Los antepasados de los bautistas y la apostasía

 

Durante el primer siglo de la historia del cristianismo, todas las iglesias fueron libres e independientes, la una de la otra. La iglesia fue gobernada por el pastor y los miembros de la iglesia. Es lamentable que en el traspaso del tiempo, la escena cambió. Los pastores tuvieron cada vez más un aire de superioridad, hollando los derechos de la comunidad y usurparon una autoridad suprema. Por fin esto llegó a tal altura que un solo hombre llegó a administrar la iglesia e incluso una gran parte de los asuntos civiles.

En el principio los mismos miembros tenían el privilegio de aprobar la aceptación de nuevos miembros y también de excluir a los miembros libertinajes y mal vivientes. Desgraciadamente, con el correr del tiempo ellos fueron cada vez más negligentes. Aceptaron como miembros a los ricos e influyentes sin tomar en cuenta si fuesen de verdad nacidos de nuevo. También estaban cada vez más lentos en disciplinar a los que se apartaron de la sana doctrina o que fueron un mal testimonio. Estaba cada vez más dispuestos a dejar a los pastores tomar estas decisiones. Así los miembros perdieron el control sobre el gobierno de su iglesia.

Siempre había apostasía, pero gracias a Dios, siempre había algunos que recordaron cuan hermoso era cuando la iglesia andaba en armonía y pureza de doctrina. Ellos tenían la valentía de hacer lo que II Corintos 6:17 manda. “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor.” Otros también siguieron su ejemplo y formaron iglesias nuevas con la doctrina y práctica de la iglesia primitiva.

La historia del cristianismo está repleta con relatos de grupos que mantenían la sana doctrina. Algunos cincuenta años después de la muerte del apóstol Juan, apareció en Asia menor un hombre que se llamaba “Montano”. El era un humilde hombre de Dios que tenía la valentía de protestar en contra de la corrupción y falsa doctrina que estaba invadiendo algunas iglesias. Despertó un avivamiento que llevó su nombre, o sea “montanistas.” Escritores primitivos, como Tertuliano en el norte de África e Irineo en Francia, hacen mención de ellos. Con el correr del tiempo, el fuego del avivamiento montanista mermó y los creyentes se enfriaron. Cuando vino la persecución, su amor por Dios no era lo suficientemente ferviente para sostenerlos y muchos cayeron.

Pero, gracias a Dios, las doctrinas de los montanistas no terminaron. Aparecieron de nuevo, promovidos por los novacianos y donatistas. Novaciano no era el fundador de los novacianos. Su nombre fue aplicado a ellos porque él era un gran líder entre ellos. Algunos querían que él sea pastor de la iglesia en Roma, pero él negó a aceptarlo porque prefería mantener una línea estricta. Un gran número en todas partes se unió con el partido que se llamaba el “partido estricto.” Eran los que se apartaron de las iglesias corrompidas. Ellos mantuvieron su testimonio por muchos años.

Después de ellos hubo una sucesión de grupos que quedaron aferrados a la doctrina y práctica del Nuevo Testamento. Eran grupos como los donatistas, paulicanos, petrobusianos, arnaldistas, y por último, los valdenses.

Los valdenses tomaron su nombre en parte porque habitaron los “valles” de los Alpes. Algunos dicen que recibieron su nombre de uno de sus líderes; Pedro Waldo, pero los historiadores dicen que ellos tenían una existencia mucho más antigua. Pedro Waldo era un rico comerciante en Lyón. Por la influencia de los valdenses, él se convirtió a Cristo y se separó de la iglesia católica. El usó sus bienes en promover la obra de los valdenses. Además, él salió a predicar en el sur de Francia. Llegó a ser el instrumento para la conversión de muchos. El movimiento tenía su principio en las valles de los Alpes, pero con el tiempo esparció a muchos países de Europea y tenía una historia que duró por ocho siglos.

Un historiador cristiano cuenta que una mañana en diciembre del año 1400, un buen grupo de los valdenses fue sorprendido por soldados católicos. Hubo una gran matanza de los pobres creyentes. Algunos llegaron a escapar en la nieve yendo por arriba de la montaña. Fueron perseguidos por los soldados. Madres llevaron criaturas en su brazo y en la otra mano llevaron a sus niños que podían caminar. Por la noche quedaron fatigados y destituidos de refugios. A la mañana siguiente, 80 niños fueron hallados muertos y muchos de sus madres yacían muertas a su lado. Esto fue únicamente el principio de una gran persecución que redujo en gran manera el número de los valdenses. (Datos tomados del libro Los Bautistas A Través De los Siglos por C. I. Neal, págs. 163-164)

Más adelante los valdenses sufrieron persecución también de los luteranos y presbiterianos. Es lamentable que el grupo quedó en vergüenza al final porque algunos de sus líderes llevaron sus seguidores a grandes imprudencias. Sus enemigos se aprovecharon de esto para difamar el movimiento.

Para ser honesto, tenemos que reconocer que no todos estos grupos mantenían siempre las mismas doctrinas que nosotros predicamos. Algunos no creyeron en la seguridad de la salvación. Algunos tenían todos sus bienes en común. Ellos también fueron amenazados por la apostasía. Lo más noble de ellos era que, por regla general, lucharon por mantener la sana doctrina y la salvación por la obra completa de Cristo en la cruz.

Los bautistas descendieron de los valdenses y otros grupos semejantes. En los años 1500-1600, muchas iglesias aparecieron bajo varios nombres. Sus enemigos llamaron a ellos “anabautistas”, porque no reconocieron el bautismo infantil. “Anabautista” quiere decir “los que bautizan de nuevo”. Ellos, por supuesto, rechazaron el nombre porque dijeron que el rito en su infancia no era un bautismo bíblico. Al principio muchos de ellos llevaron el nombre “menonitas”. Tomaron este nombre de un renombrado líder entre ellos que se llamaba Meno Simones. Ellos están con nosotros todavía bajo el nombre “menonitas”. Los bautistas y menonitas salieron del mismo nido, pero con tiempo, se dividieron porque los menonitas tenía la tendencia de seguir líderes humanos y los bautistas estaban más propensos en buscar dirección de la Palabra de Dios.

La apostasía todavía está con nosotros. Los bautistas también han sufrido por la apostasía. No todos los que llevan el nombre “bautista” comparten las creencias que caracterizan a los bautistas a través de la historia. Yo no tengo vergüenza en decir que soy bautista, pero a su vez, no puedo identificarme con todos los que llevan este nombre. La apostasía ha llevado algunas de nuestras iglesias por el mal camino. Si te das cuenta de que, aunque tu iglesia lleva el nombre “bautista”, no comparte las doctrinas y prácticas que caracterizan las iglesias bautistas, sé valiente y apártese de ella. Si tu iglesia sí comparte las creencias y prácticas que caracterizan una iglesia bautista, se valiente en asegurar que ella sigue en el mismo camino.

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