Sal. 135:14.

¡Todos estos versículos, con sentidos tan variados y hasta opuestos, traducen el mismo verbo hebraico! Es claro, entonces, que tenemos que fundir todas estas connotaciones diversas de NAKAM para sentir y entender el sentido pleno de esta palabra compleja. Lo cierto es que NAKAM es mucho más amplio que lo que connota la palabra española «arrepentimiento». También, es sumamente significativo que la palabra hebraica puede tener un sentido moralmente neutral, que no implica ni pecado ni falta ni equivocación. La idea fundamental es la de una emoción tan profundísima que afecta todas las acciones y las relaciones.

SHIB. Este verbo es mucho más sencillo que NAKAM y siempre significa «volverse, tornar». Por lo general se usa en el sentido literal (véase Gén. 18:10, 14). Los sentidos figurados son:

I. De los hombres:

a. volverse de Dios a los pecados – Núm. 14:13, Jer. 34:16
b. volverse de los pecados al Señor – Os. 6:1, Jer. 34:15

II. De Jehová:

a. volverse para bendecir – Mal. 3:7
b. volverse para castigar – Jos. 24:20, Os. 11:9
c. volverse de bendecir – Jer. 32:40
d. volverse de castigar – Jos. 7:26, Sal. 132:11, Jer. 4:28.

Debe notarse, en este resumen lexicográfico, que SHIB también tiene un sentido moralmente neutral; no indica ni pecado ni falta ni equivocación. Indica básicamente cualquier cambio en un curso de acción o en cualquier relación personal, sin hacer caso del por qué.

ANÁLISIS

Analicemos primero los pasajes que enseñan que el Señor puede arrepentirse, y luego los que dicen que él no puede arrepentirse.

Dios puede arrepentirse. Todos los pasajes que afirman que Dios sí puede arrepentirse se dividen en dos clasificaciones, las cuales se encuentran juntas en Jer. 18:7-10 después de la famosa ilustración del alfarero: «En un instante hablaré contra gentes y contra reinos, para arrancar, y disipar, y destruir. Empero si esas gentes se convirtieren de su maldad, de que habré hablado, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles. Y en un momento hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar; pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, arrepentiréme del bien que había determinado hacerle.»

El primer aspecto, entonces, es el siguiente: Cuando el hombre se torna de Dios y se desvía en el pecado, Dios se torna del hombre y lo castiga. El Señor es siempre perfectamente santo y puro, y «no puede ver al agravio». Así castigó a la humanidad en general (Gén. 6:6, 7), a Saúl (I Sam. 15:11, 35), y a su pueblo Israel (Sal. 135:14), a pesar de que le dio tristeza (Gén. 6:6, 7, I Sam. 15:11, 35). No importa si sea el pueblo más bendecido y favorecido de Dios; cuando se desvía de él, él se arrepiente de sus bendiciones a él y le castiga (Jer. 18:10).

Interesantemente, la Biblia tiene mucho más ejemplos del aspecto segundo: Cuando el hombre se vuelve a Dios, Dios se torna del castigo hasta la bendición. Se encuentran casos en Ex. 32:12-14, Jos. 7:26, II Sam. 24:16, Sal. 90:13, Jer. 18:8, 26:3, 42:10, Joel 2:12-14, Amós 7:3, 6, y Jonás 3:9, 10, 4:2. Hay que observar que en cada caso el hombre se tornó primero de su rebelión, y luego Dios se volvió a la bendición.2 En el hebreo Jer. 26:3 dice que el hombre tiene que tornarse antes de que Dios se torne; pero a la vez el versiculo 13 dice que cuando el hombre llega a volverse a Dios, es seguro que el Señor también se volverá a perdonar y favorecerle (cf. Jer. 26:13, II Cron. 30:6, Joel 2:13, Jonás 3:8, 9, Zac. 1:3, y Mal. 3:7).

Este aspecto del arrepentimiento divino es la expresión del amor de Dios, como el anterior era la de su justicia. Sal. 106:45 dice, en cuanto a las experiencias de Israel en el desierto, «Y acordábase de su pacto con ellos, y arrepentíase conforme a la muchedumbre de sus misericordias.» (Véase Joel 2:13). En algunas instancias expresa también la justicia de Dios, porque cuando la punición judicial queda completa, Dios se torna de su ira (II Sam. 24:16, I Cron. 21:15, Deut. 32:36). Pero siempre el arrepentimiento divino es precedido por el arrepentimiento humano y por la intercesión (Ex. 33:12, Jer. 26:19, Jueces 2:18, Sal. 106:45, Amós 7:3, 6).

Dios no puede arrepentirse. Son menos los pasajes que dicen que el Señor nunca se arrepiente, pero son muy fuertes y claros. Se dividen en tres clases:

A) En cuanto a su carácter, y especialmente en cuanto a su santidad y su justicia, Dios siempre se queda inmutable. «Porque Yo, Jehová, no me mudo» (Mal. 3:6, y véase Sant. 1:17). Por eso tuvo que rechazar al impenitente rey Saúl
(I Sam. 15), porque no pudo tornarse, o arrepentirse, en cuanto a la santidad de su carácter. «El Vencedor de Israel no mentirá, ni se arrepentirá», dice el relato bíblico (I Sam. 15:29). Cuando Saúl se tornó de Dios y de la obediencia, Dios tuvo que tornarse (arrepentirse) en cuanto a Saúl. «Pésame», dijo, «de haber puesto por rey a Saúl» (1 Sam. 15:11; cf. 15:35, «se había arrepentido de haber puesto a Saúl por rey.»). Dios se tornó de Saúl y le quitó el reino (I Sam. 15:28).

