Los tres elementos necesarios en el fundamentalismo

La verdad es que el término «fundamentalista» ha caído en malos tiempos. Ha sido abusado tanto por sus amigos como por sus enemigos. La palabra ha sido mal utilizada por quienes no la comprenden. El término además ha sido “secuestrado” por los medios de comunicación para referirse a terroristas islámicos o cualquier creencia o práctica extrema. El estigma del término se debe mayormente a la caricatura abusiva de los que desprecian lo que representa. En mi opinión, el término “fundamentalista/fundamentalismo” solo debe usarse entre creyentes de ideas afines que entienden lo que realmente significa. El término «fundamentalismo» ha recorrido un largo camino desde 1920, cuando fue acuñado por Curtis Lee Laws para identificar a los conservadores militantes en la controversia fundamentalista-modernista. El término todavía se usa ampliamente, pero necesita algunas aclaraciones. Cuando al término «fundamentalista» se le da su definición histórica y bíblica adecuada, es una buena palabra.

¿Qué es un fundamentalista bíblico? Implica, a mi juicio, al menos tres elementos esenciales:

Doctrina correcta

Toda la fe cristiana tiene su comienzo en la verdad. Sin verdad objetiva no hay nada, y como explicó Pablo, «vuestra fe es vana».

Ahora bien, puede haber diferencias de interpretación sobre algunos temas dentro de la cristiandad y aún se mantendrá el compañerismo. Sin embargo, hay un núcleo de verdad sobre el que no puede haber desacuerdo. El Dr. Bob Ketcham, un líder en los primeros años del fundamentalismo, lo llamó el «mínimo irreductible».

Desde los días de las antiguas conferencias bíblicas de Niagara, Nueva York al culminar el siglo XIX, se ha aceptado en general que hay cinco verdades elementales que constituyen los «fundamentos»:

(1) La infalibilidad de las Escrituras
(2) El nacimiento virginal de Cristo
(3) La deidad de Cristo
(4) La expiación sustitutiva de Cristo
(5) La resurrección corporal y el retorno de Cristo

Nadie es fundamentalista si no cree en todo esto. No se puede elegir entre las doctrinas o todo el sistema de teología colapsa. Estas doctrinas se publicaron de forma sistemática en 1909 en doce volúmenes llamados The Fundamentals (Los Fundamentos). No ha habido desacuerdo entre los estudiosos conservadores de que estas son las doctrinas principales sostenidas por todos los fundamentalistas.

Apoyando esta posición estaban los grandes eruditos conservadores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX: WH Griffith Thomas, James Gray, William Moorehead, Arno Gaebelein, Benjamin Warfield, RA Torrey, WJ Erdman, Sir Robert Anderson, CI Scofield, Charles Spurgeon y G. Campbell Morgan entre otros.

La autoridad para afirmarnos en estas doctrinas fundamentales se centra en la Palabra de Dios. J.C. Ryle, un gran predicador anglicano del siglo 19 escribió:

El verdadero cristiano fue destinado por Cristo a probar todas las cosas por la Palabra de Dios, todas las iglesias, todos los ministros, toda la enseñanza, toda la predicación, todas las doctrinas, todos los sermones, todos los escritos, todas las opiniones, todas las prácticas. Estas son sus órdenes de marcha. Hay que demostrar todo por la Palabra de Dios; medir todo por la medida de la Biblia; comparar todo con el estándar de la Biblia; pesar todo en las balanzas de la Biblia; examinar todo por la luz de la Biblia; probar todo en el crisol de la Biblia. Lo que no puede soportar el fuego de la Biblia, hace falta rechazar, negar, repudiar y desechar. Esta es la bandera que él clavó en el mástil. ¡Que nunca se baje!

La verdad, entonces, es el lugar de inicio del fundamentalismo. No puede haber un incrédulo entre la multitud … no se puede ceder terreno en estas doctrinas.

En los 100 años desde que apareció el término, el fundamentalismo ha adaptado su énfasis doctrinal para batallar contra varios movimientos modernos que surgieron, incluyendo el ecuménico, el carismático, el neoevangélico, etc. Pero los “fundamentos” como publicados en 1909 siempre ha formado los pilares doctrinales del fundamentalismo.

Comportamiento correcto

Incluido como un elemento en el fundamentalismo bíblico debe estar el comportamiento correcto. La conducta correcta es siempre el resultado natural de una fe genuina en la verdad bíblica. El comportamiento es la prueba de fuego de la verdadera fe. Juan insiste en que la verdadera fe tiene un efecto sobre la pureza: «Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro» (1 Juan 3:3).

Pablo condena al hombre religioso cuya fe no cambia su vida. Romanos 2:21, 22: «Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio?»

Tener una comprensión de la doctrina correcta sin un comportamiento correcto es una religión hueca y sin sentido. No es un verdadero fundamentalista bíblico el que articula todas las doctrinas correctas pero no se ve afectado en su moralidad.

Los fundamentalistas del siglo XX han creído ampliamente que existe una relación inseparable entre la vida santa y la doctrina correcta. No puede haber campeones inmorales de la fe.

Espíritu correcto

Se cree casi universalmente que para ser fundamentalista, tanto la doctrina correcta como el comportamiento correcto son elementos esenciales. Sin embargo, no es suficiente. Puede tener ambos y no tener un testimonio vivo. Debe agregarse un espíritu recto si los cristianos han de convencer a un mundo incrédulo.

