La diferencia entre el Texto Bizantino / Mayoritario / Tradicional y el Texto Recibido

Hay algunos que presentan el Texto Bizantino / Mayoritario / Tradicional y el Texto Recibido como si fueran idénticos. Notemos algunos ejemplos de lo que algunos están diciendo:

El Textus Receptus griego también se llama el «Recibido», «Tradicional», «Antioquiano» (sus raíces ancladas en Antioquía, no Alejandría), y el texto «Bizantino». (Clark, Troy. The Perfect Bible. FBC Publications, 2009, p. 71)

El Textus Receptus, o Texto Recibido, también conocido como Texto Mayoritario y Texto Bizantino … (Branson, Roy. KJV 1611: Perfect! Bristol, TN: Landmark Publications, 1996, p. 65)

… Este texto Tradicional, también llamado el Texto Mayoritario, o el Textus Receptus (T.R., o Texto Recibido), o el Texto Bizantino…. (Waite, D.A. The Case for the King James Version of the Bible. Bible for Today, 1971, p. 17)

También es falso decir que el Textus Receptus no es lo mismo que los llamados manuscritos bizantinos. El Texto Recibido se basa en los manuscritos bizantinos. Estos manuscritos tienen una mayoría del 99%. Ha habido un texto que ha llegado de la época apostólica, y ese es el texto que subyace a nuestra Biblia del rey Santiago. Es el Texto Tradicional y existía a partir de la escritura del Nuevo Testamento. Esta es la declaración más falsa y errónea que podría hacer este horrible libro. Es una pena que Edward Glenny diga que no hay ningún Textus Receptus antes del texto de Erasmo de 1516. Esto existía a partir del texto original del Nuevo Testamento. Fue desde la época apostólica hasta el presente. (Waite, D.A. Fuzzy Facts From Fundamentalists on Bible Versions. Collingswood: Bible For Today, 2002, p. 42)

Hay varios escritores que favorecen el Texto Recibido y la KJV que han examinado el texto de manuscritos del Texto Bizantino y han llegado a la conclusión de que tienen variaciones entre sí, y que el Texto Recibido no siempre sigue la lectura de la mayoría de manuscritos. Un ejemplo sería Kevin James, autor del libro The Corruption of the Word. En su libro afirma:

Hay algunas instancias en la King James, sin embargo, especialmente en el libro de Apocalipsis donde hay poco o aparentemente nada de apoyo para una lectura King James griega de ningún testigo griego o de ninguna traducción. También, a veces, solamente Álef y Códice B y sus aliados apoyan a la King James; casi todas los demás testigos griegos están en desacuerdo. Sin embargo, sin un mejor conocimiento de la historia de la transmisión del Nuevo Testamento y la evidencia de muchos miles de manuscritos (cuyo contenido exacto se desconoce), sería imprudente afirmar absolutamente que tal y tal lectura en la King James es un error. (James, Kevin. The Corruption of the Word. 1990, p. 179)

Otros que han investigado el asunto han llegado a la conclusión de que el texto mayoritario y el Texto Recibido no son idénticos:

La insuficiencia de estas dos suposiciones sobre el Texto Recibido ha sido expuesta con la aparición de la obra reciente de Art Farstad y Zane Hodges. Han demostrado que los términos Textus Receptus y Texto Mayoritario no son sinónimos. (Ralston, T.R. «The ‘Majority Text’ and Byzantine Origins» New Testament Studies. Vol 38, Issue 1 January 1992 p. 124)

Es ampliamente reconocido que el Textus Receptus tradicional no es idéntico al texto sirio o bizantino de muchos de nuestro códices medievales griegos. Los estudiosos han deseado que podamos tener una edición de este texto generalizado además del Texto Recibido. Esto es proporcionado por la edición de Hodges y Farstad del Nuevo Testamento griego según el Texto Mayoritario. (Kilpatrick, George D. «The Greek New Testament According to the Majority Text» Novum Testamentum. 26 (1984) p. 85)