B) En cuanto a su palabra y sus promesas, también, Dios nunca falta ni cambia. Balaam no pudo cambiar la sentencia divina contra el rey engañoso, Balac, porque «Dios no es hombre, para que mienta; ni Hijo de hombre para que se arrepienta.» (Núm. 23:19; y véase Sal. 110:4, citado en Heb. 7:21 – «Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melchidesec»).

C) En cuanto a su voluntad, los propósitos de Dios siempre se cumplen exactamente como él quiere (Job. 23:13, Sal. 33:11). Dios dijo de Israel, «Toda la tierra será asolada; mas no haré consumación … y no me arrepentí, ni me tornaré de ello» – y así sucedió (Jer. 4:27, 28). Dios dijo, «No me tornaré atrás, ni me arrepentiré: según tus caminos y tus obras te juzgarán» – y así sucede siempre (Ezeq. 24:14; véase Jer. 20:16, Zac. 8:14).

Aquí debemos observar, sin embargo, que en muchos casos la voluntad de Dios es una voluntad condicional. Castigará al hombre según sus caminos; es decir, si el hombre no se torna del pecado y se arrepiente delante de Dios, Dios con toda seguridad le castigará según su palabra divina. Pero si el hombre se arrepiente, Dios le perdonará, y eso también será según su palabra divina.

Por medio de Jonás el Señor dijo a Níneve, «de aquí a cuarenta días Nínive será destruida» (Jonás 3:4). Esta fue una advertencia condicional, y cuando Nínive se arrepintió, Dios se arrepintió también: «Y vió Dios que se convirtieron (SHIB) de su mal camino: y arrepintióse del mal que había dicho les había de hacer, y no lo hizo» (Jonás 3:8-10, 4:2). Él no cambió su voluntad, pero su voluntad fue condicionada por la acción de Nínive.

CONCLUSIONES

Es claro del hebreo que las palabras NAKAM y SHIB no tienen que implicar nada de pecado ni falta, a pesar del sentido común de nuestra palabra «arrepentimiento.» Las palabras hebraicas tienen un sentido moralmente neutral, y sus implicaciones éticas dependen del contexto. El remordimiento por pecado es sólo un aspecto escaso de la significación amplia de las dos palabras.

La Biblia dice que Dios puede arrepentirse, y que Dios no puede arrepentirse. Pero no lo dice en el mismo sentido en los dos casos, y por eso no es una contradicción. En el primer caso, la Biblia usa el antropomorfismo, tan nativo al espíritu hebraico. Pero el segundo caso no trata de antropomorfismo, porque dice claramente que «Dios no es hombre… ni hijo del hombre», a pesar de las analogías humanas por las cuales tenemos que describir los atributos complejos y transcendentales de Dios.

Además, el caso de Saúl en I Sam. 15:28, 29 nos enseña que Dios siempre tiene que volverse contra el pecado porque no puede volverse de su propia santidad. Así el «arrepentimiento» contra el pecado es una necesidad de su carácter; es decir, Dios se arrepintió contra Saúl porque no pudo arrepentirse contra su mismo Ser. Lejos de haber conflicto entre su arrepentimiento y su inmutabilidad, su arrepentimiento es la expresión de su inmutabilidad y el resultado inevitable de su justicia.

Así también, cuando el hombre deja su rebelión y Dios entonces se arrepiente de su castigo y se vuelve a bendecir, este arrepentimiento es la expresión también de su justicia y a la vez su misericordia, y no lleva ningún conflicto con su inmutabilidad: «Porque Yo Jehová, no me mudo… Tornaos a mí, y Yo me tornaré a vosotros,» (Mal. 3:6, 7).

Hemos visto, también, que Dios nunca se vuelve de su promesa o de su palabra, pero muchas veces las promesas y las advertencias son condicionales. Si la palabra es condicional, Dios se arrepentirá según la obediencia del hombre. Pero si la palabra es final e incondicional, Dios nunca se arrepiente (v. gr., Jer. 4:27, 28).

Los pasajes que enseñan que el Señor no puede arrepentirse, nos hace recordar que Dios nunca cambia. Pero los hombres sí cambian; y cuando nosotros cambiamos, nuestra relación con Dios tiene que alterarse también. Porque él siempre queda perfectamente santo, él tiene que castigarnos cuando nos tornamos de él en rebelión. Y cuando nos arrepentimos de nuestra rebelión y nos volvemos a él, él está siempre listo para perdonarnos y restaurarnos a su favor divino.

Hay una ilustración de esto que vemos diariamente. Es la relación entre la tierra y el sol. Cuando estamos en la noche, ¿será porque el sol se ha cambiado? ¡Claro que no! El sol está en su lugar en el cielo. El sol no alumbra nada menos de lo que alumbraba antes, durante el día. El sol no se ha cambiado en nada pero la tierra se ha tornado de la luz, y no puede disfrutar más la lumbre y el calor y la belleza del sol. Es lo mismo espiritualmente. Dios no cambia nunca. Cuando estamos en comunión con él, disfrutamos de sus bendiciones y su amor. Pero cuando nos volvemos de la luz de su rostro, se nos hace noche.

1[Las citaciones son de Valera; N. C. quiere decir Nacar-Colunga; K. J. indica la versión inglesa «King James».]

2[Debe notarse que estos casos tienen que ver con la experiencia personal de las bendiciones del Señor y no con la salvación del alma. Así estas conclusiones no vienen al caso de la elección divina o la naturaleza de las operaciones de la gracia salvadora.]

Pensamiento Cristiano, 1959

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