Enseñanzas bíblicas sobre el don de lenguas

Las lenguas bíblicas eran lenguas verdaderas

 

Las referencias a lenguas en el Nuevo Testamento requiere que entendamos que se refieren a lenguas existentes. Esto incluye tan importante pasaje como 1 Corintios 12-14. Hay suficiente evidencia bíblica para probar que las lenguas en 1 Corintios son las mismas que las de Hechos capítulo dos y se refieren a lenguas verdaderas. Se reconoce que puntos individuales tal vez no prueben la conclusión, pero tomados todos juntos, los argumentos son concluyentes.

  1. Las lenguas fueron predichas en forma tal que indica que eran lenguas verdaderas.

Cristo predijo que habrían señales relacionadas con el mensaje del evangelio que incluiría milagros y el hablar en “nuevas lenguas”. (Mr. 16:17).

Esta es la manera normal de decir que ellos hablarían en diferentes lenguas, nuevas para ellos.

  1. 1 Corintios fue escrita antes que el libro de los Hechos.

Algunos parecen tener el concepto erróneo que 1 Corintios fue escrita mucho después que el libro de los Hechos y por lo tanto representa ideas que existieron en un período posterior en la historia de la iglesia que el representado en el libro de los Hechos. 1 Corintios, sin embargo, fue escrita por el año 55 D. C., y el libro de los Hechos por el año 61 D. C. Como Pablo estaba en Efeso cuando escribió 1 Corintios, eso significa que esta epístola es contemporánea con el capítulo 19 de los Hechos. Es interesante que en ese capítulo (verso 6) se relata una manifestación del don de lenguas – y desde ese lugar Pablo escribió a los Corintios acerca de las lenguas.

Por lo tanto, cuando Lucas escribió acerca de las experiencias de las lenguas en el día de Pentecostés y en fechas posteriores; como compañero de Pablo él debió haber conocido el asunto de las lenguas en Corinto, y debió haber estado familiarizado con la epístola del Apóstol Pablo a los corintios escrita cerca de seis años antes que el libro de los Hechos.

  1. Lucas lógicamente debió haber seguido el uso que el Apóstol Pablo hace de la palabra “lenguas”.

Generalmente se está de acuerdo en que Lucas escribió el libro de los Hechos mientras Pablo estaba encarcelado en Roma (el primer encarcelamiento del Apóstol). Debido a la estrecha relación entre ambos y debido a que Pablo había escrito 1 Corintios unos seis años antes, no parece lógico decir que Lucas escogió usar la misma palabra traducida “lenguas” usada por Pablo, dándole un significado diferente. Lucas usó la palabra glossa (lenguas), la misma palabra que el Apóstol Pablo usó en su primera epístola a los Corintios. Si la experiencia de Pentecostés hubiese sido diferente a la experiencia en Corinto Lucas hubiese usado una palabra diferente.

  1. En Hechos 2, Lucas pone gran cuidado en asegurarse que nosotros entendemos que la palabra “lenguas” significa verdaderas lenguas.

El escritor hace eso al usar además de la palabra lenguas, la palabra dialectos (la palabra traducida lengua en Hechos 2:6). Dialectos es una palabra que indica claramente varios idiomas. No cabe la más pequeña posibilidad de que el escritor se refiera a otra cosa que no sea idiomas cuando menciona las diferentes nacionalidades presentes y que oyeron “las maravillas de Dios” en sus propias lenguas.

  1. Pedro dice en Hechos 11:15 que el hablar en lenguas que él presenció en aquella ocasión era el mismo fenómeno ocurrido el día de Pentecostés.

Si Hechos l1 se refiere al mismo fenómeno que Hechos 2, y Pedro dice que así es, entonces no hay razón para decir que Hechos 19 es diferente a las dos experiencias previas en que se menciona el hablar en lenguas. Ya que Pablo acababa de presenciar la experiencia de Hechos 19 y estaba aún en Efeso cuando escribió 1 Corintios, también es ilógico decir que 1 Corintios se refiere a un fenómeno diferente al de Hechos 19. Lucas ciertamente conocía el problema de Corinto y la carta a los Corintios cuando él escribió el libro de los Hechos, por lo tanto, es igualmente cierto que él se estaba refiriendo al mismo fenómeno. Debido a referencias alternadas por Pedro, Pablo y Lucas, podemos concluir que ellos se referían al mismo fenómeno cuando mencionan el don de lenguas.

  1. Las lenguas fueron dadas como una señal con el propósito de convencer a los incrédulos. (1 Co. 14:21, 22).

¿Serán impresionados los incrédulos con una jerigonza?

Tenían que ser lenguas verdaderas para ser de algún valor. También debe notarse que el simple hecho de que algunos hablasen en lenguas eso no era el asunto convincente. Lo que convencía a los incrédulos era lo que era dicho en la “lengua” (idioma). 1 Corintios 14:6-25 fue escrito para dejar establecido ese punto. Pablo dice en este pasaje que el don de lenguas no realiza su propósito a menos que el mensaje de Dios a los incrédulos en una lengua extraña sea claramente presentado.

  1. La palabra lenguas es la palabra que normalmente significa idiomas.

La palabra traducida lengua o lenguas es la palabra griega glossa. Esta palabra es usada exactamente cincuenta veces en el Nuevo Testamento. Catorce de esas cincuenta veces la palabra se refiere al órgano de la lengua, como en Santiago 3:5, “La lengua es un miembro pequeño”. Una vez se refiere a las llamas de fuego en forma de lenguas (Hch. 2:3). Dos veces se usa en un sentido metafórico refiriéndose a hablar, como en Hechos 2:26, “se gozó mi lengua”, que significa “mi hablar fue con gozo”.

En todas las treinta y tres veces restantes en que la palabra es usada debe de traducirse idioma o idiomas. Siete de esas treinta y tres veces se usa en el libro de Apocalipsis donde el significado es absolutamente claro. Frases tales como “Todo linaje y lengua y pueblo”, claramente significa toda clase de variedades raciales, de idiomas y naciones que estarán representadas. (véanse Ap. 5:9; 7:9; 10:11; 11:9; 13:7; 14:6; 17:15). Cuatro de los restantes treinta y seis usos son las referencias acerca de las lenguas en el libro de los Hechos. En Hechos no cabe dudas de ninguna clase que lenguas se refiere a idiomas (vea punto 4). Aun muchos defensores del movimiento de lenguas admiten que estas referencias en el libro de los Hechos se refieren a idiomas. Pasajes como Hechos 2:4, “y comenzaron a hablar en otras lenguas”, Hechos 2:11, “les oímos hablar en nuestras lenguas”, indican claramente que se refieren a idiomas. Lo mismo sucede con la única referencia bíblica en que el Señor habla del don de lenguas: “hablarán nuevas lenguas” (Mr. 16:17).

Esto nos deja solamente los veintiún usos de la palabra lengua en 1 Corintios 12-14. Y qué autoridad tenemos para decir que el significado de esa palabra, debe ser cambiado en l Corintios? Ciertamente no tenemos esa autoridad. Hemos visto claramente que a través del Nuevo Testamento esa palabra significa idioma o idiomas, ¿por qué, entonces, tendríamos que cambiar el significado en este pasaje?, A menos que una persona conociese el presente “movimiento de lenguas” en que no se usan verdaderos idiomas, no existiría fundamento alguno en lo absoluto para ese cambio. No existe razón textual de clase alguna para ese cambio. En verdad, el Apóstol argumenta que al menos que la lengua fuese entendida por alguien, no hay razón para hablarla (1 Co. 14:9).

Una idea como la que aparece en 1 Corintios 13:1, en el mismo centro de la sección de las lenguas, debe de contribuir mucho a ayudarnos a entender lo que Pablo quiso decir por lenguas: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe”.

Pablo dice que no importa en qué lengua (¡aún la lengua de los ángeles!) o con qué habilidad oratoria él hablase, a menos que fuesen comprendidas y que fuesen motivadas por amor, su hablar sería solamente un ruido.