Sin embargo, el Texto Mayoritario difiere del texto griego del Textus Receptus que subyace a la KJV en aproximadamente 1.500 lugares, algunos bastante significativos, por ejemplo: Mat. 27:35; Lucas 17:36; Hch. 8:37; Hch. 9:5b-6a; Hch. 15:34; Hch. 24:6b-8a; 1 Jn. 5:7, y muchos otros. (Robinson, Maurice. The Credibility of the Majority Text and its Value for Apologetics. Unpublished paper, ETS Southeastern Regional Meeting, Nashville, TN, Marcy 21, 1986, p. 2)

Decir que el Texto Recibido es lo mismo que el Texto Bizantino es no solo confuso (para no decir engañoso), busca simplificar excesivamente un asunto que es mucho más complejo. Un ejemplo de cuán confuso puede ser no distinguir entre el Texto Recibido y el Texto Bizantino sería la siguiente afirmación: «El Nuevo Testamento griego de Erasmo (1516) utilizó el Texto Recibido». (Waite, D.A. Defending the King James Bible. Collingswood, NJ: Bible for Today, 1995, p. 47). Esto es una afirmación absurda. ¿¡El Texto Recibido utilizó el Texto Recibido!? Ha sido más fácil demostrar cuan insostenible es esa postura desde la publicación en 1982 de un Nuevo Testamento griego que refleja lo más posible el texto mayoritario. Se trata de The Greek New Testament According to the Majority Text por Hodges y Farstad por Nelson Publishers. Una investigación por Daniel Wallace concluyó que existen 1.838 diferencias entre el Texto Mayoritario y el Texto Recibido. Para su investigación utilizó The Greek New Testament According to the Majority Text por Hodges y Farstad, y lo comparó con una edición del Texto Recibido publicado por Oxford en 1825. También descubrió 6.577 diferencias entre dicha edición del Texto Mayoritario y el Texto Crítico. En 1.589 lugares el Texto Mayoritario tiene un texto más largo cuando existen diferencias con el Texto Crítico. (Wallace, Daniel. «Some Second Thoughts on the Majority Text». Bibliotheca Sacra, cxlvi (1989), págs. 276-277)

Una razón por la cual hace falta ser técnico acerca de las diferencias entre el Texto Recibido y el Texto Mayoritario es que existe un pequeño movimiento que enseña que el Texto Recibido y ciertas versiones basadas en este (como la KJV o la RVG) son perfectas o inspiradas, y tratan al Texto Mayoritario como si fuera la misma cosa que el Texto Recibido. Ellos no quieren admitir ciertas cosas que debilitan su argumento, o algunas debilidades en sus teorías de cómo se llevó acabo la preservación del texto, por tanto es otra razón por la cual hace falta ser técnico, aunque el argumento parezca cansador. Ya que hablan de perfección o una preservación milagrosa, las diferencias llegan a ser un factor importante cuando usan principios de la crítica textual mayoritaria en su intento de justificar sus enseñanzas de un Texto Recibido inspirado o infalible o una traducción inspirada o infalible que se deriva de este.

Aunque no vamos a abrumar al lector con citas para demostrarlo, han habido algunos que afirman que John Burgon creía que el texto bizantino (él utilizaba el término “Texto Tradicional”) era idéntico al Texto Recibido. Sin embargo, su libro The Traditional Text que dejó sin acabar, y que Edward Miller editó después de su muerte, nos dice bajo la tabla de contenido en la sección de introducción que “El Texto Tradicional no es idéntico con el Texto Recibido”. Luego, en la página 5 de la introducción leemos: “Primeramente, queremos que se entienda, que no abogamos perfección en el Textus Receptus. Permitimos que aquí o allá requiera revisión. En el texto dejado atrás por Dean Burgon, alrededor de 150 correcciones se habían sugerido por él tan solo en el evangelio de Mateo. Lo que defendemos es el texto Tradicional”.

