Siete razones en pro del bautismo de creyentes

Cuanto más vivo, más me impresiona cada día la hermosura y significado del bautismo de creyentes, y no puedo menos que sentir que si él fuera realmente entendido por el pueblo cristiano, no vacilaría en obedecer al mandato del Señor. En verdad estaría anhelando cumplir con este sencillo rito exterior; lo que expresaría su deseo de asemejarse a la en lo que le fuera posible.

El bautismo de creyentes difiere de la ceremonia que muchas veces se llama bautismo (1) en cuanto a la persona bautizada y (2) en cuanto al modo del bautismo.

  1. En cuanto a la persona bautizada. Debe ser creyente, uno que cree en el Señor Jesucristo. A menudo oímos hablar del bautismo de adultos; pero la expresión revela una grave equivocación. Si un hombre fuese tan viejo como Matusalen y no creyera, no tendría derecho a ser bautizado. Mientras que un niño que verdaderamente creyera en el Salvador, tendría derecho innegable para ello. Cristo no exigió un sentimiento intenso, ni carácter maduro, ni años de vida honrada y consecuente, como condición para el bautismo. Únicamente exigió la fe; el que creyere y fuere bautizado. … (Marcos 16:16). La pregunta en el bautismo del eunuco (aunque sea una interpelación) demuestra que la costumbre de la iglesia primitiva era cerciorarse de la fe de los que deseaban ser bautizados (Hechos 8:37) y hay evidencia cierta de que los bautizados por los apóstoles eran verdaderos creyentes en el Señor (véanse las referencias al fin). El único bautismo mencionado en la Biblia es el bautismo de creyentes; el rociamiento o la aspersión de los infantes que no pueden creer, puede ser un rito hermoso e interesante, pero no llena las condiciones del bautismo de creyentes.
  2. En cuanto al modo del bautismo. Debe ser por inmersión; es decir: una zambullida de todo el cuerpo debajo del agua. Si no hubiera otro argumento para probar que éste fue el modo primitivo y Escritural, la cuestión se resolvería apelando al capítulo seis de la epístola a los Romanos. El punto principal del argumento allí es este; las aguas del bautismo son un sepulcro, el bautismo es una sepultura; el bautizado es sepultado en la semejanza de la muerte de Cristo.

Si se rocía la cara con unas pocas gotas, es imposible presentar o trazar una semejanza con aquel singular momento en que José y Nicodemo llevaron el cuerpo muerto de nuestro Señor para sepultarlo en la tumba en el jardín, entre las lágrimas de las Marías y la fragancia nocturna de las flores primaverales, y lo escondieron a las miradas de los hombres. ¿Y qué semejanza hay con la resurrección de Cristo a menos que todo el cuerpo pueda ser levantado de las aguas sepulcrales al aire y a la luz?

Sin duda, por estas razones, el libro de oración de la Iglesia de Inglaterra prescribe en su rúbrica la inmersión, como el modo usual del bautismo. No es extraño que Juan bautizara en Enón «porque había allí mucha agua» (Juan 3:23) y convenía que hubiese tanta copia de agua en Jerusalén para los sacerdotes y fines del templo; de otro modo los tres mil nuevos conversos no podrían haberse bautizado en un día (Hechos 2:41).

De conformidad con todo esto tantas de las primitivas iglesias estaban provistas de bautisterios. Por supuesto, el bautismo no salva; no tiene eficacia sacramental; si un hombre no es salvo antes de ser bautizado ciertamente no se salvaría por cumplir con este rito. En verdad, la ordenanza le haría más mal que bien.