Los fundamentalistas tienen fama de ser divisores y algunos se han deleitado con llamarse «fundamentalista peleoneros». Esta disposición está mal a menos que la batalla y los combatientes cumplan con los requisitos bíblicos muy estrechos de la guerra espiritual.

La eficacia de los hombres que defienden la doctrina correcta y el comportamiento correcto se ha visto gravemente dañada por un mal espíritu. Hay los que observan el espíritu de algunos fundamentalistas y llegan a creer que andar enojado y faltar tacto es un elemento normal del fundamentalismo. Está claro en las Escrituras que los creyentes llenos del Espíritu exhiben un espíritu ejemplar. Puedes ser un caballero y un fundamentalista.

Efesios 4:30-32: «Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo».

En el mismo capítulo de Gálatas donde Pablo nos dice que evitemos las obras de la carne, nos manda a caminar en el Espíritu. Gálatas 5:16: «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne».

La evidencia de que uno camina en el Espíritu es que personifica Gálatas 5:14, 15: «Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros». Es cierto que nuestro espíritu es una medida del grado de nuestra entrega al Espíritu Santo.

Por cierto, andar en el Espíritu no es más opcional que el bautismo para el nuevo cristiano que desea obedecer a Dios. La evidencia de esa plenitud no es solo el compartir de la fe de uno con valentía, sino también las cualidades internas que se reflejan en el estilo de vida de uno. Gálatas 5:22, 23: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley». Su espíritu es un asunto bíblico tanto como su comportamiento. De hecho, no se puede separar los dos.

Los fundamentalistas han criticado durante mucho tiempo la ortodoxia muerta. Esa crítica se ha dirigido a aquellos cuya doctrina era sólida pero que no se reproducía a sí mismo en la salvación de otros. Sin embargo, creo que la ortodoxia muerta también incluye a aquellos que no tienen la vida de Cristo expresada en su espíritu. Ambas vidas no son productivas.

La batalla no es incompatible con la vida cristiana. Los fundamentalistas deben ser militantes. Tenemos la obligación de luchar contra Satanás y todas sus fuerzas. Él es nuestro enemigo mortal. Los fundamentalistas también deben oponerse a los apóstatas. Ni siquiera tenemos la obligación de darles la bienvenida. 2 Juan 10: «Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!».

Los apóstatas dentro de la iglesia deben ser identificados y excluidos de cualquier compañerismo con otros creyentes. Romanos 16:17: «Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos».

Quizás, sin embargo, hemos llevado la analogía sobre la guerra más allá de lo que Dios pretende. Es cierto que los cristianos están en una batalla y que el creyente es un soldado. Sin embargo, debemos recordar que los ejércitos generalmente no luchan entre sus propias filas si sobreviven.

Recuerde, Satanás está en el ejército contrario. No es un compañero general. Deberíamos estar juntos en nuestra lucha contra el diablo, pero tengamos cuidado al apuntar nuestras armas. A menudo parece que los líderes cristianos disparan indiscriminadamente sus cañonazos verbales. Publicamos nuestras guerras internas en revistas religiosas nacionales y las discutimos en nuestras conferencias. Está mal; no es cristiano.

Los fundamentalistas parecen luchar contra nuestros propios soldados con la misma ferocidad que los enemigos del evangelio. Somos el único ejército que conozco que dispara a sus propios heridos. Es como si estuviéramos empeñados en la autodestrucción.

Algunos fundamentalistas llevan demasiado tiempo equiparando la valentía con la maldad. Es casi como si creyéramos que existe una relación inversa entre la piedad y la rudeza. A menudo, nuestra doctrina sana y nuestro comportamiento impecable se pierde de vista como testimonio ante un mundo inconverso por nuestro mal espíritu.

Nos sentimos obligados a separarnos públicamente de aquellos que tienen mala doctrina o un mal comportamiento. ¿Qué pasa con los que tienen mal espíritu? Quizás necesitemos repensar todo este tema.

El problema también se ve agravado por nuestro enfoque. Las ilustraciones bíblicas a menudo se aplican incorrectamente. Es cierto que Pablo y Bernabé tuvieron un conflicto por Juan Marcos, pero la Escritura no ofrece su comportamiento como un ejemplo para los creyentes.

También es cierto que Pablo resistió a Pedro cara a cara. Pero recuerde, las acciones de Simón involucraron la peor forma de hipocresía y el conflicto fue sobre las doctrinas del don de la gracia para todos los hombres. No se trataba de una cuestión de doctrina periférica.

Jesús dijo: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros» (Juan 13:34, 35).

La definición de fundamentalista ha incluido históricamente la doctrina correcta y el comportamiento correcto, pero hemos permitido un mal espíritu. Curtis Lee Laws no incluyó un espíritu correcto cuando acuñó la palabra. Sin embargo, es hora de que aquellos que creen en lo correcto comiencen a actuar correctamente. El odio y la intolerancia y el rencor contra otros hermanos no es cristiano. Está mal y no debemos permitir que pase sin reproche.

Se sufre cuando los fundamentalistas luchan unos con otros como si fueran enemigos mortales. Todos creen en los fundamentos. No hay un modernista entre la multitud. Una vez más, cuando pelean, me siento como un niño pequeño cuyo madre y padre están en una batalla. Los amo a los dos y no pretendo escoger entre ellos … a menos que uno diga: «No puedes amar a mí y a él también». Pero el que esto hace no me ama realmente … solo a sí mismo.

*La idea para este escrito proviene del artículo “What Is A Fundamentalist?” de la revista Fundamentalist Journal de septiembre, 1982. La presente obra sigue el formato de dicho artículo y contiene unas cuantas traducciones directas.

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