  1. Los adjetivos usados con la palabra lenguas (glossa) indican que se refiere a idiomas verdaderos.

El adjetivo nuevo (kainos) usado en Marcos 16:17, “hablarán nuevas lenguas”, solamente puede significar que ellos hablarían en lenguas nuevas para ellos, es decir, no aprendidas. En el griego esto aparece más claro aún que en español porque las palabras lenguas y nuevas están separadas: “lenguas hablarán – nuevas”.

El otro adjetivo usado con la palabra lenguas es otras (heteros). En Hechos 2:4 se nos dice que ellos comenzaron a hablar en otras lenguas. Nuevamente esto solo puede significar que ellos hablaron en lenguas que no eran sus idiomas acostumbrados, pero que eran, sin embargo, verdaderos idiomas ya que fueron entendidos por aquellos que hablaban esos idiomas. La próxima oración en Hechos explica la expresión “otras lenguas”, mencionando las diferentes nacionalidades presentes en Jerusalén.

  1. Otras palabras asociadas con la palabra lenguas prueba también que la referencia es a lenguas verdaderas.

Una de esas palabras es el nombre gene que se usa en 1 Corintios 12:10 y 12:28 y es traducido géneros de lenguas. Esta es la palabra normalmente traducida raza, y se usa para designar grupos de familias y de razas. Así que cuando Pablo dice que se les dio géneros de lenguas él quiere decir que se les dio de manera supernatural .la habilidad de hablar en lenguas que eran entendidas por cierto grupo racial o nacional.

Otra palabra usada con relación a lenguas es la palabra eusemos en 1 Corintios 14:9. Esta palabra significa fácilmente reconocible, claro, distinguible. Pablo dice que los Corintios debían de hablar palabras inteligibles para que otros pudiesen entender lo que se hablaba. De otro modo ellos estarían hablando al aire.

Una tercera palabra que establece sin lugar a dudas que la palabra lenguas quiere decir idiomas verdaderos, es el pronombre personal nosotros usado en Hechos 2:8-11: “Como, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”.

Una lengua no puede ser entendida como nuestra lengua a menos que fuese una lengua normalmente hablada por los oyentes.

  1. Hablar significa conversar inteligentemente.

La palabra laleo es la palabra griega que significa yo hablo. Esa es la palabra que se usa en conexión con “hablar en lenguas”. Esa palabra significa conversar con palabras comprensibles. Hay otras palabras griegas lo suficientemente apropiadas que el Espíritu Santo pudo haber usado si él hubiese querido que nosotros entendiésemos las lenguas como un murmullo, una murmuración o ruidos disonantes, ininteligibles. El Espíritu Santo hubiese podido escoger la palabra usada en 2 Pedro 3:10 donde dice que los cielos y la tierra pasarán con grande estruendo (el adverbio roizeden). O hubiese podido escoger la palabra que él usa en Marcos 6:38 y en otros lugares refiriéndose al tumulto y clamor ininteligible de una multitud llorando, lamentándose y gritando al mismo tiempo que corrientemente se traduce sonido, o voz, o ruidofone. Ninguna de estas palabras hubiese requerido el conversar inteligiblemente como requiere la palabra usada – laleo. Pablo mismo usa este argumento en 1 Corintios 14:6-11, cuando dice que a menos que la lengua sea entendida, prácticamente todo es solo un ruido, una voz, o un sonidofone.

Debe notarse que Romanos 8:26 no es una referencia al don de lenguas. Los gemidos que el Espíritu Santo hace no son expresiones de lenguas. 1 Corintios y el libro de los Hechos claramente se refieren al hablar (laleo) en lenguas mientras que este versículo dice que el ministerio del Espíritu Santo es inexpresable (indecible) – alaleo. También la palabra gemidos es mejor traducida por la palabra suspiros. El contexto claramente enseña que los suspiros son en silencio porque toda la creación está suspirando. La creación, los creyentes, y Dios están suspirando, esperando ansiosamente la liberación del presente estado de cosas. Pero este es un suspiro en silencio porque el versículo dice que es indecible – sin palabras.

  1. “Interpretar” significa “traducir”.

La palabra diermeneuo es la palabra que normalmente significa traducir de un idioma a otro. Esto es conclusivamente demostrado por el uso de dicha palabra en el Nuevo Testamento. “Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía” (Hch. 9:36).

El nombre Tabita es del arameo y significa gacela. El nombre Dorcas es de igual manera la palabra griega que significa gacela. Lucas simplemente tradujo la palabra del arameo al griego.

Es necesario que haya un traductor para que una lengua extranjera pueda ser entendida. Aún hoy usamos la palabra intérprete en este sentido, pero técnicamente la palabra correcta es traductor.

El día de Pentecostés cada extranjero que oyó hablar en su propia lengua, fue su propio traductor. En Corinto donde no había tantas nacionalidades representadas, parece que Dios ocasionalmente proporcionaba el don de traducir un idioma que había sido hablado mediante un acto milagroso. Cuando esto sucedía era con el propósito de que tanto los creyentes como el predicador pudiesen entender lo que el Espíritu Santo estaba diciendo al extranjero.

En conexión con esto debe notarse que el don de lenguas envolvía un discurso milagroso en un idioma extranjero – y no una jerga que era traducida milagrosamente al oído de los individuos – de manera que los oyentes lo recibían en sus propios idiomas. Esto fue un don espiritual dado al pueblo de Dios, no a los incrédulos, aunque para los incrédulos. El día de Pentecostés los 120 discípulos no hablaron vanamente, sino que uno (o más) habló en parto, otro en medo, otro en elamita, otro en egipcia, etc.

  1. Cuando la frase “lengua extraña” o “lengua desconocida” era usada, se hacía para indicar un idioma extranjero.

La palabra desconocida y la palabra extraña que aparecen en 1 Corintios 14 en relación con la palabra lengua no se encuentra en el texto original (1 Corintios 14:4, 13, 14, 19, 27). El texto griego solamente dice lengua sin ningún adjetivo. Aquí como en cualquier otro lugar que el don de lenguas es usado, se le daría el sentido propio si se tradujese lengua extranjera. Los traductores de nuestra Biblia, sabiendo que la referencia es a un idioma desconocido para el que hablaba, decidieron añadir las palabras extrañas o desconocidas. Sin embargo, no existe cosa tal como un idioma que sea desconocido para todo el mundo.

Todas las lenguas son conocidas, de otra manera no serían lenguas. Un idioma, aunque nunca haya sido traducido, es un idioma verdadero. Sería un grave error referirse a una Biblia escrita en chino como un idioma desconocido, aunque no podemos leer ni una sola palabra de su contenido.

Dios no habló a los hombres en expresiones ininteligibles. Él habló a través de alguien, a otros, en un idioma extranjero. El idioma puede haber sido desconocido para el que lo hablaba pero era conocido de alguien o de lo contrario no era de Dios. Esta es la manera en que Pablo hace resumen de su argumento en 1 Corintios 14.

  1. Isaías predijo lenguas como idiomas verdaderos.

Pablo dice en 1 Corintios 14:21 que el don de lenguas es el cumplimiento de la profecía de Isaías 28:10-11. Estos versículos claramente predicen que los judíos serían enseñados (evangelizados) en idiomas extranjeros.

Contextualmente, estos versículos enseñan que Dios ha de castigar a su pueblo por medio de cautividades donde idiomas extranjeros han de ser hablados (particularmente Asirio y Babilónico). Dios, al usar estos pueblos que hablan lenguas extrañas, ha de enseñar a su pueblo. Esta profecía ha sido cumplida en todas las experiencias de las cautividades de los judíos así como también por el don de lenguas en la edad apostólica. En realidad, aun hoy los judíos son raramente evangelizados en hebreo. En todos estos casos el cumplimiento es mediante verdaderas lenguas extranjeras.

Conclusión: Estos trece argumentos, tomados juntos, demuestran concluyentemente que todas las referencias del Nuevo Testamento al don de lenguas conciernen al mismo fenómeno. En cada caso la habilidad milagrosa de hablar en una lengua extranjera que no había sido aún aprendida por el que la hablaba.