El texto Bizantino o Tradicional se refiere a un grande grupo de manuscritos copiados a mano, y en cambio el Textus Receptus es un texto impreso. Es probable que el Texto Bizantino coincida con el Texto Recibido como en un 98%, pero al fin y al cabo no son idénticos. El Textus Receptus tiene su inicio en la crítica textual conservadora de parte de Erasmo, quién escogió la lectura final para su edición de 1516 entre algunos manuscritos generalmente representativos del texto Bizantino. Aunque la mayoría de los manuscritos griegos muestran un acuerdo sustancial, hay suficientes diferencias entre ellos para sugerir que muy pocas son copias directas entre sí (aun entre manuscritos bizantinos). Por lo tanto, todos los manuscritos ofrecen un testimonio independiente del texto original.

Una razón por no tratar al Texto Bizantino como igual al Textus Receptus es que existen ciertas diferencias notables. Por ejemplo, solo hay pocos manuscritos griegos que contienen 1 Juan 5:7 y Hechos 8:37. Aunque la evidencia para dichos versículos no es tan amplio, personalmente los acepto como posiblemente genuinos, aunque no son parte integral del Texto Bizantino y 1 Jn. 5:7 faltaba en las primeras dos ediciones del Textus Receptus de Erasmo.

El Texto Recibido se presenta por muchos de sus defensores como prácticamente igual al Texto Bizantino, aunque tienen aproximadamente 1.800 diferencias entre sí. En cambio, aunque solo se ha reportado alrededor de 200 diferencias entre el Texto Recibido y la RV1960, hay los que insisten que la RV 1960 está basada en el texto crítico, o que no se debe decir que la RV1960 está basada en el Texto Recibido. Si seguiríamos esa línea de pensamiento, ¡no se podría decir que el Texto Recibido está basado en el Texto Bizantino, porque tiene 1800 diferencias! Este es otro ejemplo de cómo el movimiento en contra de la RV1960 tiende a imponer una doble moral. Si está bien decir que el Texto Recibido está basado en el Texto Bizantino, está más que bien decir que la RV1960 está basada en el Texto Recibido, cuando el número de diferencias es nueve veces menor en la RV1960.

¿Hay una diferencia entre el Texto Bizantino y el Texto Mayoritario?

Prácticamente no. Con frecuencia se usan ambos como términos sinónimos, por falta de necesidad de distinción técnica. Solo hay diferencia si uno desea ser sumamente técnico. El texto mayoritario es una categoría puramente cuantitativa, mientras que el texto bizantino es una categoría histórica y crítica del texto. Por ejemplo, es posible que una lectura se encuentre solo en algunos pocos manuscritos bizantinos (menos del 50 por ciento, digamos), pero no aparezca en ninguno o de forma muy escasa en manuscritos alejandrinos u occidentales. En ese caso la lectura sería del Texto Bizantino, pero no es del Texto Mayoritario. Una diferencia y sutil y técnica, pero una diferencia de todos modos.

¿Debemos seguir siempre y sin excepción la mayoría de los manuscritos al traducir la Biblia?

Algunos han propuesto lo que puede parecer razonable y sencillo a simple vista—guiarnos por la mera mayoría de los manuscritos en todas las lecturas, y nada más. Observe el siguiente argumento:

Si nosotros necesitamos decidir cual es el texto correcto, nosotros podemos basarnos en lo que la mayoría dice. Debido al cuidado extremo que tuvieron los copiadores y el cuidado reverente de las iglesias por encima de sus Escrituras, Dios ha conservado un texto en la mayoría de los manuscritos que están [sic] igual que el original (el Nuevo Testamento griego). (Turner, Charles. «Cuando uno más uno es igual a cero» en La Biblia–La Obra Maestra de Dios Manipulada. Francisco Guerrero Meza, editor, Publicación privada, 1997, p. 83)

Nosotros tenemos los manuscritos. Es una cuestión simple de conseguirlos y encontrar cual es la lectura en esa mayoría. Nosotros lo aceptamos en esa base, porque Dios así ha visto que las iglesias han conservado estos manuscritos y los han controlado puros a través de los siglos hasta nuestros días. (Turner, Charles. «Cuando uno más uno es igual a cero» en La Biblia–La Obra Maestra de Dios Manipulada. Francisco Guerrero Meza, editor, 1997, págs. 85-86)