Sin embargo, el bautismo de creyentes es obligatorio para los cristianos por las siguientes razones:

  1. Los creyentes deben ser bautizados, porque el Señor Jesús fue bautizado. Cuando tenía 30 años se mezcló con las multitudes que acudían a las riberas del Jordán pidiendo el bautismo de manos de Juan el Bautista. El que bautiza con fuego, fue bautizado con agua (Mateo 3:13; Juan 1:33); si no hubiera otra razón a favor del bautismo de creyentes ¿no sería esta suficiente? Sus huellas conducen hasta las cristalinas y profundas aguas. Y si siguiéramos al Cordero donde quiera que va, no tendríamos más remedio que seguirle también allí. Basta que el siervo sea como su Señor. Nos ha dejado un ejemplo para que sigamos sus pisadas. Los cortesanos imitan aún los mismos defectos de su rey, imitemos nosotros a Cristo en su cumplimiento de toda justicia.
  2. Los creyentes deben ser bautizados porque Cristo lo mandó. «Y él dijo, enseñad a todas las naciones bautizando. … (Mateo 28:19). Estas, como dijo el duque de hierro (Wellington) son las órdenes de marcha de la iglesia. No tenemos libertad para alterarlas o discutirlas; debemos simplemente obedecerlas. Cuando el centurión romano dijo a su criado: «haz esto» fue hecho inmediatamente; y seguramente el capitán de nuestra salvación no debe ser peor servido por sus discípulos y amigos. Su madre pronunció una palabra memorable para la iglesia de todos los tiempos, cuando dijo a los sirvientes en Caná, «Haced todo lo que os dijere» (Juan 2:5). Aunque no pudiéramos ver ningún significado en esta ordenanza, deberíamos someternos a ella porque él la mandó. ¿Cuánto más debemos hacerlo viendo, como vemos, su hermosura y significado? Todo el tiempo suenan en nuestros oídos, como un sonido de campanas de plata, estas palabras «si me amáis guardad mis mandamientos». Y no podríamos agregar «¿sus mandamientos no son pesados?» No es suficiente hablar del amor. Demostrémoslo.
  3. Los creyentes deben ser bautizados, porque los apóstoles lo practicaron. Donde quiera que iban empleaban los ríos y estanques para la práctica de este santo rito; en Jerusalén (Hechos 2:41) en Samaria (Hechos 8:12) en el desierto (Hechos 8:36) entre los gentiles, en la casa del soldado Cornelio en la prisión del carcelero de Filipos (Hechos 10:48 y 16:33) o aunque no tuviéramos otra cosa para guiarnos, sin embargo la práctica de tales hombres, que tenían tantas oportunidades para conocer la voluntad de Cristo, sería una razón concluyente para el cumplimiento de nuestro deber. Rehusamos quedarnos con la iglesia corrompida de los siglos IV y V e iremos a la primera, cuando acababa de salir fresca de las manos de su Señor. Su práctica primitiva será nuestra guía.
  4. Los creyentes deben ser bautizados porque es un hermoso símbolo del perdón del pecado. Juan el Bautista lo empleó primero con este objeto; «Fueron bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados». (Mateo 3:6). Otros significados se le han atribuido también; pero éste significado original es el que permanece. El pecado se describe constantemente como una mancha moral; el perdón se menciona continuamente como un emblanquecimiento por medio del lavamiento. En el bautismo, por supuesto, se quita todo polvo e impureza del cuerpo, y este lavamiento exterior es un signo y recuerdo de lo que ha tenido ya lugar en la experiencia interior del creyente. Parece decir, «He sumergido ya mi naturaleza corrompida de pecado en la fuente abierta para el pecado y la inmundicia; mas, para hacer doblemente cierta mi seguridad lo repito ahora por fe; de igual manera que sumerjo mi cuerpo en este baño cristalino, así también sumerjo ahora mi ser entero en la preciosa sangre de Cristo; y, como mi cuerpo se limpia perfectamente por el agua, así también se torna limpio mi espíritu por la aplicación de la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, la cual no se limpia de todo pecado». (1 Juan 1:7).
  5. Los creyentes deben ser bautizados porque es un distintivo del discipulado. Este es el significado que Cristo mismo le da. «Id, hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos». El Señor buscaba alguna sustancia universal, algún acto general; los cuales servirían como distintivo de sus discípulos; y no había cosa más a propósito que ésta. El agua está en todas partes, y pocos actos son más sencillos que la inmersión …
  6. Los creyentes deben ser bautizados porque el bautismo señala el rompimiento de la vida vieja y el principio de la nueva. La sepultura de Cristo dividió su vida en este mundo en dos partes: fue diferente de este lado de la tumba a lo que fue del otro. La debilidad física fue sustituida por la vida de la resurrección; la deshonra por la gloria; la flaqueza por el poder; un cuerpo natural por un cuerpo espiritual. (1 Corintios 15:43). Algo como esto sucede cuando un hombre confía en Cristo. Muere, y es sepultado a su pasado pecaminoso. Resucita en la fuerza de Cristo a una vida nueva y gloriosa. Bueno es tener una señal exterior para imprimir todo esto en el creyente y en el mundo; y el Espíritu Santo dirigió a los apóstoles para que dieran este nuevo significado al bautismo. «¿O no sabéis que todos los que son bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo, para qué, como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida». (Romanos 6:4 y 5). Cuando el Señor Jesús murió y fue sepultado, todos aquellos que en el pensamiento de Dios son una cosa con él, murieron y quedaron sepultados también con él, resucitando en su compañía a la luz de la mañana de la resurrección. Tenemos que apropiarnos estos hechos y hacerlos reales por una fe viva. Y no han de ser meramente material de una sagrada experiencia interior. Como manifestamos su muerte en la cena del Señor, así también debemos mostrar nuestra muerte en él y con él en el acto del bautismo, por el cual somos visiblemente sepultados en la semejanza de su muerte y resucitados a imagen de su resurrección. Es una confesión de nuestro deseo de estar muertos en verdad al mundo y al pecado, y vivos para Dios por Jesucristo el Señor, (Colosenses 2:12; 3:1).
  7. Los creyentes deben ser bautizados porque es la profesión de un credo, cuando somos bautizados, profesamos ante el mundo nuestra creencia de los siguientes hechos distintivos: que Cristo vivió una vez en el mundo en la carne humana, que murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó otra vez al tercer día conforme a las Escrituras, que vive todavía, y que su palabra es ley. La ordenanza del bautismo es un testimonio perpetuo de la realidad de esos hechos con que está relacionada y debemos hacer todo lo que esté de nuestra parte para mantener y acentuar esa evidencia ante un mundo incrédulo.