Las lenguas han cesado

 

Ya hemos concluido que el don de lenguas era la habilidad milagrosa de hablar en un idioma extranjero aún no aprendido por el que lo hablaba. Ahora trataremos de establecer la verdad de que el don de lenguas era un don que no se esperaba que se extendiese a través de la edad total de la iglesia. Nuevamente se reconoce que aspectos aislados no prueban el caso, pero el peso del argumento completo es concluyente.

  1. Las lenguas eran una señal para confirmar el mensaje del evangelio en el tiempo Apostólico (Mr. 16:11).

La palabra señal en este contexto significa una confirmación. Esto se demuestra en Marcos 16:20, “Ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían”. En Hebreos 2:3-4 dice: “cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”.

Este pasaje muestra de nuevo que los milagros de la edad apostólica tenían el propósito de autenticar el mensaje – estos eran señales. Es importante que los milagros son referidos gramaticalmente en tiempo pasado. Este mensaje de salvación fue confirmado. El texto no dice “está siendo confirmado por señales y milagros”, sino “fue confirmado por señales y milagros”. Nadie sabe la fecha exacta en que la epístola a los Hebreos fue escrita porque nadie sabe con certeza quien es el autor de la misma. La iglesia primitiva aceptó el libro como inspirado porque lo consideró como escrito por Pablo o por alguno de los compañeros de Pablo como Lucas o Bernabé. Nosotros sabemos, sin embargo, que Hebreos fue escrito en el primer siglo porque es citado en el año 95 D.C., y aparentemente fue escrito antes del año 70 D.C. cuando aún se estaban ofreciendo los sacrificios judaicos.

De todas maneras, para el tiempo en que Hebreos fue escrito, el autor pudo decir que el evangelio “fue confirmado por señales”. Es cierto que uno puede decir que algo fue confirmado sin negar que también está siendo confirmado, pero el autor no añade que está siendo confirmado ahora – un argumento que hubiese pesado mucho en su tesis ya que él está mostrando la responsabilidad presente de la negligencia espiritual.

La palabra traducida fue confirmado, ebaiothe, es un término jurídico, frecuentemente usado en el sentido de una garantía legal. El tiempo verbal usado aquí presenta la acción en su totalidad como algo ocurrido en el pasado. El evangelio ha sido legalmente garantizado por las señales milagrosas tal y como Cristo lo predijo en Marcos 16:20. Ciertamente nadie diría que todos los cristianos debían realizar todas las señales mencionadas en ese versículo.

El asunto más importante es que las lenguas fueron claramente colocadas entre las señales y que esas señales tenían el propósito de confirmar el mensaje del evangelio.

  1. Ahora que tenemos la totalidad de las Escrituras, las señales para confirmar el mensaje del evangelio no son necesarias.

Cristo nunca trató de autenticar el Antiguo Testamento. El simplemente lo aceptó como la Palabra de Dios. Su declaración fue: “La Escritura dice…” Él dijo, “La Escritura no puede ser quebrantada”. También dijo, “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”. Jesús no trató de probar o autenticar las Escrituras. Él meramente las aceptó como la autoridad final.

Cristo dijo en cierta ocasión (Lucas 16:31) que aquellos que no aceptan la Palabra de Dios no pueden ser persuadidos por milagro alguno – ¡ni aunque alguno se levantase de los muertos y les predicase! Las señales milagrosas no son necesarias para confirmar el mensaje de salvación en Cristo ahora que tenemos el Nuevo Testamento. Antes que el Nuevo Testamento fuese escrito, ¿cómo sabían ellos si un mensaje era de Dios? Ellos podrían saberlo por las señales milagrosas que fueron dadas como verificación. Después que el mensaje de los Apóstoles había sido autenticado por esas señales, sus escritos fueron aceptados como la Palabra de Dios. La Palabra de Dios no necesita ser autenticada con milagros cada vez que es leída.

Después que Cristo hubo realizado suficientes milagros como prueba de que él era el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento, el Señor rehusó realizar milagros adicionales como señales (Mt. 16:4). Cualquier otro milagro posteriormente realizado por él no fue como señales sino que fue hecho solamente debido a su gran amor o para usarlo como lecciones objetivas para enseñar a los discípulos.

Así es en este tiempo. No estamos diciendo que Dios no pueda realizar o que no realiza milagros. Dios no ha abandonado el asunto de realizar milagros. Nosotros afirmamos que Dios puede obrar y obra milagros cuando y donde él escoge hacerlo. Debido a su amor él sana (por ejemplo), pero Dios normalmente no realiza un milagro para autenticar el evangelio. Ese tipo de señales no son necesarias. Nosotros tenemos un mensaje seguro y cierto escrito en su Palabra – el Nuevo Testamento. Aquellos que no aceptan Juan 3:16 en su propio idioma no pueden ser persuadidos de esta verdad por una manifestación del don de lenguas.

Aquellos judíos extranjeros que fueron convertidos el día de Pentecostés fueron convertidos porque oyeron el evangelio en su propio idioma. Aquel milagro sirvió como una confirmación para ellos de que el mensaje procedía de Dios. Ellos no tenían un Nuevo Testamento escrito por mensajeros autorizados y que contenía el mensaje de salvación por medio de Cristo. Pero nosotros sí tenemos ese Libro. Ellos necesitaban una confirmación, pero nosotros no.

Hoy no se necesita ninguna señal para confirmar si un mensaje es de Dios. Todo lo que tenemos que hacer es comprobar y ver si el mensaje está de acuerdo con la Palabra de Dios.

  1. Las lenguas son principalmente una señal para los judíos incrédulos. (Véanse Is. 28:11; Hch. 2:3, 4; 1 Co. 1:20; 14:21-22.)

Este último pasaje, 1 Corintios 14:21-22, es el único lugar en la Biblia que hace una declaración explícita sobre el propósito del don de lenguas. Dice dos cosas acerca de este propósito: Primeramente, dice que era un método por el cual Dios prometió hablar a este pueblo. Este pueblo, citado de Isaías, solamente puede referirse al pueblo judío. En segundo lugar, el propósito fue para que sirviese como señal para los incrédulos. Esto naturalmente significa judíos incrédulos. Dios sabía que la mayoría del pueblo judío iba a rechazar el mensaje (verso 21b).

Tomando estos pasajes juntos encontramos que era el pueblo judío quien demandaba señales y fue para ese pueblo que las señales fueron primordialmente designadas. A pesar de esa señal, la mayoría de los judíos permanece en incredulidad.

En Hechos 2 las lenguas tenían el claro propósito de transmitir el mensaje a los judíos extranjeros que estaban en Jerusalén para la fiesta de la pascua.

En Hechos 10, parece que los miembros de la casa de Cornelio hablaron en lenguas como una indicación a Pedro y a los otros judíos de que los gentiles eran también participantes a plenitud del evangelio y de los dones del Espíritu Santo. Pedro y los otros judíos eran incrédulos en el sentido de que ellos habían rehusado creer que los gentiles iban a ser participantes a plenitud del evangelio al igual que los judíos. Si no hubiese habido ningún judío presente no hubiese habido necesidad para que el don (de lenguas) se hubiese manifestado.

Por ser ellos romanos, Cornelio y su casa debían haber sabido latín y griego. Es posible que ellos hablasen en arameo lo cual hubiese sido entendido por Pedro y los otros judíos.

En Hechos 19 – la tercera y última vez que se menciona el don de lenguas en el libro de Hechos – Pablo encontró un grupo de judíos en Efeso. Estos eran judíos (o prosélitos) quienes habían oído a Juan predicar el arrepentimiento y habían aceptado su bautismo. Ellos aparentemente, no sabían nada de la obra completa de Cristo o de la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Después de haber recibido el evangelio y haber sido bautizados – esta vez en el nombre del Señor Jesús – ellos también hablaron en lenguas. Estos eran judíos creyentes en presencia de un evangelista judío y de otros judíos. (Seguramente ellos estaban aun en compañerismo con los judíos ortodoxos en Efeso ya que ellos no habían oído toda la verdad acerca de Cristo.)

Hechos 18 claramente indica que había una gran colonia judía en Corinto. Aquila y Priscila y otros se habían radicado allí después que el emperador hubo expulsado a todos los judíos de Roma (Hch. 18:2). Había una sinagoga floreciente en Corinto (Hch. 18:4).