Aunque decidir arbitrariamente a favor de la lectura de la mayoría de los manuscritos puede parecer una solución sencilla y directa, podría tener consecuencias no deseadas para aquellos que no son conscientes de algunas áreas grises. Por ejemplo—aquellos que insisten en esta solución aparentemente simple—¿están a favor de eliminar algunos versículos y frases enteras del texto si no están incluidos en la mayoría de los manuscritos? Aquellos que defienden el Textus Receptus mientras promueven continuamente la práctica de seguir la lectura mayoritaria de manuscritos sin informar a sus lectores de esta dificultad significativa son culpables de crear confusión. Por ejemplo, citamos a Charles Turner enseñando que debemos guiarnos por la lectura en la mayoría de los manuscritos, pero luego afirma que “tenemos la Palabra de Dios sin error en el Textus Receptus” (p. 85), ¡como si el Texto Recibido siguiera sin excepción la mayoría de los manuscritos!

Algunos escritores apelan a principios a favor de la mayoría de manuscritos, pero cuando un pasaje dado no es favorecido en el Texto Recibido o la traducción que defienden, de repente abandonan los principios de la mayoría de manuscritos sin informar al lector. Si el lector no se da cuenta, puede pensar que el escritor es consistente y tiene respuestas maravillosas para toda clase de dificultades textuales. Algunos parecen como que aprueban el Texto Bizantino en su totalidad, pero a la vez promueven nunca desviarse del Texto Recibido en ninguna instancia. Esas dos posiciones no pueden subsistir juntos de forma rígida. Debe haber más franqueza y una disposición a ser más abierto acerca de ciertas dificultades en la postura de uno en estos asuntos.

Del mismo modo, hay muchos que promueven la crítica textual moderna que son culpables de no mantener consistencia en varias áreas. Se tratará esto en otro artículo.

Solamente contar el número de manuscritos para decidir entre lecturas variantes puede parecer lógico, sencillo y consistente—¿pero qué hacer en pasajes donde los manuscritos están divididos entre varias lecturas dentro de la tradición bizantina? Juan 7:53-8:11 es un ejemplo donde los manuscritos bizantinos están divididos formando una variedad de lecturas (cuando aún aparece el pasaje) resultando en ninguna lectura que domina en más del 50 por ciento de los manuscritos. El asunto no es tan simple como algunos lo presentan.

Solamente contar el número de manuscritos para una lectura sería un ejemplo de lo que llaman “evidencia interna” en la crítica textual. Con frecuencia los críticos textuales se burlan de la metodología de los promotores del texto mayoritario, diciendo que “solo creen en contar narices”. Pero con frecuencia acuden a otras fuentes suplementarias (como fechas, estilo de escritura del escritor, asuntos geográficos y exegéticos, citas patrísticas, etc.) lo cual llaman “evidencia externa”.

Para facilitar la reconstrucción de un texto griego que refleja lo más posible la mayoría de manuscritos, dos grupos han provisto un Nuevo Testamento griego. Se trata de Hodges-Farstad y Robinson-Pierpont.

El Nuevo Testamento del Texto Mayoritario de Hodges-Farstad

Zane C. Hodges (1932-2008) y Arthur Farstad (1935-1998) fueron editores de un Nuevo Testamento griego basado en el Texto Mayoritario. Las ediciones de 1982 y 1985 de The Greek New Testament according to the Majority Text fueron publicados por Thomas Nelson Publishers. Además de los editores principales Hodges y Farstad, fueron asistidos por los siguientes consultores: Jakob Van Bruggen, Alfred Martin, Wilbur N. Pickering y Harry A. Sturz.

¿Qué es para ellos el Texto Mayoritario? Ellos lo contestan en el prefacio a su Nuevo Testamento griego de la siguiente manera:

El Texto Mayoritario es un texto que emplea la evidencia de toda la gama de manuscritos supervivientes en lugar de depender principalmente de la evidencia de unos pocos. Para nosotros no es científico ignorar prácticamente ochenta al noventa por ciento de la evidencia en cualquier disciplina.