Por estas razones los creyentes deben ser bautizados. Si usted hubiera sido bautizado cuando niño, debe ser bautizado otra vez como creyente. (Hechos 19:3, 5). Por supuesto, como no podemos ser salvos por el bautismo, podemos ser salvos sin él. El ladrón moribundo nunca fue bautizado, sin embargo sabemos que está en el paraíso (Lucas 23:43). Miles están delante del trono vestidos de vestido blanco, los cuales nunca pasaron por las aguas del bautismo. Pero al mismo tiempo los que aman, no están siempre preguntando qué debo hacer, sino qué puedo hacer. Sabemos de nuestra salvación ha sido consumada por nosotros en la cruz, y el hecho de que si hemos sido sumergidos o asperjados no tendrán nada que ver con nuestra salvación; pero el de que si hemos cumplido todos sus deseos o no; tendrá mucho que ver con nuestro regocijo en la presencia del Maestro. Mas si únicamente hubiera la más mínima posibilidad de que el bautismo de creyentes fuere su bendita voluntad, yo me bautizaría para estar seguro. Nunca se quejará de los que hicieron todo lo que creyeron ser su voluntad, aun cuando ellos hayan tenido menos razón para pensar así que nosotros tenemos por creer en el bautismo de creyentes. Puede que se queje de los que no investigaron sus mandamientos por sí mismos o que los que pospusieron la obediencia porque la cosa no era esencial. El amor verdadero no entiende de distinciones entre lo esencial lo no esencial.

Algunas preguntas comunes contestadas

¿Es el bautismo de creyentes esencial para la salvación? No; cuando Jesús murió, dijo, consumado es, y quería decir que la salvación de todos los que confiaran en él fue cumplida. De modo que la única cosa que se requiere de nosotros es una simple fe en él. Si puedes mirar su cara y decir: «Señor Jesús, yo confío en ti», eres salvo aunque no haya sido nunca bautizado.