Corinto era también un centro de intercambio comercial – industrias que requerían un gran número de judíos tanto residentes como transeúntes. Uno esperaría que el don de lenguas fuese ejercitado como una señal a los judíos en una ciudad como esa.

Para los que imitan el don de lenguas manifestado en el Nuevo Testamento, le preguntamos, ¿cuál manifestación del Nuevo Testamento debe ser imitada? Hay muy marcadas diferencias en cada caso. En el día de Pentecostés hubo las manifestaciones audibles y visibles de fuego y viento pero estas nunca se repitieron. Una traducción milagrosa no se necesitaba nada más que en Corinto. En Hechos 10 las lenguas precedieron al bautismo, pero en Hechos 19 el bautismo fue primero. En Hechos 19 el don vino por la imposición de manos, pero ese no fue el caso en Hechos 2, o 10, o en 1 Corintios.

Conclusión: El don de lenguas fue dado principalmente como una señal para los judíos incrédulos. Como tal, sirvió  para verificar el mensaje del evangelio y también para mostrar que el evangelio no era para los judíos solamente.

  1. No hay razón para que haya señales para los judíos durante los “tiempos de los gentiles”.

Jesús dijo en Lucas 21:24 que los “tiempos de los gentiles” comenzarían con la destrucción de Jerusalén en el año 70 D.C., y que continuaría mientras que Jerusalén estuviese siendo pisoteada por los gentiles. Algunos han dicho que los “tiempos de los gentiles” comenzó en el año 605 A.C. con la cautividad babilónica. Pero Jerusalén no fue pisoteada por los gentiles durante todo el período de tiempo, comenzando con esa fecha. Los judíos regresaron después de 70 años de cautividad y nuevamente poseyeron la ciudad por algún tiempo. Aunque Antíoco Epífanes capturó a Jerusalén, Judas Macabeo la rescató de manos de aquel. Aún bajo el gobierno romano, los judíos todavía tuvieron posesión de Jerusalén, hasta el año de 70 D. C.

Nuestro Señor claramente dijo: “cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado” (Lc. 21:20 – año 70 D. C.). La completa declaración del Señor puede ser parafraseada de la manera siguiente: “Cuando veáis los ejércitos – huid; porque así ha de dar comienzo un largo período de desolación, persecución y dispersión durante el cual Jerusalén ha de ser pisoteada por los gentiles – y llamo a este período “los tiempos de los gentiles”.

Los “tiempos de los gentiles”, entonces – de acuerdo con una exégesis cuidadosa de este pasaje – comenzó cuando Jerusalén fue destruida en el año 70 D. C. y ha de continuar hasta que los judíos obtengan de nuevo la soberanía sobre la ciudad.

El asunto en cuestión aquí es que durante los “tiempos de los gentiles” Dios no está tratando con la nación judía como tal. Desde el año 70 D. C., por lo tanto no hay razón para que haya señales para los judíos. “Ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles (Ro. 11:25). Aunque el endurecimiento comenzó antes del año 70, la nación judía existió, con su capital en Jerusalén hasta esa fecha.

Es interesante notar que la última mención de las lenguas en el libro de los Hechos fue en la ocasión de la llegada de Pablo a Efeso por el año 53. Durante su larga estancia en Efeso, Pablo escribió la Primera Epístola a los Corintios, por el año 55. Esta es la última vez que el Nuevo Testamento menciona el don de lenguas. Aun las epístolas que fueron escritas en fechas posteriores y que mencionan los dones espirituales – tales como Romanos y Efesios – no hacen mención del don de lenguas.

El evangelio según San Marcos fue escrito probablemente en el año 65 D. C. lo cual lo hace contener la última referencia escrita a las lenguas (Mr. 16:17), pero Marcos está citando lo que el Señor dijo en el año 30.

  1. Otras señales de verificación eran temporales.

Tanto Pablo como Pedro realizaron muchos milagros como señales o verificación al comienzo de sus ministerios. Ambos levantaron muertos al menos en una ocasión. Pero al final de sus ministerios no fue así. Pablo mismo estaba sufriendo de una enfermedad física que no pudo ser removida por la oración. También algunos de los amigos más entrañables del Apóstol Pablo estuvieron enfermos, aún cerca de la muerte, y él no los sanó (1 Ti. 5:23; 2 Ti. 4:20).

Nuestro Señor, también, realizó muy pocos milagros en la parte final de su ministerio terrenal, conforme al propósito divino.

Las señales son para la verificación. Cuando la verificación ha sido realizada, las señales no necesitan continuar.

Ya que la sanidad es un tópico afín, nos parece bien señalar que las Escrituras no indican que alguien hubiese tenido “el don de sanidad”. La terminología bíblica es “dones de sanidades”. Aparentemente cada sanidad milagrosa es considerada por la Biblia como “un don de sanidad”. El Espíritu Santo dio poderes de sanidad divina a individuos para ocasiones específicas. Hubo quienes recibieron “dones de sanidades” pero no se convirtieron en “sanadores” permanentemente.

  1. Señales milagrosas no han estado presente en todas las edades.

Ha habido solamente tres períodos en la historia (hasta ahora) en que los milagros han sido prominentes.

El primero de estos fue el período cuando Dios usó a Moisés para librar y establecer la nación judía. El segundo período fue cuando Dios autenticó los ministerios de Elías y Eliseo. Él hizo esto en uno de los períodos más oscuros en la historia de Israel para prevenir que Satanás (con la ayuda de Jezabel y otros) sustituyese la adoración a Jehová en la adoración a Baal. El tercer período fue durante y brevemente después de la vida de nuestro Señor en la tierra. Los milagros tenían el propósito de autenticar el clamado de Cristo como Mesías en el mensaje del evangelio predicado por los apóstoles.

¡Ninguno de estos tres períodos de intensa actividad milagrosa duró más de dos generaciones! Moisés y Josué; Elías y Eliseo, Cristo y los apóstoles. Los milagros no han sido la regla de vida normal para otros creyentes en otras edades. Si los milagros no son las normas para todas las edades, es aún evidente que el milagro especial de las lenguas no es para todas las edades. ¡Las lenguas nunca fueron concedidas antes de Pentecostés! Lo sorprendente no es que las lenguas han cesado, sino que fuesen repetidas después de Pentecostés.

  1. Durante la era apostólica hubo dones especiales.

Casi todos los cristianos aceptan que los apóstoles pertenecieron a una clase por sí solos. No hay apóstoles hoy en el mismo sentido de aquellos que fueron escogidos por el Señor en el siglo primero. Los apóstoles fueron testigos presenciales de la resurrección de Cristo (Hch. 1:22; 1 Co. 9:1). El Señor personalmente prometió que ellos recibirían conocimiento (Jn. 16:13; 14:26; 15:26-27), y el Señor mismo les concedió las “señales de Apóstol” como distintivo especial. Las “señales de Apóstol” eran las autenticaciones milagrosas del mensaje apostólico para probar la autoridad de ellos. ¡Los escritos del siglo segundo no fueron aceptados como Escrituras porque no podía haber Apóstoles en el siglo segundo!

Casi todos los cristianos creen que el canon del Nuevo Testamento está cerrado y que la profecía ha cesado. La mayoría admite que ciertos dones, como el don del apostolado y el de profecía, eran temporales. Si algunos dones fueron temporales, entonces no debíamos sorprendernos porque el don de lenguas sea igualmente un don temporal.

  1. 1 Corintios 13:8 claramente dice “y cesarán las lenguas”.

La única pregunta es ¿cuándo? Para contestar esa pregunta señalaremos primeramente que el texto indica que las lenguas cesarán antes que se terminen las profecías y la ciencia se acabarán.

  1. Hay varias indicaciones en el texto que enseñan que las lenguas iban a cesar antes que las profecías y la ciencia.

(1) La primera indicación es el cambio de verbos usado en el verso 8. El verbo usado con las palabras profecía y ciencia, es el mismo. Es la palabra katargeo. Este verbo es usado cuatro veces en los versículos 8 al 11 y es traducido “acabará” tres de las veces y “dejé” en el verso 11. Esta palabra debía traducirse aquí hacer inoperable.