A todos los efectos desde el tiempo de Westcott y Hort, las lecturas de la mayoría de los manuscritos han sido rechazados como “tardíos y secundarios”. Gran parte del apoyo a este enfoque ha sido la teoría que hubo una recensión eclesiástica oficial impuesta sobre la iglesia en el siglo IV, explicando así la preponderancia de los llamados manuscritos bizantinos a partir de entonces. Otro apoyo fue que nada de la evidencia manuscrita antes del siglo IV aparentemente apoyaba a las lecturas bizantinas. Además, un puñado de supuestas conflaciones se utilizaron para sugerir que el texto tradicional estaba lleno de ellos. (En realidad, todos los manuscritos tienen algunos.) La historia no ha dado ninguna prueba de tal recensión, y este aspecto de la teoría está ahora en gran parte abandonado. Los papiros del siglo II y III ahora apoyan muchas lecturas que una vez fueron descartadas como «tardías». Además, muchas de las «conflaciones» podrían ser justo lo contrario: un texto más completo de la que parte ha desaparecido por tales causas como homeotéleuton [cuando un copista accidentalmente una palabra o frase porque hay más adelante otra palabra con la misma terminación], consideraciones estilísticas o teológicas, o puro descuido.

Sostenemos que, en última instancia, la historia de la transmisión de cada libro del Nuevo Testamento debe ser rastreado por medio de un árbol genealógico. Este método falló bajo Westcott y Hort precisamente porque se negaron a dar el peso y el papel adecuados a la mayoría de los manuscritos existentes. Pero cuando toda la gama de pruebas es utilizado apropiadamente, la genealogía se convierte en la opción más viable y prometedora para determinar qué lectura es original cuando la evidencia está significativamente dividida. Desafortunadamente, este método es actualmente posible sólo en el Pericope Adulterae [Juan 7:53–8:11] y en Apocalipsis porque un gran porcentaje de los materiales nunca han sido completamente cotejados en el resto del Nuevo Testamento. En estos dos lugares, a través del extenso trabajo de Von Soden y Hoskier, la mayor parte de las pruebas manuscritas han sido minuciosamente cotejadas. En el resto del Nuevo Testamento nos vimos obligados a depender en gran medida del trabajo de Von Soden, aumentado por Tischendorf (acrecentado aún más por Legg en Mateo y Marcos). Todavía hay mucho trabajo por hacer en la crítica textual nuevotestamentaria, especialmente si uno cree en filtrar cuidadosamente toda la evidencia en lugar de apoyarse tanto en el pequeño cúmulo de manuscritos egipcios que resultan ser nuestras copias existentes más antiguas. (The Greek New Testament according to the Majority Text. Eds. Zane C. Hodges and Arthur Farstad. Nashville: Thomas Nelson, 1985, pp. v-vi)

Aquellos que son amistosos con el punto de vista del Texto Mayoritario se complacen en tener una edición compacta y fácil de leer de un texto del cual sólo se ha podido discutir y escribir hasta ahora. Los que son neutrales le han dado la bienvenida a la edición como una contribución al mercado abierto de ideas en una ciencia que aún no ha producido la respuesta final. Incluso los de un punto de vista opuesto han coincidido en gran medida en que es útil tener una edición de esta clase. Esto es cierto porque nuestro texto puede ayudar a hacer comparaciones con otras formas de texto. (The Greek New Testament according to the Majority Text. Eds. Zane C. Hodges and Arthur Farstad. Nashville: Thomas Nelson, 1985, p. v)

El hecho de que Hodges y Farstad no consideraron su obra como la palabra final es evidente en el último párrafo del prefacio a su Nuevo Testamento griego:

Por último, cabe destacar que consideramos nuestro texto ser un paso adelante para la disciplina de la crítica textual del Nuevo Testamento. Pero al mismo tiempo reconocemos la gran cantidad de trabajo aún para hacer. Si nuestras premisas son correctas, el desarrollo de historias genealógicas para cada libro del Nuevo Testamento es un desideratum [algo necesario o deseado]. Se necesitarán muchas mentes y manos para llevar a cabo la tarea, pero si los futuros investigadores concluyen que los hemos apuntado en la dirección correcta, los editores se sentirán muy satisfechos. También estaremos agradecidos a Dios por concedernos la fuerza para hacer nuestra parte. (The Greek New Testament according to the Majority Text. Eds. Zane C. Hodges and Arthur Farstad. Nashville: Thomas Nelson, 1985, p. vii)

El hecho de que sus editores mantuvieron un nivel de humildad acerca de su obra es evidente en el siguiente párrafo de su introducción:

Los editores no se imaginan que el texto de esta edición representa en todos los detalles la forma exacta de los originales. A pesar de cuan deseable un texto así ciertamente sería, se debe hacer mucho trabajo adicional antes de que pueda ser producido. Por lo tanto, debe mantenerse en mente que la obra actual, The Greek New Testament according to the Majority Text, es tanto preliminar como provisional. Representa un primer paso en la dirección de reconocer el valor y la autoridad de la gran masa de documentos griegos sobrevivientes. El uso que se haga de esos documentos en esta edición debe estar sujeto a escrutinio y evaluación por parte de académicos competentes. Tal escrutinio, si se lleva a cabo adecuadamente, puede resultar en un mayor progreso hacia un Nuevo Testamento griego que refleje con mayor precisión los autógrafos inspirados. (p. x)

Lo siguiente es una explicación abreviada de la metodología que emplearon en su texto griego:

(1) Cualquier lectura atestiguada de forma abrumadora por la tradición manuscrita es más probable que sea original que sus rivales. Esta observación surge de la propia naturaleza de la transmisión manuscrita. En cualquier tradición en la que no haya perturbaciones importantes en la historia de la transmisión, la lectura individual que tiene el comienzo más temprano es la más propensa a sobrevivir en la mayoría de los documentos. Y la lectura más temprana de todas es la original. A menos que se comete un error en las primeras etapas de copiar, las posibilidades de supervivencia del error en las copias existentes en grandes cantidades se reducen significativamente. Cuanto más tarde se origina una lectura, menos probable es que sea ampliamente copiada.
Debe tenerse en cuenta que en el momento en que se copiaron los principales textos de papiro existentes, el Nuevo Testamento estaba muy por encima de un siglo de edad. Una lectura atestiguada por tal testigo, y encontrada sólo en un pequeño número de otros manuscritos, de ninguna manera es probable que sea un supervivencia del autógrafo. Por el contrario, es probablemente sólo una idiosincrasia de un rasgo estrecho de la tradición. La única manera en que la aceptación de un número sustancial de lecturas minoritarias podría justificarse es reconstruir una historia de transmisión plausible para ellas. Esto fue, por supuesto, precisamente lo que Westcott y Hort trataron de hacer en defensa de א y B. Pero el colapso de su esquema genealógico bajo la crítica académica ha anulado su argumento más esencial. Nada lo ha reemplazado.
(2) Las decisiones finales sobre las lecturas deben tomarse sobre la base de una reconstrucción de su historia en la tradición manuscrita. Esto significa que para cada libro del Nuevo Testamento se debe construir una genealogía de los manuscritos. Los datos disponibles para ello en las fuentes estándar son actualmente insuficientes, excepto para el Apocalipsis. (pp. xi-xii)

La introducción sigue a través de 35 páginas con explicaciones complejas.

No se utilizó la evidencia de leccionarios, versiones antiguas ni citas patrísticas. Los editores lo explican como sigue:

La presente edición no cita el testimonio de las versiones antiguas o padres de iglesia. Tampoco se consideran los textos leccionarios. Esto no se debe a que esas fuentes no tengan valor para la crítica textual. Más bien, se debe a los objetivos específicos de esta edición, en la que el objetivo principal ha sido la presentación del Texto Mayoritario tal como aparece en la tradición manuscrita regular. (p. xviii)

Ambos editores han fallecido, y ya no se publica su Nuevo Testamento griego. Pero sigue siendo una herramienta de referencia.

El Nuevo Testamento griego bizantino de Robinson y Pierpont

En 1991 Maurice A. Robinson y William G. Pierpont publicaron la primera edición de su Nuevo Testamento griego basado en manuscritos bizantinos. La segunda edición se publicó en 2005 bajo el título The New Testament In The Original Greek: Byzantine Textform. Robinson-Pierpont se refieren a su texto como Byzantine textform (forma de texto bizantino), distanciándose del término Texto Mayoritario, porque admiten que algunos casos su texto no refleja estrictamente la mayoría de manuscritos sin excepciones. Esto es debido a la implementación de su teoría de evidencia interna, que en algunos casos aislados no favorece la mayoría. Robinson lo explica como sigue:

Si bien la posición Texto Mayoritario se caracteriza por su principal uso de evidencia externa, este no es el único criterio sobre en la que se basa la teoría del Texto Mayoritario. También se aplica evidencia interna y en la mayoría de los casos ningún criterio interno adverso supera criterios internos favorables que respaldan los datos externos. (Robinson, Maurice. The Credibility of the Majority Text and its Value for Apologetics. Unpublished paper, ETS Southeastern Regional Meeting, Nashville, TN, Marcy 21, 1986, p. 5)

Hay aproximadamente 1500 diferencias entre este texto griego y una edición típica del Texto Recibido. Esto se debe en parte a que el Texto Recibido no siempre refleja la mayoría de los manuscritos.

Los escritos de Robinson aportan mucho al estudio de manuscritos bizantinos, que forman la base del Texto Recibido. He aquí una traducción de porciones selectas de la introducción a la segunda edición del Nuevo Testamento griego de Robinson y Pierpont:

La forma de texto bizantina conserva con una consistencia general ese tipo de texto del Nuevo Testamento que dominaba el mundo de habla griega. Este dominio existió desde al menos el siglo IV hasta la invención de la imprenta en el siglo XVI. (p. v)

… Un texto que demuestra la continuidad y el dominio de la transmisión durante más de mil años como la representación más probable de los autógrafos sagrados. (pp. viii-ix)

La forma de texto bizantina refleja un patrón dominante de consenso de lecturas que se mantiene durante la mayor parte del Nuevo Testamento. (p. ix)

Von Soden identificó siete líneas distintas de transmisión dentro de esta breve sección de texto. (p. xi)

Para la mayor parte del Nuevo Testamento, la forma de texto bizantina [Byzantine Textform] está respaldada por casi toda la tradición manuscrita; en casi todos los casos la lectura bizantina refleja la concurrencia de al menos el 70% y por lo general más del 80% de los manuscritos existentes. (p. xiv)

En general, los escribas tendían a preservar el texto que estaba delante de ellos en sus ejemplares; esto a pesar de las diversas corrupciones accidentales o alteraciones intencionales que ocurrieron durante el proceso de transmisión. La alteración extensiva no era frecuente ni generalizada: la gran parte del texto que se encuentra en todos los manuscritos, independientemente del tipo de texto, sigue siendo una posesión común. (p. xv)

Algunas ediciones impresas tempranas (normalmente Textus Receptus) y traducciones al inglés incluyen palabras o frases que no forman parte de la forma de texto bizantina [Byzantine Textform] (por ejemplo, partes de Hechos 9:5-6, 1 Juan 2:23, 1 Juan 5:7). (p. xx)

En cuatro casos (Lucas 17:36, Hechos 8:37, Hechos 15:34, Hechos 24:7) aparece un número de versículo solo en el texto principal, inmediatamente seguido por el siguiente número de versículo secuencial. Estos indican largas porciones de texto que se incluyeron en algunas ediciones impresas del Textus Receptus tempranas pero que nunca han sido parte de la forma de texto bizantina [Byzantine Textform] primaria. (p. xxi)

El texto autógrafo divinamente conservado existe y funciona en el marco de todos los documentos fuente griegos existentes (manuscritos, leccionarios, citas patrísticas). Este texto también se refleja sustancialmente en las diversas versiones antiguas y citas patrísticas no griegas. (p. xxii)

Dado que el método divino de preservación de autógrafos reside en la totalidad de la evidencia griega existente, el reclamante más fuerte para la originalidad de los autógrafos sigue siendo el texto de consenso general preservado entre ese material. (p. xxii)

Citas selectas del apéndice de su Nuevo Testament griego The case for Byzantine priority (el caso por la prioridad bizantina)

Las discusiones de asuntos críticos textuales se refieren solo al 10% del texto nuevotestamentario donde existen unidades de variación significativa. (p. 535)

…el texto NA27 permanece aproximadamente 99.5% idéntico al de Westcott-Hort de 1881… (p. 551)

Hay muchos más casos en los que existe una alineación alejandrino-bizantino u occidental-bizantino que una alineación alejandrino-occidental en la que el bizantino se mantiene completamente aparte. (p. 556)

Bajo todas las teorías, alrededor del 90% del texto original del Nuevo Testamento se considera establecido. (p. 584)

Robinson ha aportado mucho al estudio de manuscritos bizantinos, los cuales han sido objecto de negligencia de parte de muchos investigadores, quienes manifiestan una parcialidad hacia los manuscritos alejandrinos. Un pasaje en que Robinson se ha enfocado es la llamada pericope adulterae o perícopa de la adúltera (Juan 7:53-8:11). Él explica su misión como sigue:

Durante el año sabático 1997-1998, el actual escritor comenzó en el Institute für Neutestamentliche Textforschung (INTF) en Münster un proyecto masivo con el objetivo de recopilar todos los manuscritos griegos disponibles del Nuevo Testamento que contienen la perícopa de la adúltera en su totalidad o en parte, tanto texto continuo como leccionario; (Robinson, Maurice A. “The Pericope Adulterae: A Johannine Tapestry with Double Interlock” The Pericope of the Adulteress in Contemporary Research. David Alan Black and Jacob N. Cerone, eds. London: Bloomsbury, 2016, p. p. 117)

En la página 118 de la obra que acabamos de citar, Robinson informa al lector que hasta agosto de 2015 se habían examinado un total de 2.935 manuscritos en relación a la perícopa de la adúltera. Parte de lo que motivó su investigación es el hecho de que dicho pasaje es una de las áreas donde tiende a haber muchas variaciones entre los manuscritos bizantinos.

Pierpont falleció en 2003, pero Maurice Robinson sigue activo en sus investigaciones.

Diferencias entre Robinson-Pierpont y Hodges-Farstad

El siguiente índice exhaustivo revela que las diferencias son mínimas, excepto el libro de Apocalipsis:
http://www.bible-researcher.com/robinson-hodges.html

En Apocalipsis los manuscritos bizantinos están divididos en dos familias, cada una apoyada por un número aproximadamente igual de manuscritos. Estas dos familias se denominan Av y Q. Cuando las familias Av y Q están de acuerdo, existe un verdadero texto consensuado mayoritario. Debido a la frecuencia de desacuerdo entre las familias Av y Q, las diferencias más notables entre Hodges-Farstad y Robinson-Pierpont se hallan en el libro de Apocalipsis.

El texto Robinson-Pierpont no incluye los siguientes pasajes del Texto Recibido: Hechos 8:37; 9:5b-6a; 15:34; 24:7; 1 Jn. 2:23b; 5:7b y (dependiendo de qué edición del TR se use) Lucas 17:36. El orden de Mat. 23:13 y 14 se invierte. La doxología en Rom. 16:25 se da como 14:24-6.

Estas ediciones del texto Mayoritario no deben reemplazar el Texto Recibido en mi opinión, pero pueden complementarlo y ser una herramienta de consulta.

Mi crítica más grande para los defensores típicos del Texto Recibido que promueven principios del Texto Mayoritario continuamente es el siguiente: Que un maestro/escritor insista en seguir la lectura que refleja la mayoría de los manuscritos, pero sin informar al lector cuando abandona dichos principios en ciertos casos (como para seguir el Texto Recibido donde no coincide). El lector puede llegar a pensar que el escritor es maravillosamente consistente, y que tiene principios geniales que tratan con todas clases de dificultades textuales, cuando en realidad el escritor está encubriendo las dificultades de su posición.

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