Entonces ¿por qué debemos ser bautizados? Porque nuestro Señor Jesucristo lo quiere. Si sólo hubiera el menor indicio de que él lo deseaba, ciertamente bastaría. ¿Haremos menos por él que lo que los tres valientes hicieron por David, cuando arriesgaron su vida para proporcionarle el agua de la fuente de la juventud, de la que había expresado un ligero deseo de beber?

Suponiendo que hubiéramos sido bautizados en la infancia ¿es necesario que seamos bautizados como creyentes? Ciertamente; porque el bautismo infantil no llena todas las condiciones del bautismo. El bautismo infantil no era acto propio en ningún sentido. Usted no lo hizo, más puede recordarlo; fue hecho por usted. Además de esto en Hechos 19:1-6, hubo algunos bautizados por segunda vez, cuando habían aprendido la verdad acerca del bautismo de Cristo.

¿Debemos bautizar a nuestros niños? ¿Por qué? ¿Dónde está el mandamiento bíblico para ello? La sangre de Cristo es suficientemente eficaz para salvarlos si mueren en la niñez sin que usted añada unas pocas gotas de agua. El que dijo, «dejad a los niños venir a mí» ¿excluirá de su hogar celestial a un niñito solamente porque no ha sido asperjado? El segundo Adán deshizo los resultados del pecado del primero, y los deshizo por completo, para todos los que no rehúsan los beneficios de su obra por un pecado obstinado y por su negligencia.

¿Cómo podemos vivir conforme a esta alta profesión de la vida sepultada y resucitada? Sólo de una manera: viviendo en el momento presente, y mirando a cada momento a Jesús para hacer real vuestra muerte a la vida anterior y pecaminosa y vuestra resurrección para una vida en la cual todas las cosas son hechas nuevas.

Textos escogidos sobre el bautismo

El bautismo manifiesta nuestra sepultura y resurrección con Cristo; Romanos 6:3 y 6; Colosenses 2:12.

El bautismo es un mandamiento, pero solamente para los creyentes; Mateo 28:18 y 19; Marcos 16:15 y 16; Hechos 2:28.

Solamente los creyentes fueron bautizados; Hechos 2:41; 8:12 y 13 y 37 y 38; Hechos 9:17 y 18; Hechos 10:47 y 48; Hechos 16:14, 15, 31, 32, 33; Hechos 18:8; Hechos 19:5.

La profesión hecha en el bautismo es de la muerte al pecado y al mundo, y la de la resurrección a una nueva vida de santidad delante de Dios; Romanos 6:3 y 4.

Hay únicamente tres familias mencionadas en la Escritura como bautizadas en su total.

(1) La del carcelero (Hechos 16:33). Pero a esta familia la Palabra fue primeramente predicada (ver. 32) y todos ellos, se nos dice, creyeron en Dios. (Ver. 34).

(2) La de Estéfanas (1 Corintios 1:16) de la cual se dice que «se han dedicado al ministerio de los santos». (1 Corintios 16:15).

(3) La de Lidia (Hechos 16:15), de la cual no tenemos detalles, pero probablemente ni era esposa ni madre. Su familia se componía de los operarios que tenía en la tintorería.

El bautismo no se instituyó en lugar de la circuncisión. La circuncisión literal de la carne fue sustituida, en las enseñanzas de los apóstoles, por la circuncisión espiritual, «hechas sin manos» (Colosenses 2:10). «La circuncisión», dice san Pablo, es la del corazón «en el espíritu y no en la letra» (Romanos 2:29). No hay ninguna palabra que diga que el bautismo lo reemplazó en su lugar.

En ninguna parte de las Escrituras se habla del bautismo como de un «pacto» o «señal en la carne». El pacto «nuevo» y «mejor» (Hebreos 8:6 y 13) está «en la sangre de Cristo», (Lucas 22:20) y sellado por su muerte, (Hebreos 9:15, 16, 17).

El bautismo del Espíritu no se opone a la necesidad del bautismo en agua, sino es una razón que aboga por él, (Hechos 10:44, 48).

«Y ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate», (Hechos 22:16).

El Bautista, 1910

 

 

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