Las lenguas, sin embargo, no son hechas inoperables – las lenguas han de cesar. Una palabra diferente es usada. La palabra usada es pano que significa parar o cesar. Debido a que Dios es el que escogió las palabras, el cambio de verbos debe tener alguna importancia.

(2) La segunda indicación es el cambio de voz verbal en el verso 8. El verbo usado con ciencia y profecía está en la voz pasiva. Esto quiere decir que la ciencia y las profecías no terminarán por sí solas, sino que serán hechas inoperantes por la llegada de algo o de alguien. El verbo usado con relación a las lenguas está en voz media en que el sujeto mismo participa de la acción. En la voz media, este verbo tiene que ser traducido, “las lenguas cesaran por sí mismas”.

Ya que la ciencia y las profecías iban a ser hechas inoperantes por la llegada de algo o de alguien, parece lógico asumir que las lenguas también iban a ser hechas inoperantes al mismo tiempo – a menos que estas hubiesen cesado antes de ese tiempo. Que ese es en verdad el caso, se prueba por lo que sigue.

(3) Las profecías y la ciencia son hechas inoperantes por la llegada de “lo perfecto”. Los versos 9 y 10 dicen que toda nuestra ciencia y profecía es parcial, aún con los dones de ciencia y profecía. Pero vendrá un tiempo cuando “lo que es perfecto” ha de hacer inoperante estas cosas parciales.

Lo importante que debe tratarse es que las profecías y la ciencia, y no las lenguas, es lo que ha de ser hecho inoperante por lo “que es perfecto”. Las lenguas no han de ser hechas inoperantes por “lo que es perfecto” porque éstas ya habrán cesado por sí solas. Esta es la única razón para omitir las lenguas en la referencia a las cosas que son sustituidas por “lo que es perfecto”.

(4) Pablo ilustra este punta de vista, al decir: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fue hombre, dejé lo que era de niño.”

Las cosas de la niñez son dejadas poco a poco en el proceso de crecimiento hacia la madurez. Cuando se ha alcanzado la madurez, entonces puede decirse que las cosas de la niñez han sido dejadas permanentemente (el tiempo perfecto es usado aquí). Pablo escogió esta ilustración deliberadamente, porque él desea mostrar que el proceso de dejar detrás lo parcial e incompleto a favor de lo más maduro, es un proceso natural.

  1. Ha sido determinado, entonces, que las lenguas iban a cesar antes que las profecías y la ciencia fuesen hechas inoperantes. Pero, ¿cuándo iban a ser hechas inoperantes las profecías y la ciencia? Para poder contestar esta pregunta debemos primero contestar otra pregunta, qué son las profecías y la ciencia?

La palabra profecía es tan familiar a los estudiantes de la Biblia que puede ser definida sin mucha dificultad. Era un don ejercido por un profeta. Es decir, al recibir el don de profecía una persona se convertía en profeta. Pedro usa esa palabra en 2 Pedro 1:20-21 cuando dice: “entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.

Frecuentemente se ha dicho que hay dos clases de profecías: predecir y anunciar. Pero en vista del uso bíblico de la palabra, esta es una distinción artificial. El don de profecía era simplemente el don de recibir un mensaje de Dios y declararlo al pueblo. (Un profeta representaba a Dios delante de los hombres, y un sacerdote representaba a los hombres delante de Dios.) El hecho de que el mensaje procede de Dios lo hace una profecía.

Los judíos y los cristianos generalmente están de acuerdo en que el don de profecía cesó con Malaquías, cuando el canon del Antiguo Testamento fue completado. (Josefo, el famoso historiador judío, fue bien específico en ese aspecto.)

En la era nuevotestamentaria Dios nuevamente dio el don de profecía para que los cristianos primitivos tuviesen una teología cristiana (procedente de Dios), y no una mera invención humana. Nos parece que nos acercamos a la comprensión del significado de “lo que es perfecto”, (o completo) cuando notamos que ninguna persona en particular recibió toda la revelación de Dios. Por eso Pablo dice “en parte profetizamos”.

El don de la ciencia no fue fácilmente reconocido como tal. Esa es probablemente la razón por la cual nunca se menciona en el Nuevo Testamento excepto en 1 Corintios. Ese don envolvía un gran discernimiento espiritual al tener que resolver problemas de carácter práctico, tales como: comer comida ofrecida a los ídolos, asistencia a las ceremonias judías, ayuda a las viudas, el velo de las mujeres, requisitos para los oficiales de la iglesia, y muchos otros asuntos similares que hubiesen sido extremadamente desconcertantes y difíciles de comprender antes que el Nuevo Testamento fuese escrito.

La pregunta que resta es, ¿qué es “lo que es perfecto” que hace inoperante las profecías y la ciencia? La respuesta puede verse claramente en las siguientes observaciones del texto.

(1) No se refiere al Señor porque la expresión lo que está en el género neutro. Es gramaticalmente posible que esa expresión pueda referirse en sentido general a la segunda venida en lugar de referirse al Señor mismo, pero veremos en un momento que ese no es el caso.

(2) La palabra perfecto significa maduro o completo. Pablo usa esa palabra otras dos veces en 1 Corintios. La primera vez es en 1 Corintios 2:6 donde dice: “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez”.

La segunda vez es en 1 Corintios 14:20: “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar”.

La palabra traducida maduros es la misma palabra traducida perfecto en 1 Corintios 13:10. Esa palabra, como vemos, significa completo, adulto, desarrollado, o maduro.

(3) Entonces, Pablo está diciendo que “lo que es parcial – las profecías y la ciencia; será reemplazado por lo que es completo”.

El hacer inoperante lo que es parcial es en realidad el completamiento, la maduración, de aquello que es parcial. Él está diciendo que vendrá un tiempo cuando todas las revelaciones parciales no se necesitarán más porque Dios habrá dado una revelación completa. Dios le dará al hombre toda la revelación necesaria. La revelación parcial coleccionada habrá crecido y formado un estado de completamiento y madurez. Lo completo o perfecto lógicamente debe de ser de la misma clase que aquello que es parcial. La profecía y la ciencia completas o perfectas reemplazan a la profecía y a la ciencia parcial. Esto es exactamente lo que sucedió cuando se completó el Nuevo Testamento.

(4) La ilustración de Pablo en el verso 11 establece esta interpretación. Él dice que la perfección o la madurez es una condición que se alcanza por un proceso de crecimiento. Mientras uno crece en madurez las cosas de niño quedan a un lado (son hechas inoperantes). Debe de llegar el día cuando un hombre pueda decir, “yo he dejado a un lado permanentemente las cosas de niño”. Así ha sido en el asunto de las profecías y la ciencia: llegó el día en que Dios dijo, “He dado lo suficiente – la revelación es perfecta, desarrollada, madura, completa”.

(5) El versículo 12 del capítulo 13, presenta el único problema a esta interpretación. “Ahora vemos por espejo, oscuramente, mas entonces veremos cara a cara: ahora conozco en parte (literalmente, fuera de parte, i. e. una revelación aquí otra revelación allá, etc.), pero entonces conoceré como fui conocido”. Cuando Pablo dice “ahora conozco en parte” él usa la palabra corriente que significa conocer. Cuando él dice “entonces conoceré” él usa una palabra compuesta que indica que él está hablando de conocimiento pleno o perfecto.

Si no fuese por este versículo, todos tendrían que estar de acuerdo con la interpretación anterior. Hay muchos, sin embargo, que piensan que este versículo requiere que entendamos que “lo que es perfecto” se refiere al tiempo en que veremos a Cristo cara a cara – o sea el levantamiento de la iglesia. Admitimos que nuestra traducción Reina-Valera hace que uno  se incline hacia esa posición. Sin embargo, aun si “lo que es perfecto” se refiriese a la venida del Señor, todavía así las lenguas tendrían que cesar antes de esa venida porque las lenguas “cesan por sí solas” mientras que las profecías y la ciencia vendrán a ser hechas inoperantes en este caso por el levantamiento de la iglesia.

Debe notarse que esto significaría que si las lenguas aún no han cesado entonces el levantamiento de la iglesia no puede ser inminente hasta que las lenguas cesen.

Lo importante que debemos notar es que Pablo está aún discutiendo la comparativa insignificancia de la profecía y las lenguas. El entonces del verso 12 – “entonces veremos cara a cara” – no es el mismo tiempo que el entonces del verso 10 – “entonces lo que es en parte se acabará”. La verdad es que no hay entonces en el verso 10. El entonces que aparece en ese versículo fue suplido por los traductores.

El verso 10 solamente dice que lo parcial será reemplazado por lo que es completo. El verso 11 ilustra eso como un proceso de crecimiento. El verso 12 añade al argumento al enfatizar cuan temporal y cuan parcial son estos dones presentes. Pablo dice que es evidente que estos dones no son permanentes.

Aún cuando el creyente ha alcanzado un estado de madurez espiritual, ese no es su condición final. Vendrá el momento en que seremos glorificados y entonces “seremos semejantes a él, porque le veremos tal y como él es”. Ese es el estado perfecto – el estado final. Ahora, Pablo dice, aun con los dones de profecía y ciencia, nuestro conocimiento es incompleto. Pero vendrá un tiempo cuando veremos al Señor cara a cara. Entonces tendremos el perfecto conocimiento.

El conocimiento del verso 9 es parcial, el conocimiento del verso 10 es maduro, ¡el conocimiento del verso 12 es conocimiento perfecto o completo! El verso 12 se refiere al levantamiento de la iglesia pero el verso 10 no se refiere a ese evento.

Durante la edad apostólica toda la profecía y la ciencia era parcial. Al completarse el Nuevo Testamento, la profecía y el conocimiento fueron hechos inoperantes con la llegada de una revelación madura. Cuando seamos glorificados tendremos un conocimiento pleno. La clave para comprender este pasaje en el asunto de las lenguas es el notar esta progresión de parcial, a maduro, a pleno conocimiento.

(6) En el verso 13, Pablo concluye su argumento. Él dice, en efecto “ahora si usted está más interesado en aquellas cosas que son permanentes que en aquellas que son temporales, permítame sugerir estas tres: fe, esperanza y amor”.

El “ahora” usado en este versículo no es el mismo “ahora” usado en el versículo anterior. Las dos ocurrencias de la palabra “ahora” en el verso 12 son como adverbio temporal, el “ahora” en el verso 13 funciona en carácter lógico – “pero entonces” o “así pues”.

Cuando Pablo dice “estos tres” evidentemente él está trazando un marcado contraste con “aquellas tres”, profecías, lenguas y ciencia. Estas tres permanecen, ¡pero aquellas tres ni siquiera duran por este siglo! Durante aquel siglo las profecías y la ciencia serán hechas inoperantes por su “completamiento” o madurez. Las lenguas ya habrán cesado.

  1. La historia demuestra concluyentemente que las lenguas cesaron.

Durante la época de los Padres de la iglesia el don de lenguas no fue ejercido. No hay absolutamente ninguna mención al don de lenguas en los escritos de los padres de la iglesia. Clemente de Roma escribió a los Corintios en el año 95 D. C. y trató el asunto de la herencia espiritual de ellos sin mencionar ni una sola vez el asunto de las lenguas. Él aun los elogia por la unidad entre ellos. Por aquel tiempo ya las lenguas habían cesado. El verdadero don ya no es dado por Dios, y Pablo ha silenciado las pretensiones, mostrando que el don de lenguas era el menor de todos los dones y no una indicación de espiritualidad.

Ignacio, quien fue ejecutado en el año 116 D. C., escribió a los Efesios. (Recuerden que el don de lenguas fue practicado en Efeso durante la estancia de Pablo allí según Hechos 19.) Pero Ignacio no menciona el don de lenguas en su carta a los Efesios. Él también escribió a las iglesias en Magnesia, Tralles, Roma, Esmirna y Filadelfia sin mencionar las lenguas.

Policarpo escribió a los Filipenses, y no menciona el don de lenguas. La epístola de Bernabé, el Pastor de Hermas, la epístola a Diognetus, la Didache, los escritos de Papias – ninguno de estos menciona el don de lenguas, aunque en sus escritos ellos cubren todas las áreas de la teología cristiana. Todos estos escritores cristianos vivieron bastante cerca de la época del Nuevo Testamento.

Justino Mártir, quien fue ejecutado por el año 165 D. C., viajó extensamente por todo el imperio romano y escribió abundantemente sobre la doctrina cristiana, pero no menciona el don de lenguas tampoco.

Comenzando cerca del año 200 D. C. aparecieron algunas referencias extrabíblicas sobre el asunto de las lenguas. Estas referencias parecen haber sido reportes sobre las prácticas de los montanistas. Montano y sus seguidores fueron reconocidos por todos como herejes. La herejía de los montanistas era principalmente en la doctrina del Espíritu y envolvía un énfasis indebido sobre los dones milagrosos.

El testimonio de Crisóstomo es muy claro e interesante. Haciendo énfasis en el pasaje de 1 Corintios, él dice que “el sitio completo es muy oscuro” y entonces añade: “…pero la oscuridad es producida por nuestra ignorancia de la verdad a que se refiere y por su cesación, siendo tal y como ocurría antes, pero que ya no tiene lugar”. (Crisóstomo, Homilias, en 1 Corintios XXIV, I, citado por Cleon Rogers, Jr., en “El Don de Lenguas en el Período Post-Apostólico de la Iglesia” Biblioteca Sacra, 122:134-43, Abril 1965.) La declaración de Crisóstomo fue hecha por el año 400 D. C. (Subrayado por nosotros). Mucha de la información presentada en este trabajo la debemos a este artículo.

Es claro que las lenguas no eran un problema en la iglesia primitiva después que Pablo escribió su primera epístola a los Corintios. Las lenguas habían cesado por sí solas.

Conclusión: 1 Corintios 13 claramente enseña que las profecías y la ciencia serían hechas inoperantes por lo que es maduro o desarrollado. Esto no puede ser otra cosa que la Palabra de Dios, el Nuevo Testamento. Después que el Nuevo Testamento fue completado, por el año 96 D.C., los dones de profecía y ciencia no eran necesarios.

1 Corintios también enseña con claridad que cuando la profecía y la ciencia fuesen hechas inoperantes, las lenguas ya habrían cesado por sí solas. Ya hemos visto que debido a que las lenguas eran principalmente una señal para los judíos, éstas no tendrían ningún propósito después del año 70 D. C. Nuevamente debemos recordar que el don de lenguas no se menciona en ninguno de los libros del Nuevo Testamento escrito después del año 65 D. C., la última referencia fue hecha en el año 55 D. C.

Concluimos pues, que las lenguas cesaron por el año 70 D. C. y las profecías y la ciencia fueron hechas inoperantes por el año 96 D. C.

 

Limitaciones en el ejercicio del don de lenguas durante la edad apostólica

 

  1. El don de lenguas era comparativamente insignificante.

En la lista de los dones en 1 Corintios 12:4-10 y en 12:28-30 el don de lenguas es mencionado último. En la lista de los dones en Efesios 4 y en Romanos 12 ni siquiera se menciona. En ninguna otra epístola encontramos referencia alguna al don de lenguas, y aún en 1 Corintios es claramente empequeñecido.

  1. El don de lenguas nunca se pretendió que fuese para todos los creyentes – ni aún para todos los creyentes espirituales.

El texto griego demanda un “no” a la pregunta en 1 Corintios 12:30, que dice, “hablan todos en lenguas?” No tan solamente es verdad que todos no hablaban en lenguas, sino que es también verdad que no se esperaba que todos hablasen en lenguas. Este es el punto de toda la discusión en los versos 14-30. Cada miembro del cuerpo de Cristo tiene su propia función y no se espera que todos manifiesten el mismo don.

  1. El don de lenguas no era una indicación de madurez espiritual.

Todos sabemos que la iglesia que practicó el “don de lenguas” más que ninguna otra, fue una iglesia llena de niños en Cristo. “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo”.

En 1 Corintios 14:19-20 Pablo sugiere que esos que estaban enfatizando el hablar en lenguas estaban siendo niños en entendimiento. Él usa la misma palabra (niños) que usa en 1 Corintios 3:1.

  1. El don de lenguas debía usarse solamente delante de los incrédulos.

Pablo dice en 1 Corintios 14:19: “Pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento … que diez mil palabras en lengua desconocida”. La frase “en la iglesia” no significa dentro del edificio de la iglesia. Ellos no tenían templos en tiempo de Pablo. Esa expresión equivale a decir “entre los creyentes”. Cuando los escritores del Nuevo Testamento escribieron a una iglesia en una ciudad determinada, ellos no estaban escribiendo a los que se reunían en un edificio sino a los creyentes en aquella ciudad. Así que Pablo está diciendo que las lenguas no eran para ser usadas entre los creyentes. Estas eran para ser usadas entre los no creyentes, especialmente entre los judíos inconversos, para autenticar el mensaje del evangelio.

El don de evangelismo y las señales milagrosas fueron dadas para ser usadas entre los inconversos. Todos los otros dones espirituales eran para ser usados para la edificación de los creyentes. El verso 22 específicamente declara que el don de lenguas era para ser usado con los inconversos – no con los creyentes.

Así que las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos.

La declaración de Pablo en 1 Corintios 14:18 armoniza perfectamente con esta explicación del don de lenguas. Como evangelista, Pablo viajó entre una gran diversidad de extranjeros. Si alguno necesitó el don de lenguas, ese fue sin dudas el Apóstol Pablo. Su costumbre fue entrar primeramente en las sinagogas de los judíos y predicarles allí (Hechos 17:2). Ya que el don de lenguas era principalmente una señal para los judíos incrédulos, ocasiones como esas presentaban circunstancias ideales para el ejercicio de ese don. No debe sorprendernos, entonces, que Pablo dice, “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros” (1 Co. 14:18). Los que estaban en Corinto naturalmente tenían menor necesidad que Pablo para el ejercicio del don de lenguas. También debemos recordar que Pablo era una persona singular, era un Apóstol “nacido fuera de tiempo”, a él fueron dadas especialmente las “señales de un Apóstol” para autenticar su apostolado.

En 1 Corintios 14:12 Pablo exhorta a los Corintios a procurar sobresalir en la edificación de la iglesia en lugar de ser celosos solamente en el ejercicio de los dones espirituales.

  1. El don de lenguas no fue dado con el propósito de la edificación personal.

Algunos han admitido que las lenguas no deben de usarse entre los creyentes, pero entonces añaden que deben de usarse privadamente. Las Escrituras, sin embargo, no apoyan tal conclusión. El versículo comúnmente sugerido para recomendar el uso privado del don de lenguas es 1 Corintios 14:4: “El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica”.

Hay dos maneras en que ese versículo puede ser interpretado en armonía con el resto de la Palabra de Dios en este asunto. Primeramente, puede tomarse como un ejemplo de ironía paulina. El Apóstol puede estar diciendo que el que habla en lenguas sin un traductor se está edificando o exaltando a sí mismo. Esta es una característica del movimiento moderno de lenguas el cual visualiza el hablar en lenguas como una señal de adquisición espiritual especial. Si alguien está solamente “edificándose a sí mismo” en este sentido, es evidente que no está edificando la iglesia – el cuerpo de Cristo.

Es posible también que Pablo esté diciendo que el que habla en lenguas se está edificando a sí mismo en un sentido correcto. Hubiese sido de grande ayuda para un creyente el saber que Dios le está usando de manera milagrosa.

Sería edificante en este sentido ver evidencias de algún don espiritual en nuestras vidas. Por eso es que Pablo pudo decir, “Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas” (1 Co. 14:5). Él se alegraba al ver en ellos algún interés en asuntos espirituales así como cualquier evidencia de la obra del Espíritu Santo en sus vidas. Pablo inmediatamente añadió que él prefería que ellos sobresaliesen en cualquiera de los otros dones más importantes, tal como el don de profecías.

Lo importante que debe notarse, no obstante, es que ninguno de los dones espirituales fue dado con el propósito de la edificación propia.

Pero la manifestación del Espíritu es dada a cada uno para el bien común (1 Co. 12:7, véase el texto griego). El propósito de los dones espirituales es explicado en Efesios 4:12, “… a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”.

Es alentador para un pastor ver a su rebaño creciendo en la gracia. Es alentador para un evangelista ver grandes números de personas salvadas. Pero los dones no fueron dados con el propósito de alentar o edificar a los que los recibían. Los dones espirituales fueron dados con el propósito de edificar el cuerpo de Cristo.

De igual manera, el don de lenguas no fue dado para la edificación propia – aunque uno sería “edificado” al saber que Dios le ha usado. El don de evangelismo y el don de lenguas fueron dados con el propósito de añadir “miembros” al cuerpo. Los otros dones alimentan esos “miembros” para que haya salud y crecimiento continuo en el Cuerpo.

Debe notarse bajo este tópico que el Nuevo Testamento en ningún lugar aprueba el orar en lenguas. El único lugar donde se menciona el orar en lenguas es en 1 Corintios 14:14-17. En ese pasaje Pablo dice que el orar en una lengua extraña es una experiencia infructífera. (Como veremos más adelante, una experiencia infructífera no es de Dios – ya que Dios tiene un propósito en todo lo que él hace y no es autor de confusión.) Es mucho mejor, él dice, orar, cantar y hablar en una lengua que sea entendida para que el entendimiento sea nutrido – edificado. La única manera de crecer en la gracia y en conocimiento es por medio de la “renovación de nuestras mentes” (Ro. 12:2).

  1. El hablar en lenguas era dañino si no era traducido.

Es evidente que discursos en lenguas extrañas que no eran traducidos no tenían ningún valor positivo y por lo tanto eran fútiles. Pero no solamente era fútil, sino que también era dañino a la iglesia. Era dañino ya que removía el énfasis de aquellas cosas que eran edificantes a la iglesia y también porque en realidad dañaban el testimonio de la iglesia.

La iglesia no había sido edificada por el hablar en lenguas que no eran traducidas – en realidad, la iglesia podía escuchar las palabras de un bárbaro con el mismo interés con que podía escuchar a uno hablar en una lengua extraña que no era traducida (1 Co. 14:11). Los inconversos podrían pensar que un grupo de personas actuando de esa manera eran maniacos (1 Co. 14:23). Este hubiese sido un efecto completamente opuesto al propósito con que el don de lenguas en realidad fue dado.

En 1 Corintios 3:17, Pablo dice: “Si alguno destruyere el templo de Dios (hablando de la asamblea local de los creyentes) Dios le destruirá a él…”

En el capítulo 14, entonces, cuando Pablo dice que ellos estaban dañando la iglesia y el testimonio de ésta, eso equivale a decir que ellos estaban “destruyendo” el trabajo de la iglesia. Consecuentemente, el que hablaba en lenguas sin intérprete estaba “destruyendo” en lugar de edificar. Tal persona, dice Pablo, se ha puesto bajo la mano del juicio de Dios (1 Co. 3:17).

En 1 Corintios 14:28 el asunto es concluido con claridad, “y si no hay intérprete (traductor), calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios”.

  1. Solamente tres personas debían de hablar en lenguas cuando la iglesia se reunía.

No es necesario elaborar este punto ya que la Biblia claramente lo dice. El Apóstol hubiese preferido que el número de los que hablasen en lenguas fuese limitados a dos. “Si habla alguno en lengua extraña sea esto por dos, o lo más tres…” (1 Co. 14:7).

  1. Cuando el don de lenguas era legítimamente practicado una sola persona hablaba.

Cuando las limitaciones para el ejercicio del don de lenguas son dadas, Pablo dice que debe de ser “por turno” (1 Co. 14:27). La palabra usada por el Apóstol significa “uno detrás del otro, en sucesión”. Alguno traducía “de uno en fondo” o “por turno”. En todas estas traducciones el significado es claro – solamente uno debía hablar en un tiempo mientras los demás escuchaban.

  1. Las mujeres no debían hablar en lenguas en las iglesias.

En las asambleas de los creyentes, las mujeres eran enseñadas a guardar silencio, como se revela en 1 Corintios 14:34: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones”. Hay otros pasajes donde se usa una terminología similar (1 Ti. 2:11-12). Aunque es evidente que estas declaraciones comprenden muchas otras áreas no incluidas en este escrito, es evidente que las lenguas es una de las áreas enfatizadas. Bajo el punto 5 vimos que el don de lenguas no era para ser usado privadamente por los hombres o las mujeres. Bajo el punto 4 vimos que ese don era para ser ejercitado en una asamblea de creyentes solamente cuando hubiesen inconversos presente. Ahora Pablo añade que aun así el don debe de ser ejercitado solamente por los hombres. Esto significa que aún durante la edad apostólica, las ocasiones cuando las mujeres podían legítimamente ejercer el don de lenguas eran muy pocas. La obra misionera personal era una de las pocas actividades que hubiese llenado esos requisitos.

  1. El don de lenguas no tenía nada que ver con el bautismo del Espíritu Santo.

Todos los creyentes reciben el bautismo del Espíritu Santo. “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Co. 12:13).

Debido a que el bautismo del Espíritu Santo coloca al creyente en el cuerpo de Cristo, y debido a que todos los creyentes han sido bautizados por el Espíritu, es evidente que este bautismo ocurre en el momento de la salvación. Si fuese en cualquier otro momento, no podría decirse que todos han sido bautizados.

Algunos han enseñado que una persona no ha recibido el Espíritu Santo hasta que no haya hablado en lenguas. Esto no es lo que la Palabra de Dios dice. En el mismo capítulo en que se nos dice que todos son bautizados por el Espíritu Santo, también se nos dice que no todos hablan en lenguas, ni se espera que sea así (véase punto dos).

  1. El don de lenguas no estaba relacionado con el ser llenos del Espíritu Santo.

Los resultados de ser llenos con el Espíritu Santo son claramente dados en las Escrituras. Ellos incluyen hablar con salmos, con himnos y cánticos espirituales – pero no dice nada con respecto a lenguas (Ef. 5:19).

La única vez que el ser lleno del Espíritu es mencionado juntamente con hablar en lenguas es en Hechos 2:4: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas…”

Como puede verse fácilmente, aún en el texto en español, no hay conexión causal. Ellos no fueron “llenos del Espíritu Santo para que comenzasen a hablar en otras lenguas”. Ellos fueron llenos y comenzaron a hablar.

Muchos siervos de Dios, tanto en los tiempos bíblicos como posteriormente, han sido llenos del Espíritu Santo sin haber hablado en lenguas.

Hablar en lenguas no era ni es necesario para indicar el ser lleno del Espíritu Santo. “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…” (Gá. 5:22-23).

El hablar en lenguas no aparece en esa lista.

Ser “lleno del Espíritu” es simplemente ser “espiritual”. No tiene relación con el hablar en lenguas. La verdad es que cuando Pablo escribió a los que hablaban en lenguas en Corinto les dijo que él no podía hablarles como a espirituales (1 Co. 3:1).

  1. Cualquier desorden por parte de los que hablaban en lenguas probaba que el mensaje no era de Dios.

Si en el ejercicio del don de lenguas, las restricciones dadas en la Palabra de Dios no son observadas, entonces eso prueba que el mensaje no procede de Dios. “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos” (1 Co. 14:33).

Esta es una indicación de que Pablo sabía que no todas las actividades de hablar en lenguas ocurridas en Corinto eran de Dios, pero el Apóstol había sido muy gentil con ellos. Aunque Pablo sabía desde el principio que la conducta desordenada de los Corintios no era de Dios, él no los degradó, ni tomó una actitud negativa hacia ellos. Al contrario, Pablo les dio reglas positivas y principios por los cuales ellos podían examinarse a sí mismo y poder discernir que ellos estaban usando mal el don. Pablo fue gentil con los Corintios como lo fue con los Tesalonicenses “como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos” (1 Ts. 2:7).

Como conclusión a este tema sobre las lenguas el Espíritu Santo añade, “pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Co. 14:40). Cuando este principio es ignorado, el mensaje no puede ser de Dios porque “Dios no es el autor de confusión”.

El tratamiento de este asunto ha sido limitado lo más posible a la exégesis bíblica. Con toda sinceridad, sin embargo, creemos que es inconcebible que el Espíritu Santo pondría restricciones sobre el uso del don de lenguas en su Palabra inspirada y entonces ponga su sello de aprobación sobre aquellos que ignoran esas restricciones ahora en el siglo veinte.

 

Notas concluyentes

 

En la base de la evidencia bíblica, hemos concluido que las lenguas han cesado. Estamos convencidos de que cualquiera que esté dispuesto a aceptar la Palabra de Dios como su única fuente de doctrina llegará a la misma conclusión.

Por consiguiente estamos convencidos que el movimiento moderno de lenguas no es de Dios. Esto no quiere decir que todos los que al presente hablan las lenguas no son sinceros. En su mayoría son personas con almas hambrientas debido a la mortandad espiritual de las iglesias existentes y la superficialidad del cristianismo moderno. Ellos están buscando algo mejor. El problema es que ellos ignoran los medios divinos de mantener una relación vital con Cristo y en cambio usan los medios antibíblicos de la experiencia emocional.

Las lenguas, aun cuando eran legítimamente ejercitadas, no eran veredas hacia la espiritualidad. La manera divina para la propia relación espiritual incluye confesión de pecado, oración y estudio bíblico. Es peligroso ignorar estos medios divinos en favor de cualquier experiencia emocional – no importa qué tan excitante sea esa experiencia.

Es una verdad reconocida que el movimiento que enfatiza el don de lenguas ha ignorado esos medios divinos. Es justo añadir que desafortunadamente la mayoría de los cristianos “ortodoxos” han ignorado de igual manera esos medios divinos.

La mayor parte del “hablar en lenguas” en el presente consiste en la repetición de una jerigonza sin sentido alguno. No es una lengua sino una experiencia estática que adorna un desenlace emocional y eleva el ego. Como tal es peligrosa, tanto psicológica como espiritualmente.

Pero hay algo mucho más peligroso aún. Esto es glossolália (hablar en lenguas) demoniaca. Que hay tal cosa como hablar en lenguas diabólico no puede ser negado. Los oráculos de los griegos paganos, los budistas, mahometanos, hindúes, judíos, cristianos, y “cristianos” han “hablado en lenguas”.

(Los cristianos, por supuesto, tienen la ventaja de las manifestaciones de hablar en lenguas debido a la herencia de Pentecostés.) Parte de esto es claramente diabólico. Isaías 8:19 hace referencia a los demonios que “susurran” y “hablan” al controlar las cuerdas vocales de aquellos a través de quienes ellos se expresan. Hay varios relatos en los evangelios que mencionan demonios hablando por medio de las cuerdas vocales de aquellos a quienes los demonios habitaban (véanse como ejemplos Mateo 9, Marcos 5, Lucas 4 y 8). En estos últimos días esperamos ver un avivamiento progresivo de tal actividad como anticipación de la revelación del Hombre de Pecado, ese Maligno, “cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Ts. 2:9-10).

Hay siempre quienes aconsejan, “La Escritura dice, ‘no prohibáis el hablar en lenguas”. Nosotros respondemos recordando a los estudiantes de la Biblia que esa declaración fue hecha en el año 55 D. C. mientras el don legítimo aún estaba siendo practicado. Aun así Pablo reconoció que parte del hablar en lenguas de aquellos días no era de Dios. Nosotros no estamos, entonces, “prohibiendo el hablar en lenguas”, nosotros estamos rogando, “no seas descarriados hacia una invitación emocional o diabólica, porque la Palabra de Dios indica que el verdadero don de lenguas ha cesado”.

Ya que casi todos los puntos en nuestro argumento han sido tomados directamente de las palabras inspiradas escritas por Pablo, en su primera epístola a los Corintios, concluimos con esta apelación, “Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Co. 14:37).

La marca del hombre espiritual, dice Pablo, es su aceptación de la Palabra de Dios